El paso del tiempo es implacable. Estamos a pocas semanas de enfrentar nuevamente el estiaje, que anualmente se produce en nuestros territorios. Para efectos climatológicos, cuentan las dos grandes cordilleras, occidental y central. Las corrientes de aire húmedo provenientes de la Amazonía, impactan las estribaciones de la cordillera oriental, lo cual da lugar al “bosque húmedo” debido al clima húmedo lluvioso. Cosa similar pero en fechas opuestas del año, ocurre en la cordillera occidental. Gracias a estos fenómenos, se pueden aprovechar los caudalosos ríos que descienden de la alta montaña, a gran velocidad y por tanto, aprovechando las diferencias de altura en varios sectores, canalizar hasta impulsar turbinas que convierten dicha energía mecánica de empuje, en energía eléctrica.
Esta energía es limpia, no contamina, de bajo costo de operación, mientras exista la disponibilidad de los caudales suficientes para generar energía a la capacidad de diseño de la respectiva central hidroeléctrica. Todo suena perfecto, mientras la naturaleza no disponga otra cosa, como el caso de los estiajes, que son previsibles y deben ser enfrentados con otras centrales de generación para dichos períodos. Deberían alternarse para disponer de capacidad de generación similar en las dos cordilleras. Por ahora, existe la mayor capacidad instalada en la cordillera oriental.
Mientras que, gracias al crecimiento demográfico, incremento de la demanda por actividades productivas y la creciente ola de aparatos tecnológicos que demandan mucha energía eléctrica, se eleva descontroladamente la demanda de energía eléctrica, frente a la impotencia del Estado central ecuatoriano que, por disposición constitucional, es titular de la “competencia exclusiva sobre los recursos energéticos”, desde la Constitución de 2008. Penosamente, este sector estratégico para el desarrollo de un país, no puede avanzar a un paso menos rápido que la evolución de la demanda. Mientras no atienda las necesidades de inversión que requiere el sector, nos encaminamos a lo que ahora vivimos.
En los 17 años que han transcurrido de esta absurda limitación legal, el Estado ha realizado varios proyectos fracasados, incompletos, defectuosos, e inapropiados. En el estiaje que se avecina se estima un déficit de energía de 20% que representa cerca de 1.000 MW. Se suma el perjuicio de suplir la falencia con energía comprada a Colombia, generada por barcazas de altísimo costo, generar toda la capacidad de energía térmica quemando combustible derivado de hidrocarburos, etc. Aún con estos esfuerzos, no será posible satisfacer la demanda. Entonces, ¿Quién se debe quedar sin luz?
En la desesperación de disminuir la demanda y/o incrementar la generación, se ha dictado un decreto ejecutivo por parte del Presidente Noboa, por el cual impone a los grandes consumidores, que son pocos pero tienen un peso importante en la economía nacional, que serán “desconectados” del sistema nacional de electricidad apenas sea necesario programar “apagones” de manera tal que sufra la producción y no cause malestar a los consumidores domésticos, que posiblemente tengan más peso político que las empresas privadas. Además, les conmina a que dentro del plazo de 18 meses, instalen su propia capacidad de generación para auto abastecerse.
Este es un pésimo mensaje a los potenciales inversionistas extranjeros, que demandan altos niveles de energía eléctrica, que ahora sabrán que en el Ecuador, “cada uno se las arregla para ver de dónde consigue la energía que necesite”, a pesar de que no es su línea de negocio, y que al hacerlo tendrá que disponer apenas de una “concesión” limitada en el tiempo para generar bajo las condiciones que le imponga el dueño de la generación. Este es un estoque mortal a las grandes inversiones que demanda mucha energía. Todavía están a tiempo de corregir y buscar vías más equitativas de enfrentar el estiaje.
¡MAL PASO!