EL AVANCE DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN LA MEDICINA

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La ciencia y la tecnología han producido una nueva revolución. Muchas de aquellas revoluciones del pasado, unas de sangre, otras de operatividad en beneficio de la humanidad, como la industrial en Inglaterra a mitad del siglo XVIII, siempre trajeron expectativas sobre los resultados. Hoy estamos viviendo esa misma inquietud por los avances acelerados y el comportamiento humano.

La medicina es una de las aprovechadas en este nuevo avance del conocimiento; hoy sabemos los sitios a donde atacar en ciertas enfermedades, anteriormente mortales y desconocidas. Por ejemplo, en el cáncer de mama, que más ataca a las mujeres en ciertos periodos de su vida, la genómica mediante marcadores genéticos ha llegado a identificar genes en el ADN (ácido desoxirribonucleico) como los BRCA1 y BRCA2, que pueden alertar esta patología. De igual manera podemos comentar de otras enfermedades que, mediante la genética, la inmunología, la biología molecular, la física atómica, la química, la cuántica, la nanotecnología y la IA, están dando resultados positivos.

Si hablamos de la genética, esta se encuentra muy adelantada. Con el descubrimiento del genoma humano, iniciado en 1990, culminado en el 2003 y completado en el 2022, que secuenció 3.000 millones de pares de bases del ADN humano, hace que puedan ser mapeadas muchas enfermedades hereditarias y, principalmente, el cáncer.

El ADN está formado por dos largas cadenas de nucleótidos entrelazados en forma de doble hélice, una especie de escalera helicoidal. Cada nucleótido está formado por un azúcar, un grupo fosfato y una base nitrogenada. Todos estos forman los ácidos nucleicos, que son los encargados de llevar la información (ADN y ARN); es decir, los ácidos nucleicos son el esqueleto, los planos, las alas de la escalera y su eje central, y las proteínas el producto de la estructura final.

Las proteínas son macronutrientes esenciales formados por largas cadenas de aminoácidos para la estructura, función, regulación y defensa de órganos y tejidos. Es decir, las proteínas están constituidas por los aminoácidos, que son los bloques de la construcción, y los ácidos nucleicos llevan la información.

La medicina, mediante los avances de la ciencia y tecnología, se encuentra empeñada en buscar la causa de la patología del organismo humano y la terapéutica para las mismas con la ayuda de estos nuevos avances que han revolucionado el mundo en muchos espacios, inclusive en el espacio sideral.

Pero será necesario entender qué es lo que está sucediendo con el proceso para comprender los resultados. Con la ayuda de los ordenadores digitales, utilizando los bits como elementos trascendentales, se había avanzado muchísimo en la ciencia; en la actualidad se usan ordenadores cuánticos que trabajan con cúbits, que pueden resolver en centésimas de segundo lo que de otra manera se podría resolver en 10 mil años. Esta aceleración se debe a que, siendo los ordenadores digitales los que trabajan con microchips de silicio y calculan en series digitales del 0 al 1, los ordenadores cuánticos trabajan con átomos (basados en el generador atómico), cuyas placas del campo magnético son mucho más pequeñas que los microchips anteriores, por lo tanto mucho más sensibles a cualquier interrupción. Su movimiento de búsqueda no solo es vertical del 0 al 1 como los digitales, sino que, además, se mueve en toda dirección, por lo tanto abarca mayor información. Esta capacidad necesita un gran espacio que produce una gran energía, por lo tanto un inmenso calor que necesita ser refrigerado. Es aquí donde entra la química y la física. Se trabaja también en reemplazar las moléculas de átomos por proteínas para la estructura del microchip.

Si a estos avances de la ciencia aumentamos los de la tecnología para realizar reemplazos, por ejemplo de tejidos, podemos en algunos casos, con solamente controlar la orientación de las células mediante patrones químicos, dar resultados positivos. Este proceso se explicaría entendiendo que las células tienen componentes químicos formadores de proteínas; si hay un defecto en un tejido que contiene proteínas, quiere decir que las células que están dispuestas en forma lineal en ese sitio deben haber tenido una distorsión química que modifica la dirección celular. Si ponemos un componente químico igual al normal por debajo como guía, un riel sobre el cual alinear las células a tratarse o reemplazar, estas seguirán alineadas si se retira la guía, desapareciendo la distorsión del tejido. Por tanto, se ha corregido o cambiado el defecto.

Esto si hablamos de los tejidos; el trabajo a nivel celular es muy importante. Si comentamos de la oxidación de las células, unas por vejez, otras por abusos, los ensayos son verdaderamente asombrosos: se está trabajando en limpiar dichas células, que comparativamente viene a ser como el óxido de un metal. Igual sucede con la presencia de proteínas con doblez, que con su presencia se vuelve anormal, como las células cerebrales que provocan el mal de Alzheimer; las investigaciones tanto en la genética como la nanotecnología están muy avanzadas, introduciendo un nuevo reemplazo en el lugar indicado del genoma o limpiando la célula anormal mediante la introducción de un nanochip.

Este concepto propuesto se basa en llevar al sitio de lesión el material de recambio mediante un brazo nanotransportador en el que no se pegue la sustancia transportada, tal como lo hacen las enzimas y los ribosomas; esta tendría, en vez de una pinza, una punta con función electromecánica para recoger o cambiar un átomo o molécula. Esta punta sería una recombinación de átomos de carbono como jaula, enlazados al exterior con átomos de hidrógeno, llamado diamantoide, que podría ser formado en el interior del organismo a partir de la deposición química de vapor.

Esta nanotecnología en estudio llevará años en ser evaluada y puesta en práctica, ya que el proyecto es ambicioso; inclusive tiene miras en llevar a cada órgano o sistema estos nanocontroladores con la ayuda de la inteligencia artificial, de manera que podría pensarse en un solo nanocontrolador central. Esto, más el trabajo de un microchip en la memoria del cerebro humano conectado a la nube, la inmortalidad estará en juego para luego de no muchos años.

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