¡El joven de los dibujos!

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La muy conocida, admirada y muy repetida frase “Juventud Divino Tesoro” del poeta nicaragüense Rubén Darío, parte del poema Canción de otoño en primavera, “evoca una profunda nostalgia por la juventud, reconociendo su valor y belleza, pero también su naturaleza transitoria”. Ciertamente la juventud entraña un espacio de vida de transformaciones permanentes. Esta va entre los 18 y 29 años, cuya etapa “se caracteriza por la transición hacia la autonomía, la búsqueda de identidad y la construcción de un proyecto de vida”.

Lo anterior viene al caso. En efecto, en una de las sesiones de comisión de la Asamblea Nacional, el joven Dominique Serrano, de 19 años de edad, perteneciente a la bancada de ADN, fue sorprendido, por algún paparazzi criollo, haciendo dibujos de muñecos. Este episodio ha dado motivo para una andanada de comentarios de prensa, dando cuerda a los colegas opositores para denostar al mencionado asambleísta. Se le acusa de desatender las sesiones, de falta de respeto, mereciendo una queja ante el Consejo de Administración Legislativa (CAL).

La propia jefa de la bancada de ADN se ha excedido comentado que este comportamiento “denota una falta de profesionalismo que lesiona la imagen de la Asamblea Nacional”. Está muy bien que los actos que riñan con los principios elementales de educación y respeto deben ser obviamente sancionados de acuerdo con la ley, pero éste no pasa de ser una simpleza. Otros actos, por cierto, indecorosos de algunos y algunas asambleístas, no han tenido la misma actitud en su momento de parte del Consejo de Administración Legislativa (CAL). En fin, a veces la ley del embudo está presente y en plena vigencia. En realidad, los ecuatorianos hemos condenado verdaderos escándalos que, a lo largo de la historia, se han dado en los debates en el parlamento.

La raíz del problema está: primero, en la Constitución de la República y el Código de la Democracia, que establecen la edad mínima de 18 años para poder ser elegido asambleísta; segundo, en los partidos y movimientos políticos que escogen a personas sin preparación para incluirlos en las listas que acceden no por méritos sino por medio del sistema de votación en plancha; y, tercero, el que acepta ser candidato, sin tener capacidad y la más remota idea del papel de legislador, es también una tamaña irresponsabilidad.

Todos añoramos los años en los que disfrutamos de la juventud, de los amigos entrañables, de las cosas simples de la vida, sin mayores inconvenientes y responsabilidades. Queríamos llegar lo más pronto posible a la mayoría de edad, sin percatarnos que aquello implicaba empezar a asumir responsabilidades y la principal las de ser un verdadero ciudadano, con derechos y obligaciones. Ser un representante, ante todo, es un enorme compromiso; por ello, los partidos y movimientos políticos deben considerar seriamente la necesidad de contar con escuelas de formación de los jóvenes que aspiran servir al país desde la Asamblea Nacional.

Recordemos la frase bíblica que dice “todo a su tiempo”, que implica paciencia y esperar que aparezca el momento oportuno para actuar e intervenir en la vida pública, sin que signifique de manera alguna frustración. La vida es la suma de etapas que hay que cumplirlas, donde la experiencia juega un rol importantísimo.

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