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Cuando el etéreo vislumbró el cosmos y la naturaleza nos mostró la vida, la ciencia contrastó con lo divino y comenzó la vida a enseñarnos. Desde entonces, enseñar ha significado mucho más que transmitir información: implica instruir, guiar, mostrar, educar y señalar. Enseñar es la capacidad humana de transformar la ignorancia y la oscuridad en verdad y luz. Este proceso exige a nuestros sentidos y nos permite ver, oír, gustar, sentir y, sobre todo, abrirnos al conocimiento, la comprensión, el aprendizaje y la demostración. En esencia, quien enseña, también aprende.

A lo largo del tiempo han existido diversos modelos de enseñanza, habilidades propias de quienes enseñan, herramientas para instruir, tecnologías para expandir el saber y métodos para evaluar. Sin embargo, la pasión, el afecto y la dedicación de quienes enseñan no pueden ser reemplazados por el avance de la inteligencia artificial, la cual hoy se presenta como una opción más entre muchas.

Por esa motivación y entrega, en cada país se busca honrar a los maestros con una fecha especial. En Ecuador, el 13 de abril fue designado como Día del Maestro por decreto ejecutivo del presidente Baquerizo Moreno en 1920, reconociendo así la importancia de quienes dedican su vida a enseñar.

El profesor universitario es un verdadero maestro del saber, humilde servidor del entendimiento y orgullo de los logros alcanzados. Se trata de una persona formada, competitiva consigo misma y exigente en sus procesos, que aspira a que las nuevas generaciones superen sus propias fronteras. Busca que los valores y principios aprendidos sean la base para construir conocimiento y alcanzar metas personales y colectivas para el bien de la nación.

Jean Piaget, (1896-1980), biólogo suizo y maestro universal, pionero de la psicología evolutiva, decía:” el aprendizaje se produce mediante un proceso de adaptación que incluye dos mecanismos esenciales: la asimilación y la acomodación”. Esta concepción del aprendizaje se basaba en los principios de la lógica, que para Piaget “comienza antes del aprendizaje del lenguaje y que va enriqueciéndose con el contacto sensorial y motriz y del medio ambiente”. Posteriormente este postulado se tradujo en conocer, comprender, analizar, sintetizar y dar un juicio de valor, sustento del razonamiento lógico.

Otro personaje como Vygotsky, Bielorrusia (1896-19349), en cambio lo entendía cono el ensamblaje de la relación práctica y el pensamiento simbólico del niño. Debe ser importante, primero el entender la psicología simbólica del niño. Sostenía, que el aprendizaje y el desarrollo cognitivo son procesos sociales, moldeados por la cultura y la interacción con otros, en lugar de ser meramente individual. Es decir, el educar comienza con el aporte genético de los padres, la formación del niño, el medio y el proceso vertical y horizontal pedagógico, metodológico.

Si revisamos a otros autores, todos quieren dar un sentido pedagógico particular, muchos tomando en consideración su origen geográfico y de desarrollo social, sin embargo, en latino américa los Hnos. Zubiria de origen colombiano, proponían su teoría, que contiene un aporte propositivo, por ser proactivo y constructivo para la vida. De esta manera se estaría formando no solo el talento y las emociones, basándose en la pedagogía conceptual de formar personas felices, competentes y éticas, enfocándose en el desarrollo cognitivo, afectivo y expresivo en lugar de la simple memorización.

Actualmente, las varias teorías han enriquecido el concepto de enseñanza – aprendizaje, existe una educación más práctica y efectiva para una vida social y de motivación, con el aporte, no sé si para mejor o peor, de la IA, que será una ayuda no un remplazo, ya que nunca podrá aportar con el pensamiento, el sentimiento y la conciencia del ser humano. No podemos olvidarnos del maestro, aquel que profundiza el conocimiento para poder trasmitir, guiar y educar. Para llevar a cabo esta misión, debe tener amor, pasión, constancia y cargar el reto de la verdad, honestidad y sacrificio.

El docente ha debido enfrentar limitaciones de tiempo, poder, recursos y la incomprensión del entorno. La memoria histórica recuerda a muchos maestros de la patria, algunos protagonistas de hechos duros y otros de anécdotas hoy curiosas, como en la época de formación de la Universidad Central del Ecuador, en el siglo pasado, cuando las profesoras en escuelas de enfermería y obstetricia debían ser solteras y, por tanto, vírgenes. Hoy, la universidad es una institución de educación superior dedicada a la enseñanza, la investigación y la formación académica; una comunidad de profesores y alumnos comprometidos con enseñar y aprender todos los saberes, como afirmaba Cicerón: “es el universo”.

Como todo universo, la academia no está exenta de aspectos negativos. Es necesario seleccionar cuidadosamente los atributos de quienes enseñan. Sin ánimo de hacer interpretaciones políticas o doctrinarias, pero recogiendo enseñanzas ya escritas, los antiguos testamentos advertían de los falsos profetas. Por ello, la universidad debe ser libre y equitativa, respetuosa de la democracia y estar al servicio de la sociedad, manteniendo siempre el buen nombre de su academia.

Enseñar no es simplemente guiar sin sentido, sino un valor intrínseco que se realiza con amor y se pone al servicio de quienes lo necesitan. Debe hacerse siempre pensando en la universalidad, la verdad académica, la integridad moral y la responsabilidad en la formación de quienes aprenden.

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