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Ya estaba acostumbrada la sociedad ecuatoriana: presenciar los crasos errores cometidos por Correa al momento de escoger, sin consultar a nadie, a sus candidatos, particularmente para la presidencia de la república y de los máximos dirigentes del movimiento RC5. Fue evidente el fracaso, con Arauz en las elecciones contra Lasso, y luego con Gonzales, frente a Noboa. En ambas elecciones, los escogidos a dedo resultaron ser un completo fracaso, pues los electores decidieron rechazarlos, dándose cuenta de que les tomaban el pelo.

Pero el error, con Rivadeneira, para dirigir la organización, ya es la tapa; decisión que hace pensar muy mal a muchos politólogos, comentaristas y opinadores, debido a que la señora no era, precisamente, la opción más recomendable. En redes sociales apareció una intervención de ella, en una de esas reuniones en las que solamente se lisonjean y aplauden entre ellos. Haciendo gala de sus convicciones ultra revolucionarias y recalcitrantes, con voz de megáfono destemplado gritaba: “Que viva el pueblo de Cuba, que viva la Patria Grande, que viva el Che, Fidel, Raúl, que viva Miguel Díaz-Canel, carajo”.

¿Habrá cambiado su discurso revolucionario y jurásico después de seis años de autoexilio en México? ¿Se atreverá a desmentir su ideología comunista? Más, la pregunta del millón es: ¿Cuál podría ser el aporte que dará al país el partido bajo su dirección, teniendo como base una ideología fracasada en todos los lugares en los que se aplicó? Además, la admiración por los líderes citados no asegura nada bueno, porque nada bueno hicieron: por el contrario, arruinaron a sus pueblos en todo sentido.

Según ha expresado Correa, “la elección” de su escogida, ha sido la máxima expresión de democracia interna nunca antes vista en el país, palabras más palabras menos. Recuerdo que la Izquierda Democrática nos dio la mayor lección de democracia interna cuando, en elecciones abiertas, Rodrigo Borja venció a Raúl Baca para ganar la candidatura a la presidencia de la república. No hay que confundir designación a dedo, con elección a cargo de la militancia del partido mejor organizado en la historia reciente.

En otro escenario, Marcela Aguiñaga, otrora fuerte integrante de alianza país y luego de la revolución ciudadana, alcanzó a reunir más gente que la convocada para la asamblea de la RC5; anunció la conformación de un partido político para correr por la reelección a la prefectura del Guayas, con un discurso práctico, posicionándose en el centro izquierda política. Reconoce la necesidad de hablar con el gobierno si es necesario cuando los intereses de la provincia así lo demanden, dando un giro claro y prudente a la forma como los políticos deben proceder para solucionar problemas del país.

El proyecto Aguiñaga es otro revés para la RC5. Está fatalmente condenada a su desaparición por consunción, dado que Ribadeneira ha radicalizado su posición defendiendo -en su último discurso-, a chavistas, abogando por Maduro y evocando a su adorada Cuba de Fidel. Ojalá se haya olvidado de repetir la famosa frase -atribuida al grupo folclórico chileno Quilapayún- : “que se dé vuelta la tortilla, que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda”. Si Marcelita logra ganar nuevamente la prefectura, sin el cobijo de Correa, será el último clavo en el féretro de esta organización, por carente de objetivos de país, alejado de la realidad nacional y haciendo el papel ridículo de asesorar a un señor preso en una de las cárceles del odiado imperio, al que muchos aspiran ir.

Por todo lo mencionado y acontecido, muchos de los arrepentidos, dicen: ¡Con Luisa estábamos mejor! 

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