Donald J. Trump asumió el mando el 20 de enero de 2025 como el 47º presidente de USA, para un segundo período de 4 años. En apenas un año de mandato, ha revolucionado el mundo en materia política, económica y social, poniendo en jaque a las vetustas estructuras que han prevalecido al menos 100 años. Si bien es formalmente republicano de afiliación, no cabe duda que es ecléctico, pues sus acciones rayan en el espectro, de un extremo al otro. Los académicos no logran ubicarlo en ninguna de las corrientes conocidas. Es un modelo hecho a medida de su capricho para encajar en el mundo actual.
Podría ubicarse en el lado populista. Su estrategia de “hacer grande a América nuevamente” se basa en satisfacer los anhelos más auténticos de quienes fundaron la nación y sus descendientes que se consideran auténticos “americanos”. Esto es, una nación que se construyó sobre el principio de “libertad”, no dependiente de ninguna fuerza externa, con miras a construir una nación próspera, de oportunidades para todos, extremadamente liberal en sus creencias y respeto a la libertad ajena. El trabajo es el pilar de su economía. El Estado debe mantenerse al margen de las actividades del sector privado, abriendo espacio para la iniciativa privada, respaldando a sus ciudadanos y empresas que invierten en todos los rincones del planeta. La seguridad jurídica es, probablemente, el bien más preciado que ofrece USA.
A criterio del magnate, que mide todas sus ejecutorias en dólares, analizó la eficiencia del gasto público, para concluir que el despilfarro era monumental. Que gracias a la confianza de los inversionistas, se puede financiar fácilmente su gigantesco déficit anual. Cuestionó el papel de padre putativo del mundo, desde la primera guerra mundial. La mano generosa de los demócratas, según Trump, ha llevado a financiar todo tipo de actividades externas en nombre de la paz, solidaridad, democracia y protección de los más débiles. En el comercio, advirtió que, a su juicio, las negociaciones individuales con otros países perjudicaron a USA. Con este análisis, decidió poner fin a la era de generosidad y gobernar en función de los intereses de sus ciudadanos, sin importar las consecuencias a la contraparte.
En lo político, abandonó las organizaciones pomposas como la ONU y decidió tratar directamente con los líderes de los bandos en disputa, auto eligiéndose como el mediador. Con la diferencia que, impuso sus propias reglas, poniendo junto a él un arma y una chequera. El mensaje era claro. Quienes se sometían a sus condiciones, recibirían apoyo económico, inversiones, tecnología, etc. para superarse. Quienes no lo aceptaban, estarían en la mira para ser blanco de ataques en sus áreas estratégicas. No cabe duda que, a pesar de las protestas de ortodoxos, los resultados han dejado perplejos a todos. Basta analizar la operación Venezuela, Gaza, Ucrania, Irán.
En lo comercial, con el mismo espíritu unilateral, lanzó demandas inesperadas al mundo. El arma en este caso es el control de importaciones hacia Estados Unidos, el mayor mercado del mundo. Se cansó de los acuerdos bilaterales y multilaterales de comercio, demandando trato igualitario. Sometió en horas a todos sus socios comerciales a someterse incondicionalmente a sus caprichos. Emprendió una cruzada para “conquistar” nuevos territorios, ante lo cual nadie atina la manera de detenerlo. Groenlandia será territorio americano a la vuelta de la esquina. Todo esto ha puesto grandes inquietudes en los mandatarios el mundo. Ecuador no se queda atrás. Guardando las distancias, Daniel Noboa se gradúa como el primer discípulo de esta teoría de Estado con un arancel de 30% a los productos colombianos, como retaliación a declaraciones impertinentes del desubicado presidente Petro.
¡CUIDEMOS LAS FRONTERAS!