No es la hora de lamentaciones, sino de reflexiones. La mayoría prefirió el no y así debe entenderse en democracia. Por un lado, el gobierno sabrá leer este pronunciamiento con serenidad, objetividad y sabiduría; la oposición -si cabe llamarse así-, tendrá que asumir la responsabilidad que ello implica. Para ambas partes, la tarea es tener conciencia de que el país sigue adelante y los problemas que aquejan a la sociedad toda, deben resolverse con urgencia y determinación.
Debemos tener presente que las consultas populares se convirtieron en una especie de termómetro para medir la popularidad del presidente de la república en ejercicio. La ciudadanía no separó esta cuestión, a pesar de la trascendencia de los temas sometidos a su consideración. Claro está que hay expertos en provocar otro tipo de sentimientos adversos para lograr ciertos objetivos, generalmente oscuros, como el de desestabilizar al gobierno en ejercicio en busca de llegar al poder.
Noboa reaccionó diciendo: “Nosotros respetamos la voluntad del pueblo ecuatoriano”. Este pronunciamiento dice mucho de su compromiso democrático y de lealtad con el país. Las propuestas de cambio – que no merecieron apoyo de la mayoría-, no pueden ser óbice en la dirección de asegurar mejores días para la gente. Gobernar es una tarea muy compleja, difícil y propensa al permanente boicot de sectores que no quieren que el país se torne viable para la inversión y el desarrollo.
Si la ciudadanía no quiere que se convoque a una asamblea constituyente, es comprensible respetable y se entiende; sin embargo, que no se quiera asistencia militar internacional para el control y combate al crimen organizado; o que se mantenga la norma de seguir financiando a los movimientos y grupúsculos políticos, o que no acepte la reducción del número de asambleístas, simplemente no se alcanza a comprender desde un punto de vista ciudadano, a no ser que hayan sido inducidos al error por aquellos afectados por tales reformas.
Como temía Carl Segan, “el avance tecnológico, sin educación científica ni valores democráticos sólidos, generará una sociedad vulnerable a la manipulación y la desinformación”. Los que creyeron que ganaron con el no, son los que realmente sucumbieron puesto que pedían -a gritos callados y verborrea contenida-, que venga una asamblea constituyente para negociar sus votos y salvar a varios revolucionarios huidos, reos y prófugos de la justicia. Muchos ya se creían constituyentes y neo refundadores de un Ecuador que hace rato no los soporta y tolera.
Perder una batalla es una oportunidad para enfrentar y conocer mejor a los mal informados: el objetivo para lograr el desarrollo armónico de la sociedad está latente y asegurado. Corregir errores, replantear prioridades, escoger mejores cuadros de gobierno, entre otros, son necesarios en este momento político por el que atraviesa la nación. No hacerlo resultará peligroso y difícil de manejar. Abrigamos la esperanza de que, por lo contrario, se sabrá proceder con inteligencia, sagacidad y mirando lo mejor para el país.