¡Lo importante es saber escuchar!

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En la antigua Roma, Aurelia, madre de Julio César (59 a.C) -según el libro “Roma Maldita”, de Santiago Posteguillo- le decía: “Eres cónsul de Roma: Ahora tus aciertos y tus errores serán siempre grandes. Procura acertar más y equivocarte menos”. Y añadía: “Equivocarse es aceptable. Obcecarse es inadmisible”. Esto significa más o menos “estar en vitrina” o permanentemente expuesto . El político siempre quiere estar vigente, admirado o ser el centro de atención. Pero, al mismo tiempo, está sujeto a equivocaciones o a decir cosas que no a todos gusta. De ahí el sabio pensamiento de Sigmund Freud: “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”. A eso se le llama prudencia.

De ahí que, desde tiempos inmemoriales, muchos líderes inteligentes escucharon consejos de sus mayores y sabios ancianos, para la toma de sus decisiones ya en lo político, ya en lo militar. Por lo general, los grandes líderes de la historia eran jóvenes con ansias de poder y gloria, que actuaban con sagacidad, oportunidad y prudencia, contando con los criterios de sus cercanos. Grandes hombres cometieron errores por no escuchar o leer la historia: Napoleón invadió Rusia subestimando a la resistencia y al rigor del tiempo y Hitler la invadió por las mismas razones sin atender las opiniones de sus generales.

En nuestra política también han gobernado presidentes que no han sido proclives a escuchar, ya por considerarse autosuficientes, ya por temor a que los consejos que le dan sus cercanos colaboradores no sean lo suficientemente sinceros, ya debido a la posibilidad de que sean conspirativos. A manera de ejemplo, Lucio Gutierrez cometió el craso error de traer a Abdala Bucaram de Panamá, con la “pichi corte” de instrumento, desatendiendo consejos de su íntimo círculo y provocó su caída. “La desconfianza es un estado emocional y cognitivo que suele originarse en experiencias personales (…”). A veces, suele ser importante desconfiar, pero su exceso puede traer consecuencias negativas. En todo caso, es preferible generar confianza mutua para poder adoptar decisiones trascendentes en el ejercicio del poder.

Saber escuchar siempre será bueno y necesario: otros criterios ayudan a ver el bosque y no solo el árbol. Hacer caso únicamente a colaboradores cercanos no siempre ayuda a la objetividad que requiere un gobernante para solucionar problemas, dado que muchas veces refrendan los criterios del jefe, junto con adornos que nutren el ego. El actual presidente erró también –y no escuchó- al incluir en puestos claves a personajes del correismo y esto contribuyó a la pérdida de su capital político. Hoy, las redes sociales están llenas de comentarios muchos sesudos, bienintencionados que deben oírse, y también de los otros, llamados “trolls”, que son cajas de resonancia de los conocidos desestabilizadores y odiadores.

El gobernante que sabe escuchar tiene como ventajas: reducir los errores; ampliar empatías mejorando las relaciones con la gente; genera confianza; demuestra interés en solucionar problemas, y, por añadidura, construye puentes para la toma de decisiones. Debe percatarse que al final él es el que toma la última determinación y asume la responsabilidad de las consecuencias que devengan. Por eso aquello de la “soledad del poder”: emite sus decisiones sin otra ayuda que la íntima reflexión que le anima. Escuchar es gobernar con inteligencia, sagacidad, información y pensando en que la mayoría de la sociedad será la beneficiada.

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