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POEMAS FAMILIARES

LA FIGURA DE MI MADRE

No puedo en verdad, 
explicar desde cuando
te conozco a ti mujer.

Tal vez, desde que tu canto
balanceó mi cuna.
Quizá, desde cuando la Abuela
remendaba sus costuras
con el hilo de un cuento.

¡Oh!,
no sé si fue,
cuando la razón
transformó la niñez
en partitura de sonidos.

A lo mejor,
cuando en un espacio de la marcha,
de no se cuantas primaveras,
aparecieron los corceles
de mi ingenua imaginación
y cabalgando me llevaron
a buscar lo que hasta entonces,
fue una etérea figura de mujer.

Mas, hoy se,
que la pasión de su mirada
y la tibia agonía del perfil,
dan sabor a las palabras
y expresión a la silueta.

Que en su mente se destruyen
los caprichos con paciencia,
que sus puños, fuertes ascuas
movilizan los tornados,
alejando de su encanto
los dibujos de la muerte.

A ti mujer,
confieso que no es un sueño,
porque siento tu presencia,
porque naces con la vida,
porque en tu vientre encontré
el por qué de ser mi madre.

A MI MADRE

En el blanco atardecer de sus cabellos, 
cuando aún la sonrisa reposaba
en el lecho rosado de sus labios.

En la tibia silueta encorvada,
esculpida en silenciosas oraciones,
milenaria golondrina inconsciente
estropeando los pulsos picoteaba.

Despertaron los gemidos del recuerdo
y la furia de manos impotentes.
Mas que hacer; ¡Oh madre mía!..,
si en tus senos ya no abriga el amor,
si en tus manos no se hacen las caricias,
en tu boca ya no juegan las palabras
y las sombras rescataron tus ojeras.
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