Ha sido una constante en el país que las malas noticias “vuelan” y son las que sobresalen, y, por tanto, generosa e irresponsablemente publicitadas, comentadas y difundidas. Esta realidad ofrece un ambiente de zozobra, preocupación y nerviosismo. Genera en el tejido social una suerte de pérdida de expectativas positivas por lograr mejores días para el Ecuador. No es pues el ambiente propicio para la gente que busca solucionar los problemas que le aquejan y trabajar para atender las necesidades de sus familias.
Las noticias que carecen de objetividad e imparcialidad no abonan al interés público y hacen daño al país, debido a que contribuyen negativamente a potenciales inversores. No se aspira que la prensa o los opinadores en redes sociales hablen siempre bien del gobierno de turno, informando sólo las cuestiones positivas de su gestión, sino procurar mantener una posición de independencia en la crítica. Les da pavor que se los tilde de “gobiernistas”, de “tarifadores”, etc. pero ahí está precisamente la labor que se requiere del buen profesional del medio.
La ética periodística se subsume en saber formar opinión, promover objetivos y ser el canal con la ciudadanía para el análisis de las cuestiones de interés. Esta se refiere al “conjunto de normas y valores que guían la práctica profesional del periodismo, buscando asegurar la verdad, la imparcialidad y la responsabilidad en la difusión de información”. Es indudable que el llamado “cuarto poder del estado” debe actuar de manera equilibrada, responsable, sujetándose a los principios fundamentales que los anima.
Por ejemplo, resulta irresponsable que se haya provocado nerviosismo con noticias sobre un eventual cierre de un banco, a propósito de una malhadada actitud de uno de sus representantes; provocar este tipo de actos -que se sitúan en el ámbito de lo penal-, tienen que ser sancionadas con el máximo rigor. Lo penoso de ésto es que varios medios, digitales en su mayoría, han actuado como cajas de resonancia de una noticias que podría traducirse en un problema de terror, si las autoridades no actúan con determinación y urgencia.
Lo cierto es que las noticias negativas son las más comunicadas y comentadas; las de naturaleza positiva, no tienen el mismo tratamiento: casi pasan desapercibidas y no se las destaca y pondera en su justa medida. En efecto, se ha mencionado que la economía nacional “superó las expectativas del Banco Central con un crecimiento acumulado de un 3.9% en el primer semestre de 2025, así mismo la balanza comercial registró un superávit récord de USD 4166 millones” (Teleamazonas, 22 de agosto). Se destaca que el camarón, cacao, productos mineros y enlatados son las exportaciones no petroleras de mayor crecimiento en el mismo período. Es lamentable que los conocidos y sabios “expertos” no hayan visto de manera positiva estos datos.
Lo más cómico es que los mismos “expertos” critican severa y negativamente los viajes del presidente para buscar inversiones y abrir mercados; ellos creen que es un tema de “soplar y hacer botellas”, que de la noche a la mañana asoman los resultados de estas visitas al más alto nivel. Todo a su tiempo señores, no se desesperen. El trabajo es de largo aliento que requiere persistencia, monitoreo y acompañamiento de delegaciones del sector privado y sectores de interés para que en el mediano plazo haya concreciones. Hay que ser positivos y contribuir para generar los resultados deseados y no esperar que todo “les den haciendo”.