Condecoraciones y más…

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En una escena muy divertida de la película “Su Excelencia”, protagonizada por el gran Mario Moreno, “Cantinflas”, caricaturiza -y pone de manifiesto, la forma ligera, exagerada y sin límites-, el otorgamiento de las condecoraciones que, recíprocamente, se dan entre las altas personalidades de los gobiernos. Se llega al límite de la ridiculez cuando la persona condecorada, palabras más palabras menos, dice:

“gracias excelencia, esa presea ya la tengo, mejor deme esa otra medaIlita”. Solo un genio, puede llegar a interpretar una cruda realidad que raya en la frivolidad, propia de mentes simplonas.

Condecoración, según la RAE, significa una “distinción, premio, galardón, recompensa”. La sola definición hace notar su verdadero alcance e importancia. Implica mirar con especial consideración a una persona, reconocer sus méritos, otorgar una retribución por servicios prestados; implica también homenajear una vida dedicada al servicio de los más caros intereses nacionales. En fin, no es dable ni ética ni moralmente conceder a cualquier persona este tipo de homenajes. La generalidad de nuestras autoridades, por lo contrario, han degradado unos y exagerado otros en la concesión de este tipo de reconocimientos: “cualquiera es un señor” para ellos, como menciona el tango “Cambalache”, de Enrique Santo Discépolo.

Correa tuvo la desfachatez de colocar en la sede de la UNASUR la estatua de Néstor Kirchner, sólo por consideraciones políticas e ideológicas; similar actitud la mantuvo Rivadeneira, al otorgar en el 2016 la altísima condecoración “Manuela Sáenz” a Fernández de Kirchner, a nombre de la Asamblea Nacional. ¡Qué vergüenza! Ambos ni de lejos tenían los méritos y las capacidades suficientes, para hacerse acreedores a las mismas.

Todo lo contrario, ostentaban antecedentes reñidos con la ley. La estatua y la condecoración a este dúo de politiqueros argentinos, obviamente, fueron retiradas por presión ciudadana.

El Concejo Metropolitano de la ciudad de Quito, en sesión del martes 30 de abril, ha resuelto retirar la Condecoración Gran Collar Sebastián de Benalcázar, que le fuera conferida al ex contralor de la Nación, Carlos Polit Faggioni, durante la administración del alcalde Barrera, en el año 2012. Esta medida la adoptaron en vista de que se lo encontró responsable por sus actuaciones delictuales en los Estados Unidos de América, cuyos dineros mal habidos, fruto de haber recibido ingentes sobornos, trataron de ser “lavados” en el sistema financiero de dicho país, propio del vivaracho.

Los reconocimientos y las condecoraciones, deben hacerse de manera responsable, con sentido de Patria, alejados de sentimientos interesados; procede se concreten en favor del ciudadano por sus méritos, o al termino de funciones públicas realizadas con esmero y dedicación impecables, y no como una suerte de esbirrismo, para ganarse voluntades, o para que funcionarios -como Pólit- se hagan de la vista gorda, enervando glosas, evitando sanciones administrativas e incluso otras con indicios de responsabilidad penal. Esa clase de condecoraciones no valen nada, y tampoco son reconocidas por la sociedad.

Otros países son muy severos al tiempo de otorgar reconocimientos. Esa es la pequeña gran diferencia entre los políticos que actúan de manera sobria, con valores y sujetándose a la ley, frente a los que lo hacen de forma torcida, truculenta y de agache. Hay que estar muy pendientes a evitar que estos comportamientos se repitan pues afecta a la imagen de la República.

Publicado en La Gaceta el 03 de mayo de 2024. Link no disponible.

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