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Estamos a pocas horas de dar por terminado este año, que nos ha dejado angustias e insatisfacciones. A momentos, sentimos que no había salida. Lo cierto es que lo pasado, se queda en el pasado, aunque muchas de estas adversidades han dejado huella y daños que demorarán en reponerse. Debemos tomar el tiempo que queda, para hacer un balance de “daños” y colocarlos en nuestro plan de acción para el nuevo año. Concluida la tarea, bien podemos despedir los malos recuerdos, quemando el monigote con nuestro personaje preferido que se asocie con ellos. Hagamos entonces, un bosquejo de lo que podemos desechar.

Seguramente lidera las preocupaciones vividas, la ola de violencia que asoló nuestro territorio, especialmente la zona costera y las inmediaciones de los puertos marítimos, con ejecuciones dantescas que nos identificaron como el país más inseguro en el mundo. Paralelamente, arrastrábamos un destacado y vergonzoso puesto de liderazgo como puerto de embarque de alcaloides originarios en nuestros países vecinos, que lograron relativo control de exportaciones desde su territorio, empujando a los” exportadores” hacia nuestros puertos, pistas clandestinas y costas abiertas a la ilegal navegación.

Otro drama que nos afligió son los problemas en el sector de salud. La incubación de estos se remonta al inicio de la era petrolera, en 1972, cuando despertamos con aires de millonarios, pensando que no sabríamos qué hacer con tanto dinero. Los modelos existentes, tanto el público como el IESS, son insostenibles. Más aún, el populismo y la demagogia los han condenado al desastre, sin que los llamados a corregir tremendas falencias tomen acciones, como corresponde. Las consecuencias fueron escasez de medicinas, profesionales y equipamiento, todo lo cual redunda en perjuicio de los usuarios, que aumentan a diario.

Un tercer frente que nos preocupó, agravado por la secuela de la pandemia, es la falta de empleo, que conlleva la recesión económica, cuyos efectos se vieron acumulados entre los años 2020 y 2023. Por otro extremo, la monopolización de los sectores “estratégicos”, como es la generación eléctrica, produce nefastas consecuencias que vivimos, que no puede resolver el sector público ni permite la inversión privada. La falta de un Código laboral adaptado al siglo XXI, impide generar empleo desde hace casi 90 años. Finalmente, la proximidad de la nueva elección, apenas a 18 meses de la anterior, ha limitado la posibilidad de resolver los grandes problemas, de forma definitiva.

Con este inventario de causales, es posible construir una lista de objetivos estratégicos para el nuevo año. Podemos empezar ejerciendo nuestros Derechos ciudadanos cuestionando la veracidad y validez de las ilimitadas propuestas de campaña. ¿Qué proponen los candidatos concretamente sobre salud, IESS, violencia y narco tráfico, inversión privada, política laboral, sectores estratégicos, generación de empleo, competitividad, obra pública?

Para salir del estancamiento que hemos vivido por cuatro décadas, debemos buscar un PACTO SOCIAL que defina soluciones a corto, mediano y largo plazo para resolver los problemas reales que agobian a los ecuatorianos, independientemente de quien gobierne, como ha ocurrido en países vecinos, con éxito. Estamos a tiempo de corregir estas falencias, haciendo uso responsable de nuestro voto para impedir el paso a quienes tiene planes ambiciosos para tomar el poder con fines protervos inaceptables. Somos dueños de nuestro futuro y responsables de nuestro pasado. Los ciudadanos debemos rebelarnos, activar nuestros derechos de participación ciudadana y cambiar el rumbo de la historia. No esperemos más para poner un alto a la demagogia y populismo. Empecemos el nuevo año con acciones claras en defensa de la Patria. Empuñemos el voto como arma legítima en democracia, para tomar decisiones. Si se puede.

¡FELIZ AÑO COMPATRIOTAS!

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