La gran batalla arancelaria declarada por el magnate Donald Trump, ha convulsionado el mundo occidental, tanto por la forma de imponer sus caprichos, como por los cambios estructurales que trae el modelo económico que ha emergido de su residencia de Mar-a-Lago en el Estado de Florida. La novedosa arma que utiliza, es la aplicación de aranceles a las importaciones a USA, que encarecen el producto importado del país sancionado, restando capacidad de competir frente a otros países y por consiguiente reduciendo sus importaciones. En los casos en que ese producto se produzca en Norteamérica, este encarecimiento beneficiaría a estos fabricantes. La estrategia ha resultado altamente efectiva para doblegar a los países en la mira de Trump, quien no ha dudado en poner hasta 100% en casos extremos a países poderosos como China o Rusia.
La atención del mundo entero ha estado sobre este singular presidente durante todo el primer año de su gobierno. Es un personaje muy particular. Tiene más de hombre de negocios que de político, es pragmático, de derecha extrema, busca resultados espectaculares y rápidos, ejerce el egocentrismo sin límite, espera reconocimiento por los “nunca antes vistos” resultados que pregona personalmente ante las cámaras que habitan con él y minimiza a cualquier oponente o quien le haga sombra. La oposición demócrata se siente impotente y bloqueada por la débil mayoría de los republicanos. El poder judicial tiene en sus cabezas una mayoría de tendencia republicana. Las fuerzas armadas obedecen directamente a él y se sienten totalmente respaldadas con este presidente que quiere retener el título de la más poderosa fuerza militar de la historia.
Pero la historia cambió cuando comunicó al Canadá sus intenciones de que serán el Estado número 51 de la Federación, bajando a Mark Carney a “Gobernador” (si fuera un Estado) en lugar de Primer Ministro como lo es al momento. A pesar de mantener un acuerdo comercial conjuntamente con México y Canadá, y haber sido los más cercanos e incondicionales socios estratégicos, dictaminó lo que pretendía, amenazándole con imponer fuertes aranceles, de no cumplir con su voluntad. Para su mala suerte, el Primer Ministro es un experimentado banquero, liberal, con carácter y temple, desde marzo 2025. Mantuvieron reuniones en la Casa Blanca para buscar soluciones consensuadas, pero solo recibió más imposiciones. No cesaban las presiones de anexar Canadá a USA.
Demostrando mucha serenidad y autocontrol, sin ofender a los norteamericanos ni su presidente, sin responder a las destempladas imposiciones, Carney inició acercamientos con China, Europa, México y otros países a los que consideraba estratégicos. Para sorpresa de todos, acaba de suscribir acuerdos para colocar sus productos como trigo, tierras raras, madera, petróleo pesado, con aquellos países que también buscan otros destinos para sus productos, sin depender de la inestabilidad que genera Trump. Dice no estar negociando con su país vecino sino “terminando” las relaciones. Decidió potenciar sus fortalezas como agua almacenada en gigantescos lagos (20% de las reservas mundiales), petróleo pesado, madera para construcción, electricidad, trigo y más que ya no van a USA. Impuso tarifas retaliatorias a la gran cantidad de energía eléctrica de la que depende el norte de USA. Puede bloquear la cadena de suministros de la industria automotriz asentada en Detroit, Michigan. Donald no se dio cuenta de esto y al enterarse, no había nada que pueda hacer para detenerlo. Ha encontrado su “coteja” quien utiliza otros métodos para dar solución a los problemas, sin amilanarse, con firmeza, mirando hacia el futuro. Mark dice que las economías de tamaño mediano deben unirse para hacer contrapeso al país más poderoso del mundo, que ha perdido la confiabilidad por su presidente.
¡MARK vs. DONALD!