La asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas, ha realizado su 81° período ordinario de sesiones, a la que asisten los jefes de estado y de gobierno; es la oportunidad para expresar el pensamiento, políticas, aspiraciones y preocupaciones de los países miembros, sobre variados tópicos de interés que se someten a la consideración de toda la comunidad internacional. Es el foro creado en el año 1945 luego de terminada la segunda guerra mundial, como mecanismo para la solución de conflictos y afianzar la paz.
El estado de situación global -caracterizado por la serie de conflictos en varios lugares del orbe-, ha hecho que a esta asamblea se la recuerde como la de más conflictos juntos y la menos protocolaria que tengamos memoria. El protocolo debe entenderse como un conjunto de reglas de orden y respeto mutuo utilizadas para eventos o ceremonias entre países. La clásica y elemental consideración entre las distintas delegaciones presentes se ha tornado, en esta ocasión, en demostraciones soberbias, altaneras y deslucidas, por decir lo menos.
El hecho de discrepar, tener visiones diferentes u opiniones diametralmente encontradas, no valida que se tornen violentas las discusiones y sean materia de ataques verbales o conductas no compatibles con elementales normas de educación y cortesía. Se ha estilado que, dependiendo del orador, la ausencia o retiro abrupto de los delegados y acompañantes en la sala se haya tornado normal. Se ha calificado esta conducta como una demostración de rechazo al personaje que hace uso de la palabra y no deja de ser una falta total de decoro. Escuchar no es coincidir, es una elemental forma de educación.
Con muy pocas excepciones, los discursos han sido muy cuestionadores a la labor y existencia misma de la ONU, en el sentido de que no ha estado a la altura de las circunstancias y no ha sido eficaz en cumplir los objetivos establecidos en su Carta de Constitución. Muchos son los que han expresado criterios cuestionándola severamente. El más duro, explícito y terminante fue el presidente Xavier Milei, al expresar que la ONU es una “organización inútil” que alimenta “a una casta de parásitos fatalmente arrogantes disfrazados de burócratas bien intencionados”.
El presidente del gobierno español fue directo y pidió una reforma del Consejo de Seguridad para “garantizar una representación justa de todas las regiones del mundo y acabar con el derecho de veto de los miembros permanentes”. José Raúl Mulino de Panamá propuso dicha reforma para “otorgar membresía permanente a países de América Latina y el Caribe”. Noboa se fue por el lado de las propuestas, señalando tres objetivos: Rastreo y congelamiento de activos ilícitos; plataforma permanente de intercambio de información; y, prioridad en la prevención de conflictos.
Dado el tema tratado, recordemos al gran Cantinflas en la película “Su Excelencia”; en un foro teatral, condenando la guerra, se preguntaba: “…si se siguieran las palabras de amor de un humilde carpintero de Galilea de hace 2000 años. Sin embargo, resulta que “se hayan confundido los términos y en lugar de amarse, se arman los unos contra los otros”. Es penoso reconocer que la humanidad pasa por momentos de profunda crisis en todos los órdenes y mientras no exista voluntad política de los líderes, continuará por el sendero de los conflictos cada vez más exacerbados y de pronóstico reservado en sus consecuencias.
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