A escasos siete meses de “votar”, para que tres meses después se “elijan” a los ungidos por el pueblo (o quizás el CNE) para gobernar en provincias, cantones y parroquias, para los siguientes cuatro años, el ambiente se pone denso. Aparecen por doquier, políticos fracasados que salen renovados del cementerio de la historia para sorprender a desmemoriados y nuevos votantes que han cumplido 16 años en adelante. Gracias a la tecnología cosmética y odontológica, desfilan como en concurso de sonrisas, con poses impuestas por sus asesores de imagen, con un discurso acartonado que ni ellos entienden. Mientras que los medios de comunicación les ponen un micrófono por delante para que se explayen ofreciendo “el oro y el moro” sin sonrojarse.
Ni siquiera tienen coherencia entre los discursos, lo que evidencia la improvisación para satisfacer a la audiencia del momento.
El batallón de “precandidatos” se puede segmentar en dos grupos. Uno, de experimentados que ya han ostentado una dignidad de elección popular; y otro de primerizos. Los segundos, son un albur que se juega la ciudadanía, al no saber si realmente tienen conocimiento y preparación para administrar la cosa pública, que es compleja, en medio de un mare magnum de leyes, reglamentos, ordenanzas, manuales, etc. que deben cumplir bajo la mirada dura y fría de la Contraloría General del Estado. Además de que deben sortear las trabas políticas que representa el Concejo Municipal multicolor, que en la mayoría de los municipios bloquea la acción del ejecutivo. Los neófitos en estas materias tienen alta probabilidad de fracasar, por mucha voluntad que tuvieren de cumplir con sus promesas.
Mientras que el otro peligro es entregar el poder a “toros jugados” que ya conocen su terreno, tienen el “equipo de cómplices” armado desde su administración pasada, han perdido el temor a la autoridad de control pues saben “con quien hay que hablar” para enterrar cualquier intento de sanción, tienen respaldo de contratistas “amigos” que desde la campaña “colaboran” invirtiendo para recuperar en los 4 años de administración del amigo.
En otras palabras, todo está armado para volver a entrar en escena y repetir las mismas mañoserías que hicieron. Como dice un líder populista, ¡volvemos por más! Aquí no hay donde equivocarse. La hoja de ruta está fríamente calculada para lograr los objetivos, que casi siempre son personales o de grupo, pero casi nunca coinciden con los anhelos de la población.
Frente a este panorama, los votantes debemos tomar acción, cuanto antes, para discernir lo bueno y lo malo de cada candidato. A los nuevos, hay que investigarlos en su pasado para entender sus aptitudes y limitaciones. Mientras que a los experimentados hay que investigarles en sus gestiones anteriores, pues con toda seguridad, podremos advertir sus falencias y fortalezas. Debemos espulgar, con lupa, lo sucedido en su anterior administración. De manera objetiva, es necesario valorar lo realizado. Ojo con las contrataciones, manejo presupuestario, recursos humanos, visión, planificación, auditorías de contraloría, fiscalía, cumplimiento de metas ofrecidas, nepotismo, etc. sabiendo que, por mucho que prometan un comportamiento distinto al que ejercieron, nunca se apartarán de la forma de gobernar que demostraron. El mentiroso no dejará de serlo, ni el ladrón dejará de ejercer su afición. Los corruptos profundizarán su estilo de prosperar en la vida.
Queda entonces la obligación de cada uno de nosotros, de conocer más de los candidatos que puedan merecer el ansiado votito. Idealmente, quien gane debe hacerlo por tener los méritos para administrar nuestra Patria chica donde vivimos y quisiéramos sea una ciudad con aire limpio, áreas verdes, servicios básicos de calidad, limpia, ordenada, con hermosos parques y jardines, segura y apacible.
¡INVESTIGUEMOS!