Tiempo atrás los médicos atendían con ética e inquietud de conocimiento, eran los parámetros de servicio en el ejercicio de esta importante profesión, sin embargo, como todo, los tiempos cambian, lo importante es hacer fortuna y adular el ego, esta actividad salvo excepciones, es un enorme y lucrativo negocio.
Entre la abultada masa de profesionales hay un reducido porcentaje que ejerce su profesión con los principios que juraron al graduarse, pero el resto de galenos van desde fraudulentos hasta no actualizados y forman parte del sistema creado por las farmacéuticas, para promover el uso de productos muchas veces inocuos o dañinos.
En el escenario mundial de los grandes consorcios farmacéuticos otorgan viajes a conferencias, para que los médicos promuevan el uso de tal o cual fármaco, que por lo general no son soluciones reales a los males humanos, hay casos juzgados por difusión de fármacos de doble efecto y propaganda inducida.
La humanidad está “enferma” y todos quieren medicina para el mínimo dolor y luego la adicción, para nuevas enfermedades hay ofertas de fármacos, pero cabe diferenciar la parte científica de la solución.
Los hospitales públicos dan relativo buen servicio pero carecen de medicinas o hay mafias externas proveedoras de cualquier cosa, en tanto en clínicas privadas y asociadas al IESS, buscan “operar” al paciente sin ser necesario pero comparten la factura, se ha visto la transformación de pequeñas clínicas en hospitales que no siempre son éticos.
En la atención privada hay denuncias por errores demostrados, ser buen médico es estar al día del conocimiento para hacer el diagnóstico y ayudar al paciente con cero riesgo de error. Ciertas clínicas y hospitales privados acostumbran si llega un paciente a emergencia, no necesariamente en estado crítico, lo envían a “terapia intensiva”, para crear factura de mayor costo, así las denuncias sobre el servicio médico son altas, sin que haya supervisión para corregir.