A la ahora ciudad de Latacunga, desde tiempos de la colonia, han llegado varias y numerosas personalidades, nacionales, americanas y europeas que por diferentes razones vieron en la vieja Tacunga, un lugar para visitarla eventualmente como para tenerla en calidad de estancia temporal o vivirla y disfrutarla de por vida.
La cercanía a San Francisco de Quito, hizo de Latacunga un sitio estratégico, tanto para lo cultural como para la política, sin dejar de mencionar que sus obrajes atrajeron a numerosos grupos familiares que aquí residieron por muchos años, es decir, que lo social fue también preponderante en la migración durante los siglos coloniales y republicanos.
Los marquesados aquí instalados en la colonia, hicieron de esta ciudad un espacio de atracción comercial, económico y social, aquí los Marqueses de Miraflores, de Maenza, como lo de Villa Orellana o los de Trastamara, en espacios de tiempo importantes, residieron y dieron trabajo a numerosos tacungueños, la producción obrajera tenía fama en América, así nos lo dicen las publicaciones que sobre la Economía Política se han podido evidenciar por muchos años y que son parte vital de nuestra bibliografía local y provincial.
Pues bien, justamente en épocas de la Colonia algunos personajes de la política de nuestra Real Audiencia, tuvieron que pasar por Latacunga para llegar a un destino como fue Quito por ejemplo; el mismo Fernando Félix Sánchez de Orellana, que a sus 30 años de edad Presidió nuestra Real Audiencia en 1745, fue el imán del movimiento político de aquellos años y lógicamente Latacunga no fue la excepción, en tal virtud, que en el ejemplo que se indica, vemos que a mediados del siglo XVIII, no se le podía tener a nuestra ciudad como algo olvidado o poco comentado. Sánchez de Orellana culminó su presidencia en septiembre de 1753, le sucedió en el cargo Juan Pío Montúfar y Fraso, apellido paterno del cual tierras como Angamarca lo tiene en su historia social y genealogía.
Visitantes eventuales como los geodésicos franco-españoles, misión de la cual el único ecuatoriano fue Pedro Vicente Maldonado, fueron recibidos en nuestras ciudades serranas, aquellos “medidores del arco” son una muestra más de los extranjeros que disfrutaron de la singularidad de nuestro país en 1736, aquellos estuvieron durante la presidencia del Dionisio de Alsedo y Herrera (1728-36). Pues bien, a nuestras tierras cotopaxenses llegó hacia 1802 el científico Alejandro de Humboldt junto a Bonpland, a quienes se le unió Caldas, lo cierto es que en la Hostería La Ciénega existe una habitación con la denominación del científico y naturalista, de tal manera que se conserva la tradición de que allí se hospedó, cuando esta hacienda era propiedad de los Marqueses de Maenza, se ha mencionado que Humboldt habría querido admirar al Cotopaxi y si es posible extasiarse con una de sus erupciones.
Y hablando de Cotopaxi, el alemán Teodoro Wolf ascendió junto al latacungueño Alejandro Miceno Sandoval Poveda a su cima, a poco de la gran erupción de junio de 1877.
Y para seguir con los ejemplos de afamados visitantes a Latacunga, no se puede dejar de mencionar aquellas que el Libertador Bolívar hiciera a su paso por acá, de eso se ha escrito y comentado en varias obras, con autores como el mismo Dr. Fernando Jurado en su obra “Las Noches de los Libertadores”, el Lcdo. Eduardo
Paredes Ortega publicó un folletito en 1983 sobre este tema con el auspicio de la Casa de la Cultura de Cotopaxi y el suscrito lo hizo en la primera y única, hasta ahora, publicación de la Sociedad Bolivariana de Cotopaxi, en fin, sobre el Libertador las publicaciones son numerosísimas.
Finalicemos con un ejemplo poco conocido en la actualidad, acerca del paso por Latacunga del español Menéndez y Pelayo en 1910, cuando se le encargó el arreglo de un problema diplomático entre Ecuador y Perú, y es donde había comentado que le había impactado el discurso que escuchó en la Gobernación de León, efectuado por el gran Juan Abel Echeverría Munive. A Latacunga la visitaron además el Papa Juan Pablo II y Miss Universo Amelia Vega.
Los nombres y fechas sobre el tema de personalidades en nuestra ciudad, es realmente extenso, y el caso del Mariscal Sucre es una formidable realidad y de gran expectativa, pues la Libertad estaba a la vuelta de la esquina, y es aquí donde pasa 11 días ejecutando acciones definitivas para la Batalla de Pichincha. En esta recopilación vamos a conocer algo al respecto, conforme las fuentes así nos lo permitan, alguna breve y semblanza del Cumanés, su estancia en esta hospitalaria ciudad, que se ha caracterizado justamente por ello, por abrir las puertas a quienes los ha considerado ilustres visitantes.
Se recordará cuales fueron las casas y familias que hospedaron al Mariscal en Latacunga, su ingreso, acciones y recorrido final luego de 11 días de ardua labor patriótica; algo de su correspondencia, especialmente aquella donde agradece a los latacungueños por su formidable hospitalidad, en fin, trasladémonos en el tiempo a conocer sobre el tema mencionado.
EL MARISCAL ANTONIO JOSÉ DE SUCRE
Un resumen de la vida de este gran americano, nos acerca y nos inicia en esta recopilación histórica, que trata de dar a conocer algo del Mariscal en una ciudad como Latacunga, con la reiteración de que lo recibió con la hospitalidad que le ha caracterizado desde siempre.
La bibliografía del Mariscal Sucre es muy, pero muy extensa, sin embargo, es importante indicar que se dan a conocer datos poco conocidos sobre su vida, tanto pública como privada.
Antonio José de Sucre y Alcalá, nació en Cumaná (Venezuela) un 3 de febrero de 1795, fue el cuarto de nueve hijos del Crnl. Vicente de Sucre Urbaneja y María Manuela de Alcalá y Sánchez. En 1802 fallece su madre, un año después su padre vuelve a contraer nupcias con Narcisa Márquez Alcalá. Para 1807 lo tenemos cursando Ingeniería Militar en Caracas.
En 1810, ya Oficial de Milicias con apenas 15 años, se unió a las fuerzas patriotas, un año después participó en la Batalla de Valencia como Comandante de Ingenieros. En 1812 hace la campaña de Cumaná a órdenes de su padre y otras más con Miranda y Mariño; se refugia en Trinidad y estudia inglés.
Su familia sufre tragedias, en 1814: su tercer hermano Vicente es asesinado en el hospital de Cumaná de 23 años; Magdalena muere de pánico en la cárcel a los 14 años. Pedro, de 21 años, es fusilado por Boves, en la Victoria en octubre. Aún así participa en 8 combates, sin duda con una entrega a la causa realmente sorprendente.
Parece que conoce a Bolívar en 1813, y en años siguientes participa en varios combates y campañas, a pesar de que las tragedias familiares no cesan, pues su hermano Francisco es fusilado el 10 de junio de 1817 en Curiacó, por orden de Morillo. Un año después nace su última hermana Rosario Sucre Márquez, en aquel 1818 participa en cuatro batallas y es ascendido a General.
En 1821 fallecen sus hermanas, Josefa (de 35 años) que fuera martirizada años antes y Agua-Santa de Cortegoso (de 33 años) dejando ésta 8 hijos y quien había sido deportaba a Cuba.
Sin embargo de esto, Sucre fue parte importante en muchas campañas y combates, fue uno de los consentidos del Libertador Bolívar. Fue Ayacucho una de sus grandes batallas, allí ascendió a Mariscal, era el 9 de diciembre de 1824, un año después fue elegido Primer Presidente de Bolivia.
Tarqui es una de sus glorias en aquel 27 de febrero de 1829, donde descolló además el venezolano Juan José Flores. A estos triunfos hay que sumarle, lógicamente, la Batalla de Pichincha, de la cual se sabrán datos más adelante; Sucre fue asesinado en Berruecos en 1830, asunto por el cual se siguió un proceso judicial muy extenso.
Una de las obras que analiza aspectos poco usuales de la vida de Sucre, es la escrita por el Dr. Fernando Jurado, quien en sus “Noches de los Libertadores, tomo 2, nos hace saber circunstancias de vida como las siguientes.
Que Sucre era muy reservado, no eran tan mujeriego como lo fue el Libertador Bolívar, que reía poquísimo, era introvertido y circunspecto. Era melancólico pues la vida se portó cruelmente con él: huérfano de madre a los 7 años, a los 8 tuvo madrastra y vivía como “prestado” en la casa de su tío José Manuel Sucre; a los 15 años ya era militar, a los 19, tres de sus hermanos murieron trágicamente, cuando contaba con 22 años, otro de sus hermanos fue fusilado y cuando tenía 26, murieron ahogadas otras dos hermanas suyas, en tal virtud, no se podía esperar muchas sonrisas de su parte.
A pesar de todo, tenía una gran capacidad de trabajo y tenacidad, era ejemplo de fuerza moral y física sin duda. Se dice que era ahorrativo, sin dejar de gastar en lo que creía necesario; reitera el Dr. Jurado que el gran secreto del Mariscal estuvo en el temple de su espíritu, unido esto a su capacidad organizativa y a su autoridad innata, las tres cosas hicieron de él, un jefe estupendo. Era orgulloso, protector y se hacía respetar por todos, aunque muchos no le querían.
No eran de su gusto las manifestaciones de las muchedumbres y las afusiones sentimentales; era amistoso, discreto y caritativo. Le encantaban los caballos, casi tanto como a Bolívar.
Conozcamos algo de los últimos momentos en la vida del mariscal Sucre.
Los académicos Jorge Salvador Lara y Fernando Jurado nos relatan al respecto. Era mayo de 1830 y Sucre llegó a Bogotá el día 8, tres días después salió a Quito despreciando los consejos de ir a los puertos de Panamá o de Buenaventura, para de allí tomar un barco a Guayaquil. Tomó el camino de Neiva, el 27 llegó a Popayán y de aquí salió el 30 rumbo al Patía. Se hospedó en casa del cura José Manuel Mosquera en donde siempre lo hacía, según testimonio de su hermano Tomás Cipriano.
Los caballos de Sucre, escribe el Dr. Jurado, le fueron embargados y eso demoró un día el viaje: los asesinos necesitaban esas horas mas de tiempo.
Cuatro o cinco días debía demorarse en el cruce del desierto del Patía. Sucre y su comitiva de 7 personas -entre ellas, 2 arrieros-, llegó el miércoles 2 al Salto de Mayo, durmiendo en casa del Comandante José Erazo.
A las 10h00 del día 3, llegaron al sitio de la Venta y allí pernoctaron.
Sucre estaba seguro que iban a ser asaltados, pero nada más. El viernes 4 salieron temprano rumbo a la montañuela de Berruecos. Salvador Lara indica que se habrían adelantado en el camino, por una parte García Trellez y Colmenares, uno de los asistentes del mariscal, junto con los arrieros y se atrasó, por otra parte, Lorenzo Caicedo, el otro asistente, indicando además que, “se puede decir que el mariscal marchaba solo por la selva de Berruecos. Absorto en sus cavilaciones no pudo ver los fusiles que se adelantaban entre la maleza: sonaron 4 disparos, Sucre lanzó un ¡Ay,! de dolor”. Dos disparos le habrían llegado a la cabeza y uno al pecho.
Exactamente en el sitio llamado de La Jacoba, cuatro individuos lo dispararon, Juan de Dios Navas afirma que eran: Andrés Rodríguez, los indígenas Juan Cuzco y José Gregorio Rodríguez y otra persona más. Alberto Montezuma cree que los asesinos fueron negros del Chota. El asistente Lorenzo Caicedo y el diputado Andrés García Trellez huyeron a Pasto dejando abandonado el cadáver. El sábado 5, el criado Colmenares con el Coronel José Manuel Patiño (antepasado de Mónica Arroyo de Holguín), dieron sepultura al cadáver del Mariscal. El historiador y académico Enrique Ayala Mora (en la obra “el poder y la muerte” Crímenes Políticos en el Ecuador 1830-1959, página 21) menciona que fue Caicedo quien se atrevió a dar sepultura al cadáver, poniendo una simple cruz de madera sobre el improvisado túmulo. Después habría ido a Pasto. El 6 de junio un grupo de tropa del batallón Vargas, que se había movilizado en búsqueda de los asesinos, llegó a La Capilla y exhumó el cadáver. Para esto, el asistente Caicedo trajo a Quito el caballo, la montura, el sombrero y las botas de Sucre.
El cirujano del batallón, Alejandro Floot indicó: “Resultó que el cuerpo tenía tres heridas, dos superficiales en la cabeza, hechas con cortados de plomo y una sobre el corazón, que causó la muerte”. El cadáver volvió a ser enterrado en el sitio, hasta que fue llevado a Quito tiempo después, por orden de la viuda, Mariana Carcelén, orden que hasta se llegó a dudar por parte de sus enemigos. Carcelén manejó siempre con reserva el cadáver del mariscal para protegerlo de las profanaciones. Es en 1900, que se descubrió el secreto de su paradero, los restos fueron examinados por un grupo de médicos que establecieron que eran los de Sucre (hay un texto al respecto, transcrito por Luis Robalino Dávila).
Entonces los trasladaron a la Catedral metropolitana de Quito, en un acto presidido por el Presidente de la República, Eloy Alfaro. Federico González Suárez, entonces Obispo de Ibarra, pronunció la mas brillante pieza oratoria de su género en memoria del gran mariscal. Había llegado al fin, “la hora de la reparación” (obra citada, página 23).
Se habrían cumplido los anhelos del Mariscal: “Pienso que mis huesos se entierren en Ecuador o que se tiren dentro del volcán Pichincha”.
Sus restos reposan en la Catedral Metropolitana de Quito, curiosamente cerca de los restos del General Juan José Flores. Terminaron por descansar juntos los restos de quienes para algunos son el asesino y su víctima, pero para todos, sin duda, el sujeto de un crimen político y el beneficiario principal de ese crimen. La muerte de Sucre consolidó el poder de Flores en lo que solo días antes había comenzado a ser Ecuador. Se abrió, pues, la vida del país independiente sobre la “sangre de Abel”, para utilizar las palabras de Bolívar cuando supo del asesinato (obra citada, página 19).
El contubernio para su asesinato estaba listo, solo decir que en el número 3 de “El Demócrata” periódico sostenido por los enemigos de Bolívar, en un editorial insultaba al mariscal y se podía leer entre otras cosas: “… puede ser que Obando haga con
Sucre lo que no hicimos con Bolívar…”, eran los mismos promotores de la infausta noche septembrina. En uno de los muros de determinada casa bogotana se habría podido leer: “El mariscal Sucre debe morir…”, dicha casa estaba ubicada en la Plaza Bolívar y que formaba esquina con la Calle Real. La sentencia estaba dada, eran las ocho de la noche de un día de mediados de mayo de 1830. Las ordenes se transmitieron secretamente a Pasto, Buenaventura y Panamá. La consigna, impedir que el gran mariscal de Ayacucho terminase su viaje. En cualquier camino que tomase hallaría apostado su verdugo.
Lo cierto es que a poco del asesinato, tres de los verdugos asesinos, murieron envenenados, y el cuarto? Años mas tarde, apareció el coronel Apolinar Morillo, convicto y confeso del asesinato. Murió fusilado el 30 de noviembre de 1842; la víspera escribió y mandó imprimir su última proclama en la que pedía perdón por su delito. Acusaba a Obando de haberle ordenado el crimen. Algún momento se le vinculó al Gral. Flores en la trama del asesinato, supuestamente por salir favorecido, porque Sucre habría de ser el primer Presidente de Ecuador y no el también venezolano Juan José Flores, que lo fue desde mayo de 1830, poco antes del terrible asesinato.
Algo de la correspondencia del y al Mariscal en aquella época
Se dan a conocer algunas cartas emitidas y recibidas por el Mariscal Sucre en aquel mayo de 1822, al inicio de cada una se indicarán las fuentes de donde se han tomado y algún comentario si es pertinente. Se editan cronológicamente.
La primera fue escrita al siguiente día en que Sucre llega a Latacunga, dirigida a una gran patriota, respetada y bien considerada por el Mariscal, que formaba parte de una falange de mujeres casadas, solteras, viudas, separadas como un aporte vital y dinámico de la guerra separatista. Esta carta esta publicada en la obra “Insurgentes y Realistas” “La Revolución y la Contrarrevolución Quiteñas 1809-1822”. “La Presencia de la mujer”, ”María Manuela Ontaneda Larraín. Fonsal Quito. Capítulo IV. Páginas 213 a 216.
República de Colombia
Ejército Libertador
Cuartel general de Latacunga, a 3 de mayo de 1822
Antonio José de Sucre
Comandante de la División del Sur
A mi señora doña María Ontaneda y Larraín
Señora de mi estimación y respeto
Cuando se trata de la libertad de la patria, preferible a toda otra consideración es muy satisfactorio para mí hablar de tan interesante asunto a quien como Ud., ha hecho en su obsequio sacrificios superiores a su sexo, en tiempo que éstos por desgracia fueron infructuosos. Esta es la ocasión mas oportuna para que Ud., en virtud de la notoria decisión por la causa de la independencia con que se ha distinguido en esa capital, repita sus esfuerzos y ponga en uso el poderoso influjo de los atractivos de su sexo, a fin de evitar que las armas sean las que decidan la suerte de esta hermosa parte del territorio de Colombia, porque me sería muy sensible que en el estado actual de las cosas, se sacrificase la vida de un solo americano. Con estos desgraciados compatriotas empeñados ciegamente en sostener el desesperado partido de la esclavitud, es que Ud., debe emplear su persuasión y ascendiente, a fin de que el término de esta campaña, sea el desengaño de los que están obstinados en prolongar los males de la guerra, y las desgracias de la América.
De todos modos yo confío, y cuento con la cooperación de Ud., a nuestros esfuerzos para la libertad del departamento. Este servicio aumentará la consideración y aprecio que ya tiene por Ud., su muy atento amigo y afmo. Servidor, q. b. s. p.
J. de Sucre.
Sobre esta dama patriota, en la obra “Las Quiteñas”, autoría del Dr. Fernando Jurado, se puede conocer algo de su ascendencia, de su “vida libre y sin complicaciones”, uniones, matrimonios, hijos expósitos y naturales, amistades con reconocidos patriotas, científicos, sin que se sepa por completo de su actuación patriótica, que por lo visto era muy conocida y comentada, por ello, la misiva del Mariscal hacia ella, para que “ponga en uso el poderoso influjo de los atractivos de su sexo”, que por lo visto no fueron suficientes.
Estas dos cartas siguientes, que revelan la calidad humana del Mariscal, su férrea defensa a la libertad y el agradecimiento a quienes participaron en la Cima de la Libertad aquel 24 de mayo de 1822, fueron publicadas en “Gaceta Municipal” del Cabildo latacungueño, en Edición Extraordinaria, de 24 de mayo de 1931 (Ano IX, # 321).
Al inicio los editores de la citada Gaceta Municipal, escribieron: “Cartas Autógrafas que el gran Mariscal de Pichincha dirige al Ayuntamiento de Latacunga, con motivo de la glorioso Batalla del 24, preciosos documentos que conserva nuestro archivo municipal”.
Las dos citadas que a continuación se reproducen, son las cartas inmediatas a la Batalla de Pichincha, emitidas desde Quito a los “Señores del Ayuntamiento del Cantón Latacunga”.
República de Colombia
Gobierno del Departamento de Quito
QUITO, a 29 de Mayo de 1822.
Al anunciar a VV. SS., la gloriosa victoria que han conseguido las tropas libertadoras el 24, del corriente, sobre el Ejército Español que aún tiranizaba esta porción hermosa del territorio de Colombia, yo estoy persuadido que esa Corporación sentirá la misma interior satisfacción que debe penetrar a todo buen patriota, considerada terminada con este memorable acontecimiento la guerra desoladora que tantas víctimas ha costado a nuestra Patria. Poseído de estos sentimientos es que felicito a VV. SS., de que al cabo de doce años de horrores y catástrofes, veamos levantarse majestuosamente desde la cumbre del Pichincha, la aurora brillante de la paz de Colombia, que va a derramar sobre nosotros sus abundantes bienes.
Aún la rebelde Pasto parece que ha sentido la influencia poderosa de nuestra fortuna en el combate, y dando por fin, oídos a la razón y a la necesidad de las circunstancias pretende implorar la clemencia del vencedor. VV. SS., que por sus servicios a la División han tenido parte de este feliz resultado, la tendrá también en el justo júbilo que merece el desenlace de los sucesos que con la Providencia ha preparado el triunfo de la libertad sobre los esfuerzos de los tiranos.
Dios ge. a VV . SS. Ma. Sa.
(rubrica) Ant. J. de Sucre
República de Colombia
Gobierno del Departamento de Quito
Quito, a 14 de junio de 1822
A los Sres. Del Cavildo del Cantón Latacunga
Por el oficio gratulatorio de VV. SS., fecha 31 de Mayo inmediato, quedo instruido del justo placer de que se han ocupado los ánimos de todos los señores de ese Ayuntamiento, por el memorable triunfo de las tropas libertadoras en las cumbres del Pichincha, y ocupación de esta Capital, con la entera disipación de los enemigos que les resistían.
Doy a VVs., las mas ingenuas gracias por la insinuación de sus afectos, deseando, que supuesto que los Pueblos conocen el inestimable don precioso de la libertad, habiendo sufrido antes, la dura opresión, el vejamen y humillante servilidad; se revistan desde hoy en adelante, de los mas nobles sentimientos conformes a la dignidad de hombres libres; viven con mayor ardor su patriotismo; y cooperen todos y cada uno de los habitantes de la hermosa Provincia de Quito, los felices hijos del Sol, a conservar enteramente la reasunción de nuestros Sagrados Derechos, y consolidar la paz anhelada por mucho tiempo.
Dios guarde a VV. SS. m. a.
(rubrica) A. J. de Sucre
Una carta enviada desde Pujili al Mariscal, por Cayetano Cestari, tiene fecha 21 de abril de 1822, conozcámosla.
“Señor Comandante General Antonio José de Sucre.
Si las cartas que envié a V. S. ayer han abrumado su espíritu (que no lo creo), las que incluyo lo serenarán eternamente. La partida que envié para destruir un cuerpo volante enemigo, logró matar 4, hacer prisioneros tres, tomando 11 caballos ensillados, 14 lanzas, ocho carabinas, unos sables y algunas pistolas: mas hizo tres prisioneros en Machachi – Chiriboga envió un lego Castaño, muy picaro a mi cargo, con protestos de entregarme unos pliegos insulsos que enviaba a Aymerich, a fin de espionar mi guerza, mis movimientos, y quizá para seducirme la gente; pero se engañó, y lo mandé a Guayaquil con dos otros muy sospechosos, y otro espía del mismo Chiriboga tengo preso, y la despacharé con los prisioneros.
Si yo hubiera tenido mil cartuchos más, me prometía de tomar a Quito, pero con 16 a 20 cartuchos cada soldado, me es preciso obrar con mucha circunspección con mi infantería que es muy buena”.
“Si V. E. tiene modo de mandarme dos cajones de pertrechos, me prometo de hacer mucho si el enemigo se retira o venga derrotado; de tomar a Quito infaliblemente o de venir hacia V. S. a atacar al enemigo por su espalda, siempre que V. S. lo tenga por conveniente.
El conductor de esta pliego es el famoso, Parreño, que sirvió de Cadete, con los godos; es buen vaquiano, atrevido y muy calavera, y siempre pronto al servicio que se le manda. Con él V. S. puede enviarme los pertrechos. Estoy ocupadísimo en concluir el vestuario, hacer fabricar lanzas, cananas, corbatines, y si tengo tiempo tres días todo será arreglado.
Pereira ya ha empezado a trabajar para conducir a V. S. todos los caballos que pueda. Un soldado de caballería ha muerto una vieja para quitarle unos pesos. Mañana el Consejo lo juzgará y creo que su crimen merece la muerte. Aguardo noticias de V. S. hoy Dios Guarde a V. S. muchos años.
El Comandante (f)
C. Cestari”
Hay que saber además que el Mariscal, desde su Cuartel General en Latacunga, busca información del enemigo, los preparativos militares y escribe varias cartas para las operaciones, aparte de la citadas, a saber:
- El 6 de mayo, Sucre pone una carta a Aymerich reclamando por los excesos y atropellos que comete el ejercito realista. Reclama y amenaza por “la horrible ejecución cometida recientemente en el Teniente Coronel Jarrison por los jefes españoles; nos pide reguemos su tumba con las cenizas de sus inmoladores….”.
- El 8 de mayo, escribe una carta a Don Mariano Pereira, agradeciéndole por los trabajos, en veneficio de la causa y le recomienda cumpla con la actividad de espionaje, hablando con el Obispo y recogiendo datos sobre las vías para ingresar a Quito, trabajos defensivos en la población y fuera de ella, particularmente en las zonas de Jalupana, la Viudita y Santa Rosa.
- El 13 de mayo (fecha en que abandona Latacunga) escribe a José Joaquín de Olmedo, quien le contestó en estos términos: “… la tierra que usted pisa es volcánica y para asegurarla creo que usted debe avanzar siempre con pies de plomo y contramarchando. Esto es lo que llaman los antiguos apresurarse con lentitud. Me daré por muy contento con que usted celebre en Quito la octava de Corpus Christi ….”.
EL MARISCAL Y LOS 11 DIAS QUE ACAMPO EN LATACUNGA
El dos de mayo de 1822, el gran mariscal Antonio José de Sucre, acampó en Latacunga, llegó a las dos de la tarde, y fue recibido en la casa de Felipe Barba Arias y su esposa Manuela Romero Granda, le acompañaban los patriotas Santacruz, Illingworth, Lavalle, Urdaneta y Céstaris, la casa de la mencionada familia se ubicaba en la actual calle Padre Manuel Salcedo, llamada “de la Compañía”, en pleno centro de la urbe. Allí se habría dado un banquete, donde bailaron con las señoritas de la élite local, Ramona Barba entre otras (luego esposa del Crnl. Manuel Guerrero). Según el historiador ambateño Isaías Toro Ruiz, la familia Barba Romero tenía también su residencia en la actual calle “Fernando Sánchez de Orellana” frente a la Matriz (Más Proceres de la Independencia”, pagina 28).
Se asegura que fue en la casa esquinera de las actuales Sánchez de Orellana y Gral. Maldonado, donde Sucre conoció a la que sería su esposa la Marquesa de Solanda, Mariana Carcelén, pues esa casa era de sus antepasados los Villa Orellana. Pronto a la comitiva se le brindó un baile en casa de la familia del conocido Crnl. latacungueño Felipe Viteri Rojas, a pocos pasos al sur del torreón de la Catedral, en la actual calle Quito, a donde llegó el mismo Bolívar además.
Dicho sea de paso, el citado Crnl. Viteri, tuvo cuatro matrimonios y una unión con: Justa Tinajero y Tinajero de quien enviudó en 1837; Nicolasa Larrea Cevallos, quien fallece el 16 de noviembre de 1846; luego se casa en 1847 con Tomasa Tinajero Llona, de quien enviuda en 1852; se casa por cuarta ocasión en 1853 con Felisa Arce Santamaría bogotana nacida en 1804; habría formado familia con Juana Bueno; entre los muchísimos descendientes del Crnl Viteri tenemos al afamado compositor Miguel Angel Casares Viteri, esto lo podemos leer en uno de los 8 tomos que escribió el Dr. Fernando Jurado acerca de la descendencia de Sebastián de Banalcázar.
También Sucre y su comitiva fueron atendidos en casa de la familia Páez Iturralde (hoy Jefatura de Salud); además en la casa del prócer Calixto Pino Iturralde en La Merced, en la parte posterior del templo, donde a inicios del siglo XX fue la residencia de la familia Gallo Subía. En casa de los Anda Viteri, en la equina del templo agustino, actuales calles “Quito” (de “judíos) y Hermanas Páez. Léase texto del plano de Latacunga que se adjunta a esta narración.
Once días pasaron Sucre y más de 2500 patriotas en nuestra ciudad, esto significa sinónimo de la gran hospitalidad latacungueña, pues solamente pensemos que en aquella ciudad pequeña, año 1822, se alojaron tantos patriotas, se piensa que por lo menos estuvieron hospedados tres o cuatro de ellos por casa, además en los conventos, guarniciones, etc. Por esta razón se acaba de disponer que el Dos de Mayo, sea declarado Día de la Hospitalidad Latacungueña.
En esta fecha, como queda indicado, ingresa Sucre por el sector denominado “Nintinacaso” al sur de la ciudad, luego de que su “avanzada” tuvo que batallar un día antes contra los realistas, donde se dice que hubieron 18 bajas; el ingreso fue por la actual Avenida “Unidad Nacional” y que en el centro toma el nombre de “Quijano y Ordóñez”; aquí en Latacunga se habrían reunido por primera ocasión tres héroes de la caballería patriota: Lavalle, Cestari y Rash, cada uno con mando propio, a este grupo se habría unido el edecán de Bolívar, Daniel Florencio O’ Leary designado para la misma función con Sucre, así nos lo asegura el Crnl. Galo Chacón Izurieta en su magnífica obra sobre La Campaña Libertadora de 1822 (página 22).
Latacunga (con 14 mil almas de población) recibe formidablemente a Sucre, pues no había ni un solo realista, y su población no abrió ni una sola puerta a éstos, por ello tuvieron que buscar “realistas prestados” (indígenas, negros etc.) en las áreas rurales, con resultados poco halagadores. Pues bien, mientras aquí permanecen los patriotas, todo el sistema económico de la región se esfuerza por servir a la “causa”; la agricultura y ganadería atiende de la mejor forma a los visitantes; la industria con sus obrajes de paños, bayetas, jergas, alpargatas, arreos de talabartería, pólvora (de mucha fama), uniformes, ropa interior, etc., suplen los requerimientos de los libertadores. Improvisadas “maestranzas” componen docenas de fusiles arreglando agujetas, baquetas y otros enseres; se construyen además lanzas, “regatones”, estribos, frenos jaquimeras y demás.
El mismo Chacón Izurieta menciona en un artículo escrito para el Periódico Cultural “Molinos Monserrat” ( CCE Cotopaxi, No 129, pag 6), respecto a los reclutados en aquellos años: “…. Si me matan en la guerra / la ventaja a de quedarme / de que nadie tendrá el gusto / de volver a reclutarme…”. Otra cuarteta nos dice: “… A mi me gusta ser libre / y por ser libre he peleado / en pago de este cuartel / me tienen preso y fregado …”.
Pero es vital lo que nos da a conocer el citado amigo Chacón Izurieta, en una carta de Ignacio Arteta dirigida al realista Montes: “…En este asiento moran sujetos de tan principal caudal y nobleza, que por eso hay muchas provisiones para tropas, además tienen fábrica de pólvora y moldes para amoldar balas, hacen cuchillos, bayetas, el paño azul y grana; jergas y muchas mas provisiones para alimento y vestuario de tropa…”.
Neptalí Zuniga corrobora aun más con lo siguiente: “… se hacen saber que los herreros se ingeniaron para repotenciar viejas y numerosas armas, “escopetas, trabucos y tercerolas” fueron habilitadas. Se trabajaban machetes, en obrajes como Tilipulo, Cuturiví, Isinche, Tigua, Huigua y demás; se apoyó con animales, ropa, vestimenta especial, municiones y muchos más.
El citado tema es quizá, el tema fundamental de la estancia de Sucre en Latacunga, él, como buen estratega, sabía lo que la fábrica de pólvora le podía proveer para sus intenciones, previa la batalla en Pichincha: armas, pólvora y demás adminículos que allí se fabricaban y arreglaban, gracias a la habilidad de los “Tacungueños”, aparte de la gran hospitalidad de sus pobladores y todo lo que eso conlleva. Y claro esta, la fábrica, una vez más, fue la esencia del abastecimiento para batallas, combates en aquellos años desde el siglo XVI.
El Cabildo como hoy lo conocemos (creado en 1813), cumple con el papel de avituallamiento del ejército patriota, pues eran sus obligaciones proveer la subsistencia de la tropa, reemplazar las bajas (80 latacungueños habrían acompañado a los patriotas), almacenar toda clase de abastecimientos, pedir contribuciones o empréstitos, proveer de medios de transporte tales como mulares, borricos e indios cargadores (Crnl. Chacón en obra citada, página 25).
Hubo participaciones de variada actividad popular, atendieron a los enfermos además los llamados curadores, chupadores, milagreros, mohanes, hierberos, chamanes, limpiadores, sacrificadores, que curaban además mal de ojo, poseido, con pasmo, con calores, ojeado, embobado, con malaire, enchamicado etc., etc., pues además de querer sanarse, buscaban tener suerte, dinero y amores, así que los “sanalotodo” tenían numerosos “pacientes”, quienes con menjurjes y pomadas hacían lo que podían.
Siguiendo con el tema, entre el gran listado de contribuyentes para la causa, tenemos a las damas y caballeros (transcripción exacta a la época):
LATACUNGA Y SAN SEBASTIAN: Narcisa del Pino, Manuela Galarza, Alexandra Silva, Ignacia Andraca y sus herederos, Rafaela Dávila, Rosa Sambonino, Juana Quintana, María León (probablemente la madre del gran Vicente León), Santiago Suáres, Mariano Cañas, José Llerena, Luis Vera, Torivio Espín, José Vieyra, Antonio Oquendo, Antonio Sambonino, Fray José Barba, Isidro Negrete, Patricio Vedon, Felipe Rubio y Justo Proaño.
ALAQUEZ: Andrés Olalla, Agustín Carrera, José Carrión, Ventura Grosel, herederos de Isabel Román, Miguel Bello, Antonia Galves y José Antonio Arteaga.
MULALO: Xavier Pasmiño, Belisario Altamirano, Antonia Alvan, José Tovar y Ana Cadena.
TANICUCHI: La Casa del S. Marques de Maenza, Estevan Gallo, Luis Molina, Antonio y Mariano Inojosa, Jose Ascasuvi, Manuel Ximenes, Jose Coronel, Ignacio Valencia, Joaquin Cardenas, Lorenso Soria, Jose Baca, Mariano Mogollon, Mariano Visuete, Antonio Escobar, Jose Molina, Franco Salas, Lisardo Jacome, Franca Sanches, Manuel Maldonado y Teresa Molina.
TOACASO: Jose Gonze, Maria Mora, Estevan Jacome y Jose Maria Jacome.
SAQUISILI: Juan Velasques, Jacinto Caballero, Andres Salvador, Franco Bamonde, Santiago Pacheco, Crisanto Tovar, Mariano Toscano, Antonio Moreno, Elias Mena, Martin Armas, Felipe Amores, Juliana Gallo y el S. Marques de San Jose.
PUXILI: Franco Calbopiña, Mariano Ortis, Fernando Tinajero, Manuela Lazo, Maria Espin.a, (sic) Espinosa puede ser, Mariano Toledo, Antonio Suares, Pedro Montufar, El D. D. Melchor de
Benavides, Pantaleón Cevallos, Teodora Novoa, José Alvares, Jose Checa, Antonio Salas, Vicente Sotomayor, Antonia Infantes, Joaquin Tinajero o los arrendadores, Jose Antonio. El Mayor.o, (sic) Mayordomo sin duda, Petrona Cofin y Vega, Visente Tobar, Visente Maldonado, Clemente Madrid, Antonio Rubio, Mariano Jacome y Joaquin Tapia.
CUZUBAMBA: Juana Quintanilla, Ramon Carrillo, Felipe Silva, Franco Miño, Rosa Vela, Manuel Coronel, Manuel Carrillo, Joaquin Yerovi, Diego Jacome y Alejo Altamirano.
SAN MIGUEL (hoy Salcedo): Los Hijos de Jacobo Sepeda, Mariana Alvan, Juan Perez y Manuela Villasenor, Gregorio Sepeda, Manl. (Manuel) Granja, Tomas Tobar, Pedro Miño, Luis Velos, Jose y Vicente Ponze, el P. Fr. Alejo Barba, Manuel Molinero (destruido), Silverio Alvan (destruido), Juan Jose Guerrero y Franco Almeyda.
SAN FELIPE: Antonio Quintana, Jose Pacheco, el Mayordomo de la Calera, Leonor Granja, Nicolas Morales, Bentura Vera, Manuel Traves, Manuela Mena, Melchor Jacome y Melchor Orbe menor.
ANGAMARCA: Los herederos del S. Marquez de Selvalegre.
Además existe un listado de cantidades y las poblaciones, donde sus curas deberán “concurrir” para la causa; este documento que lo debemos al Crnl. Galo Chacón Izurieta, esta firmado en Tacunga a 11 de Mayo de 1822. Y se incluye un listado publicado por el historiador Neptalí Zuñiga en una de sus obras, a saber: Manuel Armendaris, Jose Maria Toledo, Jose Lopez, Mariano Paez de Trastamara, Josef Antonio Endara, Xavier de la Sacha, Secretario.
Son casi tres mil pesos que se habrían conseguido para la causa, sin duda una considerable cantidad de dinero, que sirvió para el pago de los centenares de gastos que se realizaron en la fase final de esta campaña libertadora.
Se saben y se publican además, tres ejemplos valiosísimos, de quienes contribuyeron a la causa, las “especies” (bayetas, mulas, borregos, ganado, dinero, reses, mulares, papas, caballos, etc., etc.), las “cantidades” (varas, pesos, mulas, etc.), “receptores” (tropas de Sucre y Cestari) y “observaciones” y sobre éstas cabe saber que algunas indican que las contribuciones fueron recibidas en Latacunga, Pujili, que sirvieron para transportar la artillería, que con los donativos ser vistieron los primeros soldados al mando de Cestari, que la ayuda en víveres, bestias de carga y dinero contribuyeron enormemente a la causa de la libertad y tan voluntarioso fue el patriota Guerrero que para entregar el dinero “hecho mano de las alhajas” de su mujer (obra citada, página 30ª); pues bien los tres patriotas eran: José María Maldonado, Fernando Sáenz de Viteri Torres y Juan José Guerrero y Matheu (dueño de la hacienda Cumbijín en Salcedo). Quienes reunieron como 4.700 pesos, de los cuales el citado Guerrero entregó 2.170 pesos. Sumado a lo anteriormente recaudado y citado, podemos hablar de casi 8 mil pesos para la causa. Las cantidades indicadas fueron divididas en tres partidas que ingresaron a la caja de independencia como aporte de Latacunga y sus ciudadanos, que dicho sea de paso, fueron gente pobre, modesta y acaudalada. Las partidas fueron denominadas como:
- Donativo gracioso. Entrega de dinero sin posibilidades de recuperación;
- Préstamo patriótico. Ayuda económica entregada en préstamo por cierto tiempo, con obligación de devolver;
- Contribución provisional. Impuesto pagado por los contribuyentes por gastos derivados de la guerra de independencia.
Resumamos brevemente, de las acciones de táctica militar que Sucre ejecutó en Latacunga:
- Reorganiza el Ejército con la llegada del Batallón “Alto Magdalena”;
- Dispone un intenso entrenamiento de las unidades militares (no como muchos han pensado que aquí se la pasaron de “juerga” y diversión);
- Hace posible el avituallamiento de las tropas y para facilitar esta tarea, organiza una “casa de rastro”, que no era sino, carnicería para faenar reses de los hatos de los alrededores, que los había muchísimos;
- Ordena desplazar dos Compañías del Batallón “Alto Magdalena” a Guaranda, a órdenes del Teniente Coronel Hermógenes Maza, para que someta a los sublevados del Corregidor realista Víctor Félix de San Miguel; pero según una publicación en Revista Ejército Nacional 13, año 1923, página 1081, se indica que el Sargento Mayor C. Martin, no es verdad que el citado Tcrnl. Maza haya ido con 140 hombres del “Alto Magdalena” a sofocar a los rebeldes, pues anota que fueron voluntarios de Ambato y Latacunga los que cumplieron esa misión.
- Recibe y evalúa la información del enemigo; conoce que las tropas de Nicolás López, están en Machachi con aproximadamente 2.200 infantes y 300 jinetes, mientras sus avanzadas cubren el nudo de Tiopullo.
- Dispone la construcción de pascanas (tambos provisionales) para el descanso de las tropas y la curación de heridos se hace en el hospital de la ciudad; según documento del Archivo Nacional, con fecha 20 de mayo de 1822, Volúmen 5, (páginas 128 – 130), en Latacunga habrían recibido atención médica, 26 enfermos del “Paya”, 2 del “Alto Magdalena”, 5 del “Yaguachi”, 10 del “Albión” 9 del “Piura”, 13 del Escuadrón “Cazadores Montados de la División Peruana, 2 Guías. Total 67 hospitalizados (con los datos adicionales que ya se indicaron).
El Crnl. Chacón nos informa que: “La tranquilidad del ambiente latacungueño, la contribución decidida de la población, la fluida información que recibe y los eficientes guías puestos a sus órdenes, le permiten al General Sucre concebir el genial plan que hace posible alcanzar Quito, sin demoras y sin pérdidas”.
La salida de Sucre (el 13 de mayo) se da por el más lógico camino, y el que le llevaría al norte de la urbe latacungueña, la vía de “Tanicuchi calle”, que en la parte central es la actual calle “Dos de Mayo”, justamente en la parte posterior del Colegio Vicente León, toma el sector actual de “El Salto” hacia “El Ejido” y al norte del actual aeropuerto y sale de la ciudad hacia destino de la libertad, conozcamos algo al respecto.
Cuando Sucre parte de Latacunga hacia la gran batalla, concreta una cronología de espacios muy bien pensada, primero, alcanzar una reunión en El Callo, para descontrolar y engañar al enemigo sobre su posible dirección de avance; en esto hay que destacar el apoyo del “baqueano” Fermín Padilla, conocer de los caminos hacia el norte, es decir desde Machachi hacia el Valle de los Chillos. El historiador ambateño Isaías Toro Ruiz, menciona en su obra “Más Próceres de la Independencia”, pag, 307, que otro de los guías fue el prócer Calixto Pino Iturralde, se puede leer: “….Incorporado al General Sucre a su paso por Latacunga, se cree que lo guió con otros conocedores por atrás del Cotopaxi, burlando la fortificada posición del Jalupana, acabando con ese y otros felices movimientos por entenderse con el español , al que se venciera definitivamente el 24 de Mayo…..”.
Luego, en su programación patriota, Sucre, destaca tropas hacia Tiopullo, a ordenes del Tnte. Crnl. Federico Rach, para que realicen acciones ofensivas simuladas que induzcan al enemigo a abandonar el nudo.
Finalmente, marchar con el grueso de las tropas en dirección, Río Cutuchi aguas arriba, Garganta de Limpiopungo, ríos Pedregal y Pita aguas abajo, Garganta de Guapal-Sangolqui, Puengasi, Turubamba, Chillogallo y Quito.
El 17 de mayo, ya en el Valle de los Chillos, Sucre siguiendo su táctica de guerra irregular, autoriza al patriota Nicolas Vélez, para que levante guerrillas y ayude en la reparación de las armas patriotas en las Herrerías del pueblo de Yaruquies, propiedad del D. Miguel Ponce Ubidia, comandante del Ejército (obras citadas del Dr. Jurado y Crnl. Chacón). Lo posterior, son episodios conocidos.
Concluyamos mencionando que fueron como 80 los “tacungueños” que acompañaron a Sucre a la gran batalla, entre ellos el afamado Juan José “el bermejo” Linares, Francisco Alvarado, Mariano Hurtado, Luis y Manuel Pérez de Anda, Ramón Páez Iturralde, Calixto Pino Iturralde y más. Podemos citar al ambateño Lizardo Ruiz Villacreses, que fue parte además del Once de Noviembre de 1820 en Latacunga.
Nuestra ciudad se congratula en saberse hospitalaria, patriota, humanista, agradecida por la confianza que Sucre nos confiara, y creo que la ciudad y sus habitantes no lo defraudaron, los 11 días de su permanencia, no creo que hayan sido olvidados fácilmente por él, no sólo por la atenciones recibidas, por la estrecha relación que tuvo con el verdadero pueblo latacungueño, no, sino además porque aquí habría conocido a su futura esposa, la Marquesa de Solanda, Mariana Francisca Carcelén y Larrea (hija de Felipe de Carcelén y Sánchez de Orellana y Teresa de Larrea y Jijón), mujer alta, delgada y muy bella (según González Suárez), con quien se casó por poder el 8
de febrero de 1828. Si Sucre se enamoró de ella, parece que no fue recíproco ese amor, pues algún momento ella habría dicho: “Con Sucre me casaron, con Barriga me casé”, en fin, esas son historias de la historia, que no son relevantes por el momento.
Al finalizar, hay que mencionar que Sucre “habría” nombrado autoridad en Latacunga, se trataría del ibarreño y patriota Fernando Sáenz de Viteri Torres (el autor no puede aseverar documentalmente lo dicho), sellando así la Emancipación local, que dio SU PRIMER GRITO DE INDEPENDENCIA EL ONCE DE NOVIEMBRE DE MIL OCHOCIENTOS VEINTE, es decir, dos años atrás, siendo este “grito” el inicio de un proceso libertario, que en su parte final lo tenemos en mayo de 1822. Los procesos son extensos en tiempo, unos más y otros menos, pero lo que nunca olvidaremos, es aquel “Primer Grito de Emancipación”, que es un paralelismo con fechas tan emblemáticas como aquellos “Diez de Agosto”, “Nueve de Octubre”, en fin, como nos hace saber el historiador guayaquileño, Alfredo Pareja Diezcanseco, en aquel “Camino de la Libertad”, donde cronológicamente se inicia en 1820, con aquel 5 de Agosto en Esmeraldas y concluye el 26 de Noviembre en Zaruma, donde 17 poblaciones obtienen sus “Primeros Gritos de Emancipación”, aparte de las citadas, tenemos a: Guayaquil (9 de octubre), Samborondón (10 de octubre), Daule (11 de octubre), Baba (12 de octubre), Jipijapa y Naranjal (15 de octubre), Cuenca (3 de noviembre), Guaranda (10 de noviembre), Machachi, Latacunga y Riobamba (11 de noviembre), Ambato (12 de noviembre), Alausí (13 de noviembre), Loja (18 de noviembre) y Tulcán (19 de noviembre). Prácticamente todo el país, con las solas excepciones de Quito, donde estaba todo el poder militar español, y Pasto donde se combatía (Ecuador, Historia de la República, “La Independencia de España”, tomo 1, página 64).
Sin embargo de lo mencionado, el supuesto hecho histórico de mayo de 1822, al nombrar autoridad ya en libertad política de Latacunga, con el citado Sáenz de Viteri Torres, en nada, en absolutamente nada, le quita de nuestra honrosa cronología histórica de libertad, a aquel Once de Noviembre de 1820, para nada, pues seguirá siendo el Primer Grito de Emancipación Local; dicho esto, queda por investigar y encontrar el documento que pruebe que en efecto fue nombrado Sáenz de Viteri como tal, y así declarar a la fecha respectiva -del documento- de mayo de 1822, como el día de la Libertad definitiva para nuestra ciudad, reiterando la importancia de aquel Once de Noviembre, fecha emblemática para los latacungueños.
Archivos y fuentes de consulta:
- Chacón Izurieta Galo, “La Campaña Libertadora de 1822: Latacunga, antesala de Pichincha. Espe, Quito 1985;
- Jurado Noboa Fernando, “las noches de los libertadores”. Tomo 2. Ediciones Iadap, colección Identidad, Quito 1991;
- Toro Ruiz Isaías, “Mas Próceres de la Independencia”, Latacunga 1934;
- Salvador Lara Jorge, “Historia Contemporánea del Ecuador”, Fondo de Cultura Económica, Colombia 2009;
- García Lanas Paúl, Archivo Historiográfico y Genealógico;
- Ayala Mora Enrique (editor), “el poder y la muerte CRIMENES POLITICOS EN EL ECUADOR 1830-1959”; Dinediciones UASB, Quito 2018;
- Rumazo González Alfonso, “Sucre en el Ecuador” Historia del Ecuador, Salvat, tomo 5;
- Alarcón Costta César, “Diccionario Biográfico Ecuatoriano”, FED, segunda edición, noviembre 2010;
- Jurado Noboa Fernando, “Las Quiteñas” Dinediciones, Quito 1995;
- Pareja Diezcanseco Alfredo, “Ecuador, Historia de la República”, editorial El Conejo, vol. 1, Quito 1986.
Se conocen de cinco residencias donde se habría hospedado el Mariscal, a saber:
- Casa del Crnl. Felipe Viteri Rojas, media cuadra al sur de la plaza mayor, en la actual calle “Quito”, casa que fue de la familia Varea Donoso y hoy de la familia Cartagena López;
- De la familia Páez Iturralde, de don Ramón Páez, en la cuadra que hoy se encuentran las oficinas de la Jefatura de Salud, antiguo Hospital “Hermanas Páez”, barrio San Agustín, entre la plazoleta homónima y el parque de “la filantropía”;
- En el barrio “La Merced”, al norte de la ciudad, se hospedó en casa del prócer Calixto Pino Iturralde, ubicada en la parte posterior del templo mercedario (que a inicios del siglo XX fue de la familia Gallo Subía);
- En casa de Felipe Barba Arias y su esposa Manuela Romero Granda, en el centro de la ciudad, allí fue recibido enseguida de su llegada, actual calle “Manuel Salcedo”, entre las calles “Fernando Sánchez de Orellana” y “Quito”, en la mitad de la cuadra, entre las residencias que a inicios del siglo XX fueron de las familias Cassola Rivas (al occidente) e Iturralde Irazábal (al oriente).
- Casa de la familia Anda Viteri, en la esquina de las actuales calles “Quito” y “Hnas. Páez”, al oriente del templo agustino, en la calle “de judíos”, dos cuadras al sur de la plaza mayor.
Hay que indicar además que, marcado con el numeral 6, se indica la casa donde Sucre habría conocido a la que luego fue su esposa, Mariana Carcelén y Larrea, esquina sur oriental de la plaza mayor (hoy calles “Gral. Manuel Maldonado” y “Fernando Sánchez de Orellana”), residencia que fuera de las familias Barriga León, de Cornelio Hidalgo Maldonado, y desde 1970 la primera Cooperativa de Ahorros (Educadores de Cotopaxi).
El plano esta editado en la Enciclopedia “Espasa Calpe”, tomo 29, página 960, es el primero a escala y fue elaborado por el Agrimensor latacungueño José María Quevedo Maldonado.
Archivos y fuentes: Dr. Fernando Jurado Noboa y Sr. Paúl García Lanas.