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Este nombre particular se ha “viralizado” en el mundo entero. Se lo identifica con la República Bolivariana de Venezuela y con la mujer valerosa que ha liderado la oposición al gobierno Castrista de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, dignos representantes del denominado Socialismo del Siglo XXI. Hugo Chávez llegó legítimamente al poder gracias a un discurso demagógico populista que ofrecía convertir el país llanero petrolero en un paraíso donde todos los ciudadanos vivan muy bien cuidados por el papá Estado, gracias a una economía próspera aspirando a convertirse en una de las economías más importantes del mundo.

Una vez en el poder, las cosas cambiaron. El discurso quedó archivado, empezaron a salir las garras de Fidel que impuso su modelo bajo la nueva etiqueta. Organizaron a los habitantes de los tugurios llamados “ranchos” que rodean Caracas en fuerzas paramilitares incondicionales al Régimen, gracias a la relación remunerada que mantienen. Poco a poco se fue mermando a la oposición con amenazas, persecución, terror, violencia y guerra sicológica.

Se trataba, ni más ni menos, de extender el modelo “desastroso” cubano al país más rico de Latinoamérica para vivir de él y salvar la “revolución” fracasada que fue sentenciada a muerte a raíz de la caída del muro de Berlín. Era una obsesión del último comunista en la Tierra, que quedó a la deriva flotando en un pedazo de balsa, condenada a desaparecer indefectiblemente. El modelo de destrucción caribeño ha tocado fondo. El títere de trapo, Díaz Canel acaba de revelar el estado calamitoso en que se encuentra la economía cubana. Todos los indicadores están por los suelos. Llegaron a donde siempre fue previsible. Ese es el fin de los compañeritos que viven del $$ XXI.

En este mar de autoritarismo, corrupción, adoctrinamiento, carencia de todo tipo, inflación incontenible, pobreza e insalubridades generalizadas, desesperación y desesperanza, surgió un puñado de jóvenes aguerridos que han enfrentado al régimen con las reglas teóricas de la democracia. La arremetida del régimen ha sido siempre furibunda e implacable. No han escatimado acciones por ilegales que fueran. No ha existido Organización de naciones ni Corte internacional que pueda detener esos abusos de poder. Los que osaron levantar la voz y desafiar al régimen, terminaron tras las rejas. El poder judicial venezolano es la vergüenza del continente. Hasta que llegó el turno de una joven mujer, armada con valores y principios, protegida por la bandera tricolor y el respaldo de las víctimas de los atropellos, desafió al poder en las urnas.

María Corina ha ganado todas las lides democráticas. Ha infundido tranquilidad, pero al mismo tiempo espíritu de lucha en su pueblo. Ha liderado una gran batalla pacífica. Ha sometido moralmente al inmoral que le negó el derecho a terciar en las elecciones. Decidió ceder su candidatura a un candidato que Maduro pensó en derrotar. La paliza fue innegable. Esto activó los mecanismos de fraude, que son franquicia del $$ XXI depurado en los años que llevan en el poder. El mundo entero despreció el más burdo robo de la voluntad popular. Pero la heroína continua cabalgando hacia la victoria, como lo hizo Bolívar, quien debe estar repugnado de la prostitución de su nombre en manos de Chávez y su conductor de confianza. El premio a la constancia y lucha cívica se plasmó en el premio Nobel de la Paz 2025. La cobardía demostrada por la cúpula corrupta de Maduro, que evidencia la amargura por la derrota, merece la condena de todo el mundo civilizado. La implacable persecución no ha podido acallar a la voz del pueblo en la persona de su lideresa.

¡FUERA MADURO! 

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