El elemento vital, como su nombre lo indica, es imprescindible para la vida humana, sin el cual sencillamente dejaríamos de existir. Sin embargo, disponer de agua contaminada, en una de muchas formas, puede afectar a nuestra salud lentamente, en casos de manera imperceptible, pero con la ayuda del tiempo causa efectos perjudiciales en nuestra humanidad y muchas veces de manera irreversible, deteriorando la calidad de vida y arriesgando la vida misma. Penosamente, en la mayoría de los casos se evidencia el deterioro cuando ya han avanzado las consecuencias de los coliformes, bacterias, metales pesados u otros contaminantes que vienen sin costo como un valor añadido en el mundo actual, gracias a la intervención de los seres humanos.
Cotopaxi es una provincia estratégica en relación con el recurso hídrico, pues de aquí nacen los ríos que alimentan las tres cuencas hidrográficas del Ecuador: Esmeraldas, Guayas y Pastaza, que abarcan el 40% de los recursos hidrológicos, en superficie, del país. El cantón Latacunga tiene 22 ríos que nutren aquellas cuencas, que conducen sus aguas hasta descargar en el océano Pacífico (Guayas y Esmeraldas) o el Atlántico (Pastaza). La presencia de dos imponentes colosos como el volcán Cotopaxi y los Illiniza, cambian radicalmente el entorno aéreo, superficial y subterráneo que les rodea, hasta varios kilómetros alrededor, con vestigios que datan de miles de años de actividad volcánica.
Por un lado, hemos sido afortunados con aguas mineralizadas que salen de sus entrañas y son reconocidas como de las mejores en el mundo, aptas para consumo humano. En cuanto a los materiales pétreos, la fuerza del coloso Cotopaxi nos ha puesto al alcance de la mano una variedad de productos listos par uso en la construcción, como la piedra pómez, el chasqui fino y el polvo de piedra blanco, que le otorgan el primer puesto como proveedor de bloques para todo el país. Las minas de puzolana proveen la materia prima para producir cemento. Mientras que los deshielos de los glaciares alimentan los canales de agua para riego que satisfacen la demanda aguas abajo hasta Tungurahua. La atmósfera se comporta distinto a los otros valles de la serranía, creando microclimas variables que absorben los gases que emanan permanentemente de la boca del volcán. Se trata de una chimenea activa 24/7, aunque no visualicemos su actividad imperceptible.
Debemos estar conscientes de estos fenómenos naturales. El agua que tenemos en la superficie, utilizada comúnmente para riego y a veces para consumo, contiene minerales e inclusive metales pesados que deben ser monitoreados, pues algunos causan daños graves y/o irreversibles a la salud. Si a este fenómeno natural sumamos la mano del hombre que contamina sin piedad nuestros ríos, podríamos armar un entorno “crítico” que puede atentar lentamente contra nuestra sobrevivencia. Peor aún, el efecto es más rápido y profundo en personas vulnerables como niños, tercera edad, enfermedades crónicas o terminales.
Es obligación de toda actividad industrial, agrícola, minera o doméstica que altere la calidad del agua, tratar sus efluentes. La norma es “el que contamina paga” que incluye los costos de restauración, remediación y descontaminación. El Estado en sus diferentes niveles de gobierno, son corresponsables de proteger las fuentes hídricas.
Con este panorama, las personas amenazadas por los efectos de la contaminación de agua de consumo y de riego, y además causantes de buena parte de ella, debemos despertar y actuar. No son problemas de ahora. Tienen siglos de estar aquí, agravados por la contaminación de la “civilización” y la falta de conciencia para detenerla. Está prohibido verter sustancias nocivas o aguas residuales sin tratar, directamente en ríos, lagos o acuíferos. Aún estamos a tiempo.
¡RECUPEREMOS LOS RÍOS!