Para lograr objetivos de poder y venganza desde tiempos inmemoriales crearon al espía, cuya misión es informar y perfilar al “enemigo”, en compensación recibe pago o favor. Personaje siniestro, inteligente, de percepción aguda, totalmente sin escrúpulos, dispuesto a todo. La “cacería” de Maduro fue precisa por información de algún cercano que aceptó los 50 millones de recompensa.
Los “golpes de mano” ejecutan tropas especializadas y altamente entrenadas, guiadas por uno o varios espías que proveen información en el terreno, usan tecnologías de comunicación de última generación, por tanto dentro del grupo de mando del Gobierno vino la “filtración” del momento preciso para capturar al dictador, asesinando al cerco de seguridad con precisión.
La traición dentro de los cercos de seguridad es común, varios casos en la historia reciente lo testifican, las fuerzas enemigas crean escenarios de traición filtrando espías y sobornando a elementos cercanos al objetivo.
Esta información no trasciende, “no interesa a ninguno de los bandos”, así debió ser el rapto de Maduro, coordinado con ataques de misiles distractores, en tanto helicópteros neutralizaban con inhibidores electromagnéticos los radares, permitiendo llegar al punto de “extracción” y una vez eliminados los elementos del anillo de seguridad se llevaron el objetivo en cuestión de minutos.
Resultado de la operación, queda al mando la vicepresidenta Delcy Rodriguez, Trump sabe que dar otro paso tendría riesgos de un caos social indiscriminado, queda por verse hasta dónde quieren llegar en tiempos de escasez de recursos para el imperio. Los espías se eligen según necesidades y frecuentemente se enrolan políticos, diplomáticos, policías, periodistas, etc. que están en contacto con el poder.
La complejidad del asunto venezolano mostró que el “sistema democrático” construido para la paz, luego de la trágica Segunda Guerra Mundial, queda prácticamente en ruinas, dejando a los pequeños pueblos a merced de la voluntad omnímoda de los grandes imperios y sus intereses.
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