Apenas días atrás, concluyó la elección de presidente y asambleístas, y vemos absortos como, al día siguiente, han salido de su refugio viejos actores políticos, con el mismo discurso pero “retocados” para simular otra persona, sonriente, rejuvenecido, disimulando su amargura por el rechazo recibido en su último intento de reelegirse. No hay duda que la ley les faculta postularse cuantas veces quieran, porque es redactada por la misma clase que quiere mantener los privilegios de por vida, como si fueran nacidos para gobernar, cerrando el paso a las siguientes generaciones.
Con la misma agilidad que pretenden presentarse como los mejores, sino únicos candidatos, es indispensable recibirles con un baño de verdad para que rebusquen en su memoria aquellos pasajes que por lo visto quieren olvidar. Su memoria selectiva les lleva a recordar sus ejecutorias, maquilladas para torcer la realidad y acomodar a las expectativas del electorado. Si nos dejamos guiar por esos relatos espectaculares de lo que fueron sus administraciones, concluiríamos que hemos tenido los mejores ejecutivos que un municipio puede encontrar, y deberíamos elegirles de por vida.
La primera administración en la década del $$ XXI, la fuerza del populismo arrastró por inercia alcaldes, prefectos y demás. Así llegó la administración Espín con mayoría en el concejo municipal. Cinco largos años de gestión con recursos extra presupuestarios como nunca. Entró en vigencia el COOTAD y muchas disposiciones nuevas. El primer Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial presentado por Latacunga, fue desechado por el CONADE con la penúltima puntuación de la región. Las obras emblemáticas como el Salto, que tenían la buena intención de terminar con el mercado abierto, erraron en dejarlo en el mismo lugar, sin descentralizar la actividad que debe estar alejada del centro. El diseño tiene fallas de fondo y de forma y terminó con una invasión incontenible de vendedores ambulantes que lo van a matar.
El episodio de la cárcel marcó con un INRI su administración, no por haberla construido, sino por no haber hecho nada para impedirlo, a pesar de su cercanía política con el aspirante a emperador que gobernaba. Quien empujaba esa obrita con motivaciones políticas era Augusto Barrera, quien pretendía la reelección y comprometió su palabra en sacar el “Panóptico” de Quito. Simuló no conocer nada al respecto, pero acudió raudo y veloz a cobrar la recompensa que ofreció el jefe para el cantón que le permita construir en su territorio. Así lo cumplió el gobierno, concretando $30 MILLONES para construir el plan maestro de alcantarillado, entregados al sucesor.
Cualquier candidato le hubiera ganado en la búsqueda de reelección. Así fue como se cruzó un señor Sánchez que por tercera ocasión intentaba el carguito y obtuvo el 60% de votos. No podíamos esperar mucho del nuevo alcalde, como así sucedió. Tres obras “macro” contratadas contra disposición expresa del SERCOP. Una de ellas, un distribuidor de tráfico del Molinero en San Felipe con presupuesto de $100.000 en el PD y OT, convertido en un paso deprimido con un costo superior a $4 MILLONES que le llevó a sanción de DESTITUCIÓN por la Contraloría General del Estado y enfrentar cargos penales de tráfico de influencias. Portó grillete mientras discurría el juicio, junto a los miembros de la comisión que aprobó el contrato. Salvó el pellejo y devolvió el grillete, gracias a un corrupto de la CGE que le cambió la sanción de destitución por una ridícula multa.
Con esta mínima muestra de contradicción entre la realidad y la ficción que quieren vendernos, estamos listos para darles la bienvenida para debatir en el podio ciudadano y refrescar la memoria del pueblo votante.
QUEDAMOS ATENTOS