La noción del “hombre nuevo” no debe ser vista como un simple eslogan de alguna filosofía política, ni tampoco como una tendencia pasajera exhibida en vitrinas de moda. Más bien, se trata de cómo la ciencia y la tecnología están impulsando al ser humano hacia un estado donde compite con lo increíble. En la actualidad, el indicador de supervivencia ha superado los 73.3 años del 2025; hoy debe estar por los 75 años, dependiendo del sexo, y las expectativas apuntan a que esta barrera será aún mayor.
Muchas personas sueñan con alcanzar la inmortalidad, un concepto que todavía no comprendemos completamente y que nos lleva a preguntarnos cómo sería el ser humano bajo esas condiciones. Tal vez estaríamos compitiendo con lo divino, lo que podría parecer una insolencia. Sin embargo, los avances en nanotecnología, inteligencia artificial, metaverso, tecnología 3D, robótica, microbiología, genética humana, inmunología, fisiopatología integrada y otras áreas científicas sugieren que el hombre está cada vez más cerca de este objetivo.
La investigación del genoma ha permitido reemplazar nucleótidos de proteínas constituyentes de los cromosomas humanos, reparando daños que causaban malformaciones o enfermedades desconocidas al nacer. Se espera que este avance ayude a curar enfermedades como el cáncer. Existe la posibilidad de que también se descubra una forma de evitar el envejecimiento y prolongar la vida, ya que se conoce el gen relacionado con dicho proceso. Han pasado millones de años para que el medio transforme ciertas partes cromosómicas sobre las que actualmente se puede intervenir y corregirlas; aun así, tendremos que esperar un poco más para actuar efectivamente en ese sitio preciso.
Las defensas inmunológicas humanas han progresado significativamente, permitiendo el tratamiento de enfermedades que antes no tenían solución. Los avances en el estudio de los linfocitos T ayudadores han generado expectativas sobre la protección y supervivencia del ser humano. En el campo de la microbiología, se buscan novedosas conexiones nerviosas, llegando a construir filamentos de dimensiones milimétricas. Ocurre lo mismo en el trabajo intracelular: la tecnología 3D mejorada nos permite crear copias de tejidos para operar cambiando o añadiendo elementos satisfactoriamente, reemplazando otros órganos en un futuro cercano.
Actualmente se trabaja en la creación de fragmentos de tejido con bombas de medicación incorporadas para tratar enfermedades, asegurando que funcionen con la fisiología normal del cuerpo. Considerando los avances tecnológicos, destaca la integración de copias de espacios del cerebro y sus funciones, permitiendo la creación de maquetas con todas las actividades cerebrales en un chip. Esto podría hacer posible que, después de la muerte, la persona permanezca presente cerebralmente en una copia. A esto se suma la posibilidad de adaptar estos avances a las ciencias biológicas para formar tejidos, estructuras y órganos, construyendo robots o copias exactas de la persona. Se pretende, como se había manifestado en otro artículo, que la información que capta el cerebro sea conectada con la nube mediante un chip en la corteza cerebral, ampliando de esta manera la cantidad de información disponible.
Viene a colación la pregunta que el escritor español Javier Cercas quería hacer al Papa Francisco, a quien acompañó en su viaje a Mongolia. Por encargo de su madre, quien había perdido a su marido, quería conocer la respuesta sobre la reencarnación y la vida eterna, ya que ella deseaba encontrarse con él en la otra vida. Este relato se encuentra en El loco de Dios en el fin del mundo. Lo que no se podría es reproducir la conciencia, el pensamiento y los sentimientos de un ser humano.
Hay que ver los avances como una ayuda y no como un adversario, pese a comentarios de prensa recientes sobre productos de IA que supuestamente “chantajearon” a su creador. El costo será alto y lógicamente se pensará en una división de clases y de perfecciones físicas; pero también se puede considerar lo sucedido con los celulares, que inicialmente costaban mucho y eran solo para clases acomodadas, mientras que hoy en día toda la humanidad posee no uno, sino varios a precios muy bajos. ¿Podrían estos progresos representar la continuación de la vida humana, prolongando la existencia del hombre original? En este escenario, sería posible ver a un ser humano compartiendo, e incluso compitiendo, con su propio robot.