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El 9 de enero del año en curso, la Associated Press (AP) informó que, mediante la respectiva orden ejecutiva, “Trump retira a EE.UU. de 66 organizaciones internacionales, incluyendo la convención de la ONU sobre cambio climático”. En el desarrollo de la noticia, se enfatiza que esta medida está enfocada principalmente en “clima, trabajo y temas woke”, aduciendo, en palabras del departamento de estado, que son “redundantes, mal gestionadas y contrarias a los intereses nacionales”.

En 1945, concluidas que fueran las hostilidades derivadas de la segunda guerra mundial, se crea la Organización de las Naciones Unidas (ONU), bajo el auspicio de los Estados Unidos de América; su sede se encuentra en la ciudad de Nueva York y acoge a todos los países del orbe. Su misión: mantener la paz y la seguridad internacionales. Para el cumplimiento de sus objetivos, se fueron creando varias agencias especializadas y programas. Entre las que Trump tiene especial fijación están la Organización Mundial de la salud (OMS), la Organización para la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO), Organización Internacional del trabajo (OIT), y en especial el IPCC (grupo de expertos sobre el cambio climático).

Estados Unidos de América es el país que más aporta para el sostenimiento de la ONU y sus organismos especializados, comenzando por su edificio sede; junto con Rusia, China, Reino Unido y Francia, en su calidad de miembros permanentes del Consejo de Seguridad, ostentan el derecho a veto. En muchos de los organismos y agencias especializadas de las Naciones Unidas, Estados Unidos de América no goza de la “simpatía”, que se inscriben en contrariar los “intereses del imperio”, principalmente de aquellos sectores extremistas de izquierda y los denominados “progresistas”.

Convengamos que, transcurridos 81 años de creación de la ONU, el mundo es otro, como otros son los desafíos de la sociedad actual. Hoy más que nunca el poder político, influyente por naturaleza, está menos controlado, y el derecho de gentes, aquel conjunto de normas jurídicas que rigen las relaciones entre las naciones, sucumbe ante éste poder, por carecer de capacidad para solucionar las diferencias, impasses y conflictos de todo tipo, por la vía diplomáticas, como corresponde. Nada de estos instrumentos jurídicos han logrado desarmar las dictaduras que son la máxima expresión de la violación de los derechos humanos.

La mayoría de estos organismos cuentan con presupuestos muy altos, plantilla de expertos, especialistas y burócratas enquistados, que buscan justificar su existencia y muchos se han convertido en refugio de gente con ideología de izquierda, como la OIT, la UNESCO y otras más que no han sabido interpretar las verdaderas necesidades de la sociedad y época actuales. Trump ha entendido que, si no se adoptan medidas extremas, como la actuada sobre Venezuela, jamás se podrá enfrentar a las mafias que, basándose en acciones perniciosas, están afectando a la juventud y a los países.

Dicho lo anterior, la ONU ya no le calza para lograr sus objetivos geoestratégicos al punto que gestiona la creación de un nuevo órgano internacional para solucionar conflictos globales, comenzando en el tema de Gaza. Francia, China, Noruega, Reino Unido, Alemania, entre otros, no adhieren y estarían examinando la iniciativa. Lo mencionado está aún en desarrollo y los escenarios no se ven aún claros. En cuanto al retiro de varios organismos, es potestad de cada país miembro pertenecer o no, pero si concretan previamente tendrá que evaluar si su determinación, a más de económica, es compatible con los intereses globales en cuanto a mantener la paz y contribuir al desarrollo equilibrado y ordenado de las naciones.

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