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La sociedad actual, tornada al hedonismo, motivada por la información que se esparce por el mundo, pero es parte de la vida que no es muy larga, quizá eso explica el abandono de lo espiritual en parte.

Algo común y extendido por el planeta es la necesidad de explorar y reconocer la sensaciones gustativas que animan nuestra vida y el espíritu, eso quizá explica porque la gente busca lugares donde pueda degustar comida diferente o aquella que alguna vez probamos y recordamos.

Quito tiene una extraordinaria oferta gastronómica que va desde lo casero, pasando por lo asiático, también latino y europeo, en fin hay para todo gusto, haciendo que los días de ‘aventura gourmet’ sean muy entrañables en la capital ecuatoriana.

La ciudad de Quito, dado su tamaño tiene muchas áreas un tanto dispersas, donde se puede gozar de los sabores culinarios. Sin embargo, acabo de descubrir que en la famosa avenida República de El Salvador existe un lugar, llamado Pepper Jack, que evoca esos clásicos rincones de Nueva York con todo el genial decorado, jazz y una oferta en carnes, dulces y más, que lo hacen un lugar muy intenso, especialmente para quienes deambularon por las viejas calles de la capital del mundo.

Todos quienes recuerdan sus pasos por la vieja Manhattan y perciben aún los bares y cafetines a orillas del Hudson, con meseros y barman que atienden y limpian con prisa, para gente apurada que nunca duerme, hoy pueden disfrutar de estos sabores y olores en Quito.

Nuestra existencia ciertamente no es muy larga comparada con las centenarias secoyas, pero bueno hay que vivirla y en términos de lo posible bien, lo que implica ser analíticos y escoger dirigentes aptos para guiar nuestras comunidades hacia un futuro de esperanza, al igual que la buena mesa.

A la gente que gusta agasajar el paladar y disfrutar el ambiente sugiero volver al ‘Nueva York’ de la República de El Salvador, para revivir recuerdos y sabores que son parte de nuestra existencia y están en nosotros en cuanto “permanecemos en el espacio tiempo”. En recuerdo de mi gran amigo y hermano Edgar.

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