Milei en Davos

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Como nunca, un evento internacional ha causado tan variados comentarios y reacciones: se trata del Foro Económico Mundial (FEM). Reúne a líderes empresariales, políticos, intelectuales y personajes de élite para examinar los problemas más sensibles que aquejan a la humanidad; empezó a ocuparse de varias cuestiones de interés a partir de 1971, conocido como el Foro de Davos (Suiza). A esta cumbre mundial concurrió el presidente de la república argentina, Javier Milei.

Titular en redes sociales destacaba: “Milei rompe los esquemas en Davos con una magistral oda al capitalismo”. Para algunos de sus detractores el discurso que pregona la libertad, como base de su ideario, no es auténtico, porque -dicen-, todos queremos libertad; más, una cosa es hablar de libertad dentro del esquema democrático y otro muy distinto es en el sistema socialista y comunista: en estos últimos regímenes, este derecho o no existe o es severamente restringido.

En España, El País lo catalogó como “la gran estrella” del foro de este año; fue “recibido con entusiasmo”. ABC tituló: “Milei alerta de que occidente está en peligro, debido a los “experimentos colectivistas”, destacando “la tendencia de los líderes mundiales de abrazar el socialismo que lleva a la pobreza”. Se ha comprobado que, durante los regímenes socialistas y comunistas, a más de su fracaso, murieron millones de personas, como parte de sus políticas para imponer esta ideología perversa y fracasada que, por fortuna, desapareció en 1989 fruto de la caída del muro de Berlín.

Lejos de realizar un examen doctrinario, ideológico o político de las distintas posturas en Davos, parecería que la presentación del presidente argentino, debe invitar a los dirigentes mundiales a reflexionar profundamente acerca del rol objetivo y práctico en la búsqueda del mejor camino para enfrentar y resolver los problemas mayúsculos que aquejan a la sociedad actual. No se puede dejar de atender a los temas como la migración, la pobreza extrema, la marginalidad, cuyo extremismo político los alienta.

Este propósito, de suyo complejo, obviamente debe basarse en principios básicos para ofrecer a la gente un mejor camino, un cambio profundo, teniendo como base a la familia como núcleo de la sociedad, la libertad personal, el libre emprendimiento, atención a los derechos básicos de salud, seguridad y educación. Para ello bien vale recordar el pensamiento de Octavio Paz, que dijo: “Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo al cambio”.

Como no hay profeta en su propia tierra, los adversarios de su país se dieron gusto calificando la intervención de Milei como “lisérgica” (relativa al consumo de alucinógenos), como “vergonzoso”, un “papelón”, de “otra galaxia”, una “antigüedad”. Era de esperarse, puesto que los argentinos no terminan por entender y asimilar que la situación de la economía -que dejaron los populistas forjadores del asistencialismo estatal-, requería de urgencia la puesta en práctica de un sistema que corrijan las distorsiones que crearon y mantuvieron durante muchos años. En consecuencia, debería apostarse por el ansiado cambio para vivir en un mundo con armonía y equilibrio social.

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