Fue un domingo
La mujer muerta se llamaba Abigaíl, lo supe después por su necrológica en el diario. Fue un domingo, un domingo cualquiera de esos que papá,
La mujer muerta se llamaba Abigaíl, lo supe después por su necrológica en el diario. Fue un domingo, un domingo cualquiera de esos que papá,
Mi primo Pablo se ha muerto. ¡Qué pendejada, cómo se va a haber muerto el Pablo!, es mi respuesta, sorprendida, adolorida. -Ha muerto en su
La soledad de aquella ardilla era sobrecogedora. No era normal en un bosque donde todos tenían familia y amigos. Iba sola, siempre sola, y cuando
Un mensaje de WhatsApp me recuerda que han pasado 50 años desde el día en que me gradué de bachiller. Un mensaje de WhatsApp, casi
Justamente cuando me había quedado sin palabras, me llama Raúl. –No me ha mandado su artículo –me dice. Justamente cuando estoy lejos, y ya empiezo
En Latacunga había un Monseñor. Usaba una larga sotana negra con ribetes, fajines y botones de color fucsia que se abotonaban interminables desde el cuello
“Tráeme las pastillas que están sobre el velador”, dijo papá a la hora del almuerzo. Sentí su orden como una daga helada. Con 10 años
Tan pronto empecé a trabajar en la profesión que había elegido, supe que me había equivocado, que nunca debí estudiar Jurisprudencia, que su ejercicio era
Cuando escribo algún texto que mis hijas consideran que vale la pena, suelen “felicitarme” con una máxima que pobló mi vida escolar: “Tonta no es,
No quiero envejecer, pero envejezco. No quiero bajar los brazos, pero me pesan. Me impongo desafíos para avanzar, pero a ratos el corazón me falla…