El mundo está padeciendo las consecuencias del cambio climático, advertido por los científicos que monitorean los efectos del mal uso de recursos naturales, sumado a los altibajos que han ocurrido en nuestro plantea desde hace millones de años. Pero los siete mil millones de habitantes hacemos caso omiso a las advertencias y preferimos seguir disfrutando de las comodidades que nos ofrece el entorno, sin medir sus efectos. La acumulación de factores negativos, nos altera la cotidianidad y de pronto despertamos a una realidad que nos negamos a aceptar.
La provincia de Cotopaxi y su población rural, tiene vocación eminentemente agrícola, desde tiempos inmemoriales. Esto obedece en gran parte, a la generosidad de la naturaleza, que nos ha dotado de abundantes recursos naturales que están a disposición, sumados a la alta calidad de agricultores, que labran la tierra con pasión. Entre esos recursos, contamos con abundante agua a nivel superficial como a nivel subterráneo. Más aún, la altura de la cordillera dota de gran capacidad de generación hidroeléctrica, gracias a caudales que corren montaña abajo, cuya potencia es proporcional a la diferencia de altura.
Toda la región está atravesando una emergencia por falta de lluvias y no hay razón para pensar que se trata de un efecto momentáneo, sino que más bien se puede extender pos meses. Cabe entonces, declarar en emergencia la dotación de agua y poner a trabajar a técnicos, que con toda seguridad serán capaces de plantear alternativas de acción. Gracias a Dios, la tecnología ha avanzado a grandes pasos y es posible aplicarla en los campos, para ser más competitivos frente a productores de países vecinos que nos llevan la delantera, a pesar de no disponer de los recursos que nosotros tenemos.
Penosamente, la clase política que no tiene preparación para enfrentar estos desafíos de la naturaleza, no tiene ningún empacho en explotar la angustia de los agricultores y politizar la crisis. Han tomado al gobierno en calidad de rehén, demandando soluciones demagógicas para ocultar sus protervos intereses, que se limitan a capitalizar el descontento popular en votos en su favor. Han descubierto la manera de armar su campaña gratuitamente y aparecer como los defensores del pueblo, cuando en realidad le están condenando a vivir en la miseria y el desconocimiento de la realidad.
Es muy fácil soliviantar a las comunidades con argumentos demagógicos alejados de la realidad. Están muy lejos de entender y mucho menos resolver los problemas de productividad, costos de producción, mejoramiento de semillas, incorporación de nuevas especies, tecnificación del agro, aumentar valor agregado, agricultura sostenible, optimización de riego y muchos elementos que pueden cambiar la realidad de los agricultores, como ha sucedido en países vecinos.
Todo esto está muy lejos de la visión de los pseudo dirigentes, que son buenos para lanzar arengas en contra del gobierno de turno y quedar como héroes, solamente hasta alcanzar el poder, que beneficiará a un pequeño círculo de avivatos disfrazados de dirigentes. Es buen negocio ser esa clase de dirigentes. No cuesta nada lanzar un discurso de barricada para engañar a sacrificados trabajadores del campo que actúan de buena fe sin sospechar lo que se teje a sus espaldas.
Los grandes problemas demandan grandes soluciones. Esas soluciones no aparecerán de la noche a la mañana. Cotopaxi requiere un proyecto de provincia. Este debe ser el objetivo de la sociedad organizada provincial. No se requieren manifestaciones sino “soluciones”. Es hora de contar con mesas técnicas de producción en el GADPC que construyan este proyecto y ejecutarlo. Podemos empezar haciendo realidad al proyecto multipropósito CHALUPAS que duerme el sueño de los justos desde hace una década.
¡ABAJO LA DEMAGOGIA!