Estamos convocados a las urnas el domingo 29 de noviembre para elegir Consejeros de Participación Ciudadana, Prefectos, Alcaldes, Concejales, Miembros de Juntas Parroquiales. Cerrado el plazo de inscripciones de candidatos, ahora el Consejo Nacional Electoral, se encuentra en tareas de calificación y atención de impugnaciones, dentro de un escenario nunca visto desde el retorno a la democracia.
Cambios de candidatos de un partido o movimiento político a otro, -diametralmente- opuesto, grupos “políticos” disímiles tratando ahora de justificar sus alianzas, de esconder sus vínculos y negar por ejemplo -su dependencia con del ex-presidente Correa-, o escondiendo su pasado por la administración pública y en búsqueda de contar con el voto para volver; intentando presentarse ante los ecuatorianos con un -diferente perfil-; aun a sabiendas de que la mayoría de ecuatorianos rechazan en cada parroquia, ciudad, cantón y provincia la forma de administración de quienes pretenden regresar con nuevos colores de camisetas y propuestas bañadas en demagogia pura, se presentan aupados en dos en dos corrientes la del actual Presidente Constitucional de la República y la otra que desde Bélgica el expresidente prófugo maneja a su antojo.
Para ir a sufragar el último domingo de noviembre, la ciudadanía viene solicitando a los medios de comunicación, a las autoridades electorales, a quienes hacemos opinión, la necesidad de que los “candidatos-as” a los diferentes cargos de elección popular, se presenten ante la ciudadanía y debatan, contrapongan ideas, planes, programas, dentro de sus derechos y obligaciones en cada puesto de elección para el cual participan; en este ejercicio técnico-democrático, los contendientes que van por la reelección deberán comenzar señalando porque no cumplieron con los ofrecimientos de sus gestiones en los cargos que pretenden reelegirse; y los nuevos, presentar sus propósitos y justificarlos. El debate bien llevado a efecto, seriamente planificado y con reglas claras y precisas ayuda a conseguir que la mayor parte del electorado decida definitivamente su voto, sumado a esto los antecedentes de cada uno de los candidatos.
El voto al que tenemos derecho de conformidad con la Constitución de la República y que nos permite elegir o ser elegidos, debe ser positivo-afirmativo-efectivo mucho más en los actuales momentos que vive la patria, se convierte en la herramienta más útil para sancionar a quienes nos han engañado, nos han mentido y nos han robado. El voto en democracia –aun en la débil y maltratada que tenemos- es lo único que nos puede ayudar a tratar de reparar y recomponer los cuerpos edilicios provinciales, cantonales y parroquiales¸ que decir del peligroso y maligno Consejo de Participación Ciudadana, que debe desparecer lo más pronto posible, pero que estando vigente por mandato constitucional, debemos elegir a personas idóneas, aptas, capaces, preparadas y con vocación democrática, que cumplan con los requerimientos del proceso electoral y estén encuadrados en las condiciones y requisitos vigentes para este fin.
Hoy más que nunca el país requiere la toma de decisiones serias, la sociedad ecuatoriana necesita romper la polarización determinada por el grupo liderado desde Bélgica y también hacerle notar a la actual administración que no todo está bien. El voto debe ser positivo, no anulemos el voto; ahora, -el domingo 29 de noviembre de 2026- demostremos que verdaderamente estamos pensando en nuestra patria grande, en nuestras patrias chicas. Votemos de manera efectiva, hagámoslo en contra de la mentira, la farsa, la comedia, por un futuro de esperanza, en salud, educación, seguridad y trabajo, no dejemos que la corrupción se mantenga y peor aún crezca, recuperemos los cuerpos edilicios de grupos plenamente identificados.