Y así lo quiso.
Que se trabaje más científicamente, con motivación y certeza comprobada. Actualmente hay avances que necesitan de mayores resultados coyunturales verdaderos, no peligrosos.
Como habíamos revisado algunos datos en la primera parte y manifestado que el razonamiento lógico era una dificultad para llegar a conclusiones reales; efectivamente, si comprendemos que los seres humanos necesitamos de la comunicación para hacernos entender, ya sea escrita, oral o mímica, esta comunicación expresa ideas, y estas ideas encierran conceptos o hipótesis elaborados por nuestro poder cognitivo y habilidad para expresarnos. Imaginémonos, la misma palabra va a tener un sinnúmero de acepciones, de significados en varias edades, capas sociales, poblaciones y en varios otros idiomas; en la misma escritura, como componente de diferentes oraciones gramaticales, igual, si son expresadas oralmente, ya sea por el tono de la voz o modismos localizados puede ser diferente. Es decir, si este componente (palabra, verbo) lo ponemos en una idea en el caso de la escritura, ¿cuántas ideas podemos expresar en una estrofa? Por lo tanto, en una estrofa existirán múltiples probabilidades y cuántas más se podría contar en una página o un libro.
Estos millones de datos, al ser recogidos por la IA, podrían tener una falta de coordinación y dar contestaciones muy diferentes a la deseada, por no tener codificado el pensamiento de la pregunta, debido al inmenso número de información almacenada y que aún falta por recoger mediante los tokens, que son representaciones digitales con permiso y como dispositivo seguro, que en buenos términos sería una programación informática segura.
La IA, por lo tanto, tiene dificultades relacionadas con la memoria contextual, el sentido común y la interrelación social. Dentro del sentido común, no habría ese poder mental para imaginarnos y anticiparnos a muchos hechos propios del razonamiento humano, que ve, oye, siente, presume, que tiene ideas sociales y puede relacionarse con diferentes entes civilizados.
Llegar a la perfección de una máquina de interrelación a través de la nube supone mucha investigación, agrupación de científicos que estén trabajando en sistemas de algoritmos, adentrarse más en la neurociencia, ya que no es posible que a todo el mundo se le pueda hacer una cirugía del cráneo para implantar un chip; se necesita experimentación para escoger el ingreso posible en las zonas respectivas del cerebro sin hacer daño físico. Entiendo que hay estudios y experimentos en animales que están buscando, a través de la circulación sanguínea, llegar a esos sitios, sabiendo que la sangre, al alimentar las neuronas con oxígeno, glucosa, proteínas y otros elementos, lo hace en tiempos mínimos de acuerdo con los impulsos del corazón, que pueden ser medidos mediante resonancia magnética cerebral contrastada y selectiva; lo mismo se puede hacer con la capacidad eléctrica de comunicación neural, mediante una simple electroencefalografía. Pero en eso no está todo, ya que supongamos existan personas con problemas de la sangre (alteración de los factores de la coagulación), o del corazón (arritmias), o de los vasos (estrecheces o aneurismas) y patologías del mismo cerebro, el aporte no será el mismo que para una persona normal. Es decir, todavía es incierto el avance de esta interconexión con la nube a
través del implante de microchips puestos en el cerebro mediante otras vías menos cruentas.
Se está trabajando en nanochips, más diminutos, e hilos de conexión entre neuronas, de diámetro infinitamente más delgados que un pelo humano, pero ¿cómo se puede implantar a la humanidad? Esto será otro problema ético y voluntario. Hay novelas de ficción sobre el tema de implantes, con varios carismas.
También la discusión entra en lo legal y lo espiritual de la religión. Por lo visto, es conveniente adelantarnos en regulaciones y leyes que controlen, que sepamos quiénes producen dichos aparatos y tengan los permisos necesarios, que sean aceptados luego de una intensa discusión entre científicos, legistas y especialistas de los efectos psíquicos y espirituales del hombre, ya que pueden servir para muchas cosas buenas, como para malas y hasta mortales, como guerras.
Por lo expuesto en este trabajo, que involucra la medicina y la información, se aprecian numerosos errores y preocupaciones. A lo mejor, con el andar de los años se pueda saber que la solución se encuentra por fuera del organismo humano mediante contenidos, aunque no resuelvan una deducción específica, sino que se llegue por deducción a la estructura del problema. Esto, a su vez, traerá otro problema: el de no saber de dónde se sacó la información, pero se puede hacer como se hace hoy día por estadísticas; aunque también se corre el riesgo de crear una caja negra de datos erróneos.
Que difícil tarea de la ciencia.