La especie humana desarrolló el encéfalo mucho más que las otras convirtiéndose en dominante sobre la faz de la Tierra, este desarrollo le permitió crear asombrosas culturas y conocimiento, sin embargo, a pesar de esta positiva evolución, la zona más antigua del cerebro nunca se fue, siendo la que genera el instinto de sobrevivencia que a la vez ocasiona grandes errores.
El desarrollo cultural creó “valores” en busca de armonía entre los seres de la misma especie, sin embargo, la parte ancestral “automática” conduce a comportamientos extremos, emergiendo el brutal animal primario, como muestra el escenario mundial y local.
El respeto al otro no existe y la ambición de poder fermenta en cuanto llegan a la cúspide, donde la obsesión no tiene límite y medran frente a multitudes hipnotizadas que “creen” y esperan les llegue su momento.
Las guerras desatadas en el planeta son la muestra fehaciente de la crueldad humana, que no es y nunca fue el modelo que los pensadores de culturas pasadas dibujaron y promovieron con la esperanza de superar la bestialidad instintiva de la especie.
Absortos e impotentes vemos Europa y medio Oriente como en África, el odio y la crueldad aterradora manifiesta y la multitud pensante silente, peor aún los escenarios donde las jugadas de los “líderes” de escasa humanidad solo muestran aberrantes ambiciones de poder.
Los escenarios en esta nave planetaria se conocen gracias al periodismo de valor que alerta la satánica crueldad humana inexplicable para una mente racional. La información diaria evidencia el crimen al desnudo y las inmoralidades de cuantos sátrapas subidos al poder.
La posibilidad de cambio en un mundo “controlado” al límite, por un sistema electrónico que conoce todo lo que cada persona hace y dice y que, a la vez, permite ubicar a quien sea, por si es necesario eliminarlo, convierten en realidad imágenes de ideas antiguas aparentemente utópicas pero ya están en ejecución, sin embargo, a nadie importa sino incrementar el ego y “vivir” pegados al teléfono como realidad alternativa.
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