Vivimos tiempos en los que la palabra escrita perdió su potencial, pasamos a una “sociedad simbólica”, en la que se asume que quien “ostenta marca” tiene éxito y quizá sea esto lo que en parte explica el sistema de corrupción reinante.
Todos los vivarachos y vivarachas quieren alcanzar rápidamente la cima y exhibirse para sentir la felicidad, el camino del éxito no es fácil la alternativa es vender la piel y alma para alcanzar lo deseado.
La vía expedita es arribar a la política, donde a “nombre del pueblo”, sagaces pícaros llegan, tanto hombres como mujeres dispuestos a salvar la nación pero en realidad van tras el botín, sin importar las formas y cuantas acciones corruptas asuman, pero como el objetivo es alcanzar lo deseado se lo hace sin reparo.
Alcanzar la fama, ser vistos, aparecer, lleva hombres y mujeres a actuar sin restricciones éticas ni morales, lamentablemente es el mundo en que vivimos y al que coadyuva procazmente el tráfico y consumo de estupefacientes que desbordan el planeta.
En tanto la palabra escrita es desplazada por el “símbolo oscuro” y los algoritmos, razón para que el planeta sea diferente a lo que fue, actitudes que a la final no ofrecen un horizonte alentador porque, la red electrónica a provisto todos nuestros datos a los dueños de un poder hegemónico y si lo desean superaran toda ley y harán lo que les plazca y nadie podrá escapar.
El país vive un estado de crisis institucional, todas las instancias de control y justicia penetradas por el cáncer de los opioides y con la ausencia de verdaderos líderes que conozcan bien el pantano de la corrupción y el resto problemas del conglomerado humano y que sepan proponer y ejecutar soluciones viables y certeras.
En todo “cambio de año” nace la esperanza y cuando nuestra nave estelar termina su vuelta completa en la órbita de la estrella solar esperamos con fe y esperanza que nos lleguen nuevos días , pensando que el Dios del Universo, nos conceda días mejores, ojala esta vez ocurra y llegue la paz y la armonía.
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