Muy penoso lo que ocurre en el hermoso cantón de Pujilí, tierra de músicos, maestros, intelectuales, artesanos, destacados oficiales de policía y ejército, autoridades eclesiásticas y de mis ancestros. Su historia se remonta a la Colonia y ha sido respetada por eminentes valores humanos que ocuparon funciones de dirección en su municipio. Su actividad económica fue muy dinámica en la época en que la vía principal hacia la costa era la ruta Latacunga – La Maná, antes de construirse la vía Aloag – Santo Domingo de los Tsáchilas. Ahora que dicha carretera ha sido repotenciada, va retomando de forma paulatina su actividad, a pesar de las constantes interrupciones por la agresividad del clima.
En razón de la intervención de la Fiscalía General del Estado en una indagación que lleva a cabo en este cantón, fue noticia lapidaria en todo el país los allanamientos a una veintena de sospechosos de haber cometido peculado en la presente administración. Causó asombro en toda la provincia y en el país, luego de la buena imagen que venía construyendo el alcalde José Arroyo, elegido con la segunda mayor votación en el país en su primera aparición en la arena política y con un estilo muy distinto, buen discurso y carismático, a pesar de sus propuestas controvertidas y desafiantes.
Antes de este triste episodio, la administración municipal se ganó el respeto de la ciudadanía en los dos primeros años de su gestión por la excelente obra que está a la luz pública. Cargado de energía, buen gusto para diseñar los espacios que otrora pasaban desapercibidos, ante el asombro de propios y extraños se veía al burgomaestre dirigiendo las obras personalmente y hasta sumando su personal esfuerzo para ejecutarlas. Cargaba cemento o paleaba los materiales en muchos casos. El fruto de esos trabajos bien planificados se empezó a ver, con gran aceptación de sus habitantes y turistas que empezaron a llegar.
Todo cambió a partir de los allanamientos y órdenes de prisión preventiva dispuestas por el juez que lleva la causa en Quito, por pedido del fiscal a cargo. Pujilí se quedó sin alcalde. En condiciones normales, el o la alcaldesa debería asumir el cargo hasta que retorne el titular. Más, existe un litigio legal, pues al culminar los dos primeros años el concejo municipal puede reelegir al vicealcalde o nombrar otro, según el criterio de mayoría, que debe ser de sexo masculino por la paridad de género, considerando que José Arroyo se ha declarado “mujer”. Esto es causa de nulidad del nombramiento de Delfina Chusin y con apenas 4 votos, cuando se requieren 5 votos.
La situación es insostenible y perjudica al cantón, paraliza las obras y toda la gestión administrativa por la acefalía en que ha caído. La polarización de los miembros del concejo no ha permitido que se llegue a un acuerdo para capear la crisis. En este estado de cosas, es necesaria la actuación de personajes prestantes que, sin tomar partido, busquen la solución política. Seguro estoy que si Monseñor José Mario Ruiz Navas viviera, ya se hubiera puesto en marcha la solución. En su ausencia, llamo al señor gobernador, señora Prefecta Provincial y Asociación de Municipalidades para que intervengan sin demora y defiendan los intereses de la ciudadanía.
Llamo también a los concejales para que con las garantías necesarias, depongan actitudes personales y busquen acuerdo con las autoridades antedichas para resolver temporalmente la ausencia del alcalde, hasta que se defina su situación. Bien podría darse el quorum necesario con la asistencia virtual de José Arroyo para nombrar vice alcalde, quien de inmediato puede asumir la función temporal.
¡ALTO AL FUEGO!