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La figura de la llamada oposición en democracia, es la encargada de tratar de hacer ver al gobierno de turno los errores, así como aportar ideas para optimizar los procesos legislativos, todo ello en la búsqueda de mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía. La oposición inteligente hace que pueda acceder luego al poder, al reconocerla como positiva, coherente y oportuna, así no sean aceptadas las sugerencias. Oposición es ejercer control, es ofrecer alternativas de cómo mejorar la conducción del gobierno y promover la discusión civilizada en la elaboración de leyes.

A propósito del proyecto de “Ley anti mafias” pospuesto a la Asamblea Nacional por parte de la bancada de ADN, Gabriela Rivadeneira -reflejando la singular manera que tienen de hacer política los de la RC-, ha dicho: “Sea lo que sea, nuestra postura es la oposición, y el voto de la bancada de RC es no a todo. No vamos a apoyar nada que venga del gobierno de Daniel Noboa”. Se trata de la forma de actuar propia de personas que se les acabó los argumentos, que les importa muy poco el destino del país y que únicamente quieren alcanzar el poder a costa de utilizar cualquier mecanismo por más ruín que fuere.

Resulta una necedad la anunciada oposición por la oposición, del no, porque no, toda vez que la ciudadanía más bien entiende como una clara expresión de irresponsabilidad, falta de razonamiento lógico, de manifiesta terquedad y ausencia de inteligencia. En esa línea de actuación, no tienen otro futuro que el fracaso: la gente no tolera más la politiquería barata, disfrazada de defensa de los intereses populares y la permanente odiosidad por aquellos que generan trabajo y contribuyen con acciones al desarrollo del país. Es por ello que también es nuestra responsabilidad la de elegir bien.

La intolerancia, como expresión de terquedad, no permite aceptar o procesar ideas ajenas; actitud que se atribuye a personas intransigentes que rechazan todo lo que provenga de otros, que incluso raya en el fanatismo, pasión desmedida, irracional y ciega. No es compatible la oposición ciega y nada edificante, con la real política que ante todo es servicio, al satisfacer intereses de grupos cerrados con odiosidades, envidias y resentimientos acumulados. Administrar un país requiere también del concurso de propuestas alternativas demostrando que son mejores.

Los verdaderos líderes no actúan sobre bases de antagonismos destructivos, sino de sugerir otras medidas para construir, no para torpedear u obstaculizar al gobierno de turno. Si la oposición no está centrada en aportar, tampoco es dable que se permita entrar en el campo de la violencia y la destrucción que solo trae consigo minar la capacidad de trabajo del sector privado que es el que genera trabajo y recursos, que se traduce en el círculo virtuoso del desarrollo, posibilitando ampliar las oportunidades para crear más fuentes de empleo para los jóvenes.

De todas maneras, esta forma de presentarse como el sector principal y agresivo de la oposición, hace concluir que el país está lejos de lograr construir espacios de consensos nacionales, de disponer de partidos políticos serios, base del sistema democrático, que sintonicen los requerimientos de la ciudadanía. Por tanto, son necesarias reformas a varios cuerpos legales que sienten las bases para un adecuado y moderno sistema de partidos que permitan, por ejemplo, desterrar la filosofía facilista, populista, del no, porque no, pues “el problema de los necios es que tienen la boca más grande que las ideas”.

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