Disgusto y elecciones

“Las opiniones publicadas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan la opinión de la Asociación de Cotopaxenses Residentes en Quito. Todas las opiniones han sido publicadas con la expresa autorización de sus autores.

Las sociedades se conmocionan frente a las crisis, si estas las afectan directamente en el ámbito económico, político, energético y social; estas dificultades tienen resultados negativos en la población, producen inactividad económica, laboral y la perdida de trabajo tanto en el sector público, cuanto en el sector privado, se hace presente y se siente pobreza en un país donde la creación de empleo no solo se ha estancado, sino que ha crecido. Mientras tanto, el pudrimiento de la sociedad ecuatoriana en casi todos los niveles de la actividad pública y también de la privada –pese a la gran lucha implementada por el Estado, no cede-. La lucha continúa y será por mucho tiempo.

Este panorama desalentador va haciendo crecer la indignación y se hace presente un fatal desengaño en la población menos favorecida de esta relación social, los síntomas de las crisis que estamos viviendo, ahondadas por los problemas que presenta la naturaleza, va minando la fortaleza del pueblo llano, que mira como su esperanza en días mejores se va diluyendo y, como contra parte, van agrandándose diametralmente las distancias del camino hacia la consecución de metas que conjuntamente con el sector privado (alianzas Público-privadas), hagan posible la creación de nuevas fuentes de empleos; que la base de sustento de la pirámide que sustenta al IESS –administrador de la seguridad social- crezca; que de la misma forma como el Estado cumple con la deuda externa y en general con su constante endeudamiento, también nos preocupemos por cumplir con la deuda social interna; que dentro de ese cumplimento de la deuda social interna, nos acordemos de la millonaria deuda al IESS y en general, al Sistema Nacional de Seguridad Social.

La desazón ciudadana (así no se la quiera reconocer), es uno de los elementos fundamentales con el cual los ciudadanos acudirán el 29 de noviembre del 2026 a consignar su voto para elegir autoridades provinciales, cantonales, parroquiales, para conformar el Consejo de Participación Ciudadana y Control social. El descontento al que hacemos referencia no es solo con el ejecutivo, es también y fundamentalmente asimilable directamente contra la gran mayoría de quienes están dirigiendo las parroquias, los cantones y las provincias; jurisdicciones en donde se advierte una des-administración en muchos casos y un abandono de obra pública en esos territorios; no se diga, la lamentable vigencia de corrupción galopante en los manejos de los fondos públicos, conforme consta del informe de la Comisión de Fiscalización de la Asamblea Nacional, que señala a decenas de funcionarios entre Alcaldes y Prefectos que no justifican el crecimiento de sus fondos patrimoniales personales; muchos de ellos pretenden que el pueblo los reelija, intentando justificar su inacción y la falta de capacidad para liderar procesos de cambio que requieren las comunidades nacionales, con demagogia barata y propaganda engañosa prohibida por la ley. Lo cierto es que, las demandas de las comunidades de las parroquias, cantones y provincias han sido relegadas e insatisfechas; la mayoría de las promesas que las Juntas Parroquiales, Alcaldes y Prefectos hasta ahora en funciones, ofertaron a sus electores, no han pasado de ser promesas y ofertas populistas y demagógicas, constituyen un verdadero engaño para las poblaciones, las que una vez más, han sido engañadas por estos tramposos, embaucadores, chantajistas, vestidos de políticos y demócratas.

Así las cosas –las Juntas Parroquiales, Alcaldes y Prefectos-, no tienen justificación frente a los electores para pretender un voto que los reelija – están muy pocos, contados con los dedos de una mano, quienes han cumplido-. Los cuerpos edilicios con mayorías obedientes y no deliberantes procedieron una y otra vez a cambiar los presupuestos municipales y provinciales, adecuándolos al interés de los ejecutivos parroquiales, municipales y provinciales, en esas condiciones se aventuran a pedir su reelección. No debemos desconocer el gran esfuerzo del gobierno por devolvernos la seguridad –presupuesto substancial -junto a la salud y la educación, para poder proyectar a una sociedad hacia un futuro mejor; así mismo hemos de evidenciar muy pocas ciudades del país en donde se ha efectuado obra pública; mientras en otras se han programado a ojo de buen cubero otras que verdaderamente no se justifican frente a las grandes necesidades y prioridades de las urbes.

En el ámbito de nuestras, parroquias, cantones y Provincia, tenemos que advertir que los electores deberán decidir si continuamos con la administración del Partido Político Pachacutik, el cual ha “administrado” la provincia por cerca de veinte y cinco años, deberemos evaluar que ha pasado bajo su tutela; mientras que, en la ciudad y cantón Latacunga están terciado por la “reelección tres ciudadanos que ya ejercieron ese cargo de elección popular. Para las empresas encuestadoras frente al panorama real planteado, los electores, -no solamente que una vez más harán fracasar a dichas empresas, sino que en mi opinión se producirá un cambio radical en el mapa político de antes del proceso electoral del 29 de noviembre, los resultados que se obtengan serán totalmente diferentes a los que se vienen pronosticando; que el descontento que advertimos se transforme en esperanza de que vamos a tener mejores días para las parroquias, ciudades, cantones y provincias. 

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