La vida nos sorprende a la vuelta de cada esquina. El ser humano debe hacerse resiliente a los altibajos, pues son parte sustancial de la existencia. Sin embargo, nos criamos con la esperanza de que todas sean buenas noticias y tratamos de no pensar ni prepararnos para las malas. Especialmente indeseables, son aquellas que nos afectan sentimentalmente, sea relacionadas a un familiar cercano, a una pareja sentimental, o personas de bien en nuestro entorno.
La muerte es parte esencial de la vida. Aunque nuestra mente se resiste a pensar la lejanía o proximidad del fin de nuestra existencia, es una realidad que convive con cada ser humano. Paralelamente, cada individuo debe desarrollarse intelectual y emocionalmente, utilizando su capacidad de raciocinio, que le diferencia de los “otros animales” que cohabitan el planeta.
La autodeterminación nos lleva a determinar el uso que le vamos a dar a nuestras capacidades y limitaciones. Si bien las oportunidades que tiene cada individuo son diversas y muchas veces las limitaciones son severas, no queda alternativa al esfuerzo por sacar el mejor provecho de las oportunidades. Especialmente, estas ocurren en relación a la educación. En nuestro país, existen muchas limitaciones en este campo, tanto en la calidad como en la cobertura para que todos los niños y jóvenes accedan a ella. Considero que esta realidad limita en alto grado el alcanzar una mejor calidad de vida para todos y debe ser enfrentado como primera prioridad.
Con estas consideraciones, quiero destacar la trayectoria, penosamente interrumpida por un fatal accidente de tránsito, de Raúl Ilaquiche Licta, ciudadano indígena de 51 años de edad, casado con Lourdes Tibán Guala, con quien procreó tres hijos. Oriundo de Zumbahua, cantón Pujilí. Cursó estudios hasta alcanzar un doctorado en Filosofía, pocos días antes de enfrentar al Creador. La trayectoria en su vida estudiantil fue exitosa, destacando su especialidad en materia de derechos de las minorías, pueblos y nacionalidades indígenas, justicia indígena, derecho constitucional y ramas afines.
Fue diputado por Cotopaxi, Juez de la Corte Constitucional, secretario de la Cámara Provincial de Cotopaxi, candidato a Alcalde de Pujilí, dirigente de organizaciones indígenas y asesor de la CONAIE. En todas estas posiciones, demostró convicción por la defensa de los intereses colectivos, especialmente de los pueblos indígenas y su lealtad con las organizaciones que fueron su entorno desde la adolescencia. Sumó sus capacidades a las de su cónyuge y las transmitió a sus hijos, Kaya, Ayan y Saani, quienes demuestran la calidad humana de sus progenitores. La vida le permitió llevarles de la mano hasta encaminarles hacia nuevos destinos y retos. Cumplió con excelencia su misión de forjar ciudadanos de bien, que lleven con la frente en alto su origen indígena.
Su influencia en la lucha por la reivindicación de Derechos, fue destacada. Representar a los pueblos olvidados, conlleva una gran responsabilidad, pues una mala concepción de sus objetivos y acciones para alcanzar los cambios esperados, puede conducir hacia un agravamiento de la convivencia y empeoramiento de los problemas. Raúl se destacó por estudiar problemas y soluciones realistas, fundamentadas, objetivas y por encima de todo, que resuelvan las angustias de su pueblo.
Fue un gran ejemplo para todos. Mantuvo la intelectualidad como arma contundente, llevando con altura la discusión de los problemas y sus soluciones. Entendió a cabalidad la forma racional de enfrentar los temas álgidos, demostrando diáfana y sustentadamente sus aspiraciones. Dejó el camino abierto y decidió seguir la lucha en otra dimensión. Es una lamentable pérdida, no solamente para los pueblos a los que defendió, sino para toda la sociedad, que requiere más personajes con esta talla profesional y humana, para lograr una mejor convivencia.
PAZ EN SU TUMBA