En tiempos de euforia permanente y que “nos multiplicamos” en el espacio electrónico no importa la verdad, estamos sumergidos en una nube vaporosa donde lo que más importa es ser famosos, surge la pregunta que hace al humano arriesgar para lograr visibilidad, incluye hasta convertirse en asesino para ser famoso o buscar el poder para tornarse en un déspota imperial.
La fama generalmente ligada a lo que conocemos como “necesidad de reconocimiento masivo” es condición del ego que trae cada individuo. Sin embargo, desde el punto de vista de lo correcto, implica que el autor haya hecho cosas significativas o fuera de lo común o que posea cualidades excepcionales en cualquier sentido de la vida. Sin embargo, este deseo tiene en el individuo un alto componente de subjetividad haciendo que, en la mayoría de casos, la búsqueda de fama no esté relacionada con una condición de mérito y verdad.
Los ecuatorianos, en buena medida, somos adictos a buscar fama, sea positiva o negativa, los criminales también son orgullosos cuando alcanzan fama pero no es positiva, llevándonos a pensar que la enajenación mental es bastante común en tiempos del Tik Tok, cuando cada individuo busca hacer de todo para ser famoso, aunque no sea auténtico, ni verdadero.
Nuestra realidad, en la actualidad está llena de aspirantes hombres y mujeres que van tras la fama, sin que importe los riesgos que pueden llegar a tener por ser famosos, esa es la razón por la que tenemos tantos famosos y famosas involucrados en la “política”, sin saber para donde van y sin entender que ser famosos de verdad es servir a su pueblo y a su país alcanzando beneficios para la comunidad y apartando ambiciones personales como objetivos de riqueza ilícita.
La necesidad de líderes con fama y autenticidad es urgente a un pueblo donde lo falso y corrupto ganaron el primer escalón y no se sabe en quién confiar para entregarle el poder ciudadano y la dirección del Estado, única armazón social que protege la vida y bienes de todos, más aún en tiempos oscuros como los actuales en los que el crimen y la corrupción dominan la estructura.
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