La mente crea sensaciones de “esperanza” para momentos inciertos. Es una ruleta donde la apuesta puede lograr éxito, sin embargo, las probabilidades de alcanzarlo siempre son escasas.
En la elección de dirigentes nacionales, la ciudadanía mayoritariamente tiene poca esperanza de lograr éxito, evaluando el pasado y el presente como resultados, tal que su decisión obedece a supuestos de que en esta lotería logrará un mínimo beneficio, lo que define estas decisiones como de alto riesgo.
La realidad es que la gran mayoría de ciudadanos no analiza, ni parece importarle cuál es la mejor opción, después de tantos años de descalabro en los que la economía familiar y nacional permanece deprimida, como testifican los hechos y peor aun que sufrimos la pandemia del narcotráfico penetrada en todos los estratos sociales desde hace mucho.
Este escenario ha llevado al país a un estado de inseguridad personal, económica y social, en circunstancias que al ciudadano solo le queda la esperanza de que quizá esta vez acierte, porque un error más podrá tener consecuencias de desastre, sumado el retorno obligado de compatriotas que incrementarán el número de desempleados.
Ecuador, lugar fabricado al antojo de quienes estaban y eran hegemónicos, en el momento del reparto de las tierras que estaban bajo dominio del imperio español y que pese a cuatro siglos recorridos no logra construirse del todo, pese a los esfuerzos que algún momento de la historia hicieron contados valiosos líderes, independientemente de su visión política, hoy solo se vive de esperanza.
Esta decisión a más de la incertidumbre que plantea nos muestra el estado de vulnerabilidad como sociedad, puesto que en el “mercado de ofertas” hay cosas imposibles de concretar por lo que la gente tomará su decisión bajo dos parámetros, el emocional y el pragmático pero en cualquiera de los casos con un mínimo de información dada la avalancha mediática en redes creando desinformación, hace la decisión sujeta al azar, por lo que resta decir “buenas noches y buena suerte”.