La penetración de los sistemas electorales por algoritmos de I.A. convierten al ganador en perdedor.
Vivimos una telaraña compleja dentro del “sistema democrático”, aquella hermosa ilusión comienza a desaparecer, los signos de los tiempos muestran evidencias alarmantes con la proliferación de “autócratas” que engañan a buena parte de la población prometiendo resolver sus problemas, oferta que nunca se cumple, las cosas siguen ahí y crecen, estos “administradores” sobrepasan todas las reglas, dejando ciudadanos inermes a expensas de las decisiones omnímodas que, el “electo” tome y que no necesariamente son para beneficiar a las masas de contribuyentes desolados sino para beneficiar al círculo de “cuatachos”.
El tema de una guerra subterránea es pretexto adecuado para traer tropas extranjeras, que no dan explicación de sus acciones y son cubiertas de manera elegante por una prensa ad hoc, esto permite una seguridad aparente a la vez que se inculpa los males a los viejos políticos.
La mayoría de los ciudadanos preocupados de su fugaz existencia, viven una permanente duda, quién mismo es el malo, puesto que la persuasión mediática contratada sirve para el efecto y todo continúa con tensa calma, sobre una nube de mentiras y engaños a través del sistema de redes administradas a sueldo y con maldad, lo evidencia el caso del manipulador mediático Cerimedo, descubierto por golpear a su compañera.
Las elecciones libres y voluntarias propuestas por el sistema democrático no existen más, la penetración de los sistemas electorales por algoritmos de I.A. convierten al ganador en perdedor y además obedientemente los subalternos del sistema estatal deben actuar en consonancia, eliminando a todos los potenciales candidatos opositores y utilizando investigación a través de la I.A. para crear procesos tortuosos y encontrar “faltas” de los candidatos que no son del agrado.
Del sur al norte del continente se repite la misma estrategia, queda entonces un nuevo mundo, donde solo los dueños del capital mandan a gusto retornado al viejo sistema medieval, donde los reyes eran los dueños de vidas y haciendas, implicando que los valores democráticos están siendo arrasados bajo el esquema de un nuevo capitalismo feudal.
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