“Las opiniones publicadas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan la opinión de la Asociación de Cotopaxenses Residentes en Quito. Todas las opiniones han sido publicadas con la expresa autorización de sus autores.

De acuerdo a la Constitución de Montecristi, redactada por el ala radical española “Podemos” con Pablo Iglesias a la cabeza, refrendada por Fidel, recomendada por Hugo Chávez y ejecutada por el delfín descubierto en Ecuador, Rafael Correa, somos un Estado de “derechos y justicia”, mientras antes éramos un Estado de Derecho. La diferencia es significativa. Ahora, todos los habitantes tenemos derechos que reclamar, aunque no se especifica la manera en que se van a “garantizar” las maravillas que plasmaron en el papel. Antes teníamos acceso a que se nos haga justicia y vivíamos con la seguridad de estar protegidos ante cualquier intento de vulnerar esa seguridad.

De la lectura de los 444 artículos, cualquiera se asombraría de las maravillas que nos ofrece la vida en este pequeño país. Las expectativas han sido muy altas, a partir de su promulgación en 2008. Penosamente, no hay mejor forma de decepcionarse en la vida que tener expectativas sobre dimensionadas en cualquier situación en la vida, hasta que la realidad nos pone los pies sobre la tierra. Eso es lo que ha ocurrido en estos casi 18 años de espera. Estos “derechos” son inalienables, irrenunciables, indivisibles, interdependientes y de igual jerarquía. Bien dice el refrán “yo te ofrezco, busca quien te de”

El fondo es que no existe un proyecto país sostenible en el mediano y largo plazo, que se sustente en las fortalezas que tenemos, que son muchas, para alcanzar un nivel de progreso que incluya a las grandes mayorías de jóvenes que aspiran alcanzar una vida digna con su propio esfuerzo. Las potencialidades que tenemos son bastas. Lamentablemente, estamos en manos de ambiciosos políticos que pasan su vida tratando de mantenerse en el poder, ofreciendo sacarle al país del estancamiento, sin tener la menor idea de cómo hacerlo. Impera el discurso de barricada, vacío, falso y engañoso. Todos los demás, excepto él mismo, son corruptos, mentirosos, farsantes.

Mirando hacia atrás, hemos perdido los últimos 50 años de petroleros improvisando el manejo del Estado. Seguimos a la deriva en los sectores claves de la economía. El Estado monopolizó la generación de todo tipo de energía y la Corte Constitucional, sin entender de donde sale la “luz eléctrica” bloquea la intención del Presidente de concesionar este servicio vital al sector privado, a su riesgo, para aprovechar de la mejor manera las fuentes de energía que sobran. Por todas estas miopías, estamos padeciendo de sed junto a la fuente. Los políticos deben apartarse a la hora de “resolver” estos problemas estructurales y dar paso a técnicos, que terminan migrando hacia países que les abren las puertas y se benefician de su talento.

Se requiere un giro de 180 grados en la mentalidad de los pseudo líderes políticos que manejan desde las sombras los cuatro niveles de gobierno en beneficio de un puñado de vivos que se pegan al poder y se convierten en hijos del rey Midas. Ese cambio solamente puede darse desde la ciudadanía. “La soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es el fundamento de la autoridad,” dice la Carta Magna, que cuelga de la pared de la democracia, sin hacerse carne en el afligido pueblo, que explota contra las caras visibles de turno. Cosa que es peor que arar en el mar, pues las huellas se borran a la vuelta de pocos días. Las noticias falsas que son tentáculos de los poderes destructivos, nos gobiernan.

Con motivo de otro año electoral, tenemos la oportunidad de hacernos respetar. Hagamos fuerza común para sanear el espectro político. Desechemos los candidatos reciclados, mentirosos, corruptos, que se venden con discursos de pacotilla.

¡ALERTA CIUDADANOS! 

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