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Las respectivas autoridades de la administración de los Estados Unidos de América, acaba de alertar a sus ciudadanos que reconsideren desplazarse a las provincias de Manabí y Santa Elena por los riesgos vinculados con la delincuencia y terrorismo; medida ciertamente lamentable que pone a la industria turística en una situación de alarma por las repercusiones económicas y sociales a importantes regiones del país que se han caracterizado por un constante crecimiento, gracias al trabajo de sus empresarios que han visto en esta industria una fuente de desarrollo. Esta advertencia incluye también a otros sectores.

No es una simple alerta, pues, viniendo de donde viene, resulta altamente preocupante: por lo general, éstas alertas se dan luego de nutrirse de información relevante y comprobable, proveniente de funcionarios de las embajadas y consulados acreditados en los países. Además, las mismas empresas que se dedican a estos menesteres tienen datos, reportes de los usuarios y más información que adecuadamente procesada sirven de motivación para una medida de tal magnitud.

Lo más grave de estas acciones es que el sólo hecho de mencionar a determinadas áreas, éstas repercuten colateralmente a otras circunscripciones: es una especie de círculo perverso que amplía el mensaje, dado que el cliente no necesariamente está en condiciones de analizar el alcance de la peligrosidad de un solo sector determinado para resolver si viaja o no. Las empresas que manejan esta industria, por lo general, hacen su trabajo tratando de minimizar el riesgo y asesorando a los usuarios y viajeros que el resto del país no está sujeto a tales alertas.

Como habíamos advertido en una entrega anterior, el Foro Económico Mundial, al pasar revista al índice de desarrollo de viajes y turismo, ubicó al Ecuador en el puesto 80 de entre 119 naciones, señalando que a pesar del gran potencial de América Latina para el turismo, impulsado por la naturaleza y el impacto socioeconómico positivo de esta industria, la región aún enfrenta varios desafíos clave, como son las condiciones de seguridad deficientes destacando los altos niveles de crimen y violencia organizada.

El presidente de la Federación de Cámaras Provinciales de Turismo (Fenacaptur), en el programa notimundo estelar, del lunes 24 de agosto, manifestó su preocupación por la alerta mencionada, y, al propio tiempo, expresó la necesidad de que el país cuente con un “relacionador público” que se encargue de explicar técnicamente los reales eventos sobre seguridad que se producen y redoblar esfuerzos para promocionar al país. Recalcó que al actual presupuesto para promocionar el país subió a 39 millones, lo cual es importante.

Resulta necesario que se identifique a las cadenas noticiosas que difunden estas malas noticias para posibilitar una explicación inmediata de parte de la administración nacional turismo y evitar que se las difunda sin tener también la réplica que amerita. Las embajadas y consulados deben jugar un rol importante en esta dirección, ofreciendo información que ayude a generar confianza. Ciertamente son medidas que en algo pueden ayudar, pero convengamos en que la cuestión es mucho más de fondo que obliga a seguir luchando en todos los frentes para erradicar, o al menos atenuar, este flagelo del crimen organizado que afecta no solamente al turismo sino a todas las industrias en general. Ofrecer seguridad es un valor que debe primar para conseguir que el turismo sea efectivamente un instrumento generador de trabajo y desarrollo.

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