Los humanos vivimos en función de esperanzas y aquello llamado suerte, sin embargo, la realidad es una especie de ruleta que de pronto premia o castiga.
Inquietante escenario es la elección de nuevos mandos para dirigir la barca del Estado, decisión que implica claridad en lo que deseamos para el futuro, es donde nuestras creencias se suman a lo circunstancial, lo que ocurra nos definirá el futuro.
Será un nuevo ciclo de historia o retornamos a viejos modelos pero con matices diferentes, que podrían implicar reducción de libertades individuales y colectivas, tanto como una revolución en el sistema de justicia.
El panorama está matizado por una intoxicación masiva de alucinógenos mensajes, que impulsan a las poblaciones, especialmente jóvenes a equivocar su decisión, en tanto subyace la complejidad del poder del inmenso capital oscuro y grandes ejércitos en las sombras, muy difíciles de eliminar y que han convertido el escenario social en terror sistemático.
Las ofertas de cambio no se han cristalizado en los últimos años, fundamentalmente por ausencia de liderazgo que convenza y demuestre el camino positivo, por el contrario la corrupción incrementó a todos los niveles, incluidas justicia y fuerzas del orden, en tanto que el crimen organizado se muestra con potencia siniestra.
Los conceptos de libertad y fraternidad ideados hace más de dos siglos no han podido lograrse y quizá nunca alcanzaremos aquella humanidad imaginada y al contrario mostramos ser la especie superior en depredar el planeta y ansiosos de poder a cualquier costo.
Buscamos dirigentes sabios y honestos que guíen, pero el eco del vacío muestra la imposibilidad de encontrarlos, entonces cómo resolver los problemas de la organización social, donde la justicia alcance a todos y la libertad sea ciertamente una realidad. Tenemos dos opciones, la suerte está echada.