La Gu3rra, instrumento político

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El mundo se encuentra en estado de estupor, pánico y desesperanza por la suma de intervenciones y respuestas militares que tienen como principales actores a Estados Unidos, con su principal aliado, Israel, e Irán. Son actos que buscan objetivos geopolíticos de interés económico, político, y, en casos puntuales, de supervivencia. En opinión de Carlr von Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. En otras palabras, si no hay entendimientos entre las partes, o que los intereses de una de ellas están en riesgo y la vía diplomática no los ha solventado, el uso de la fuerza resulta ser la alternativa final.

El objetivo de Estados Unidos es, principalmente, evitar que Irán cuente con uranio enriquecido para disponer de 4rmas nucleares, así como para que siga apoyando a regímenes de su misma línea extremista, que constituye un elemento de inestabilidad para la sana convivencia. Por su parte, Gran Bretaña, Francia y Alemania lo han respaldado y se alían debido a las acciones que Irán ha realizado en contra de objetivos de su interés ubicados en varios países del oriente medio y que respaldan a occidente.

Las acciones militares han sido cuidadosamente planeadas y preparadas con suficiente anticipación, donde todos los factores del poder son tomadas en consideración al momento de la ejecución de los planes y definición de los objetivos estratégicos. Por ello, según opinión de Georges Clemenceau, “la guerra es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los militares”: entendía que “la gestión de conflictos bélicos requiere visión política, social y diplomática, no solo estrategias de combate”.

Sun Tzu, autor de “El Arte de la Guerra”, decía que es muy importante conocer al enemigo y conocerse a sí mismo, requiriendo, por supuesto, de inteligencia, espionaje y liderazgo. Toda guerra ha tenido, a juicio de sus actores, una justificación que la hace “justa” o al menos políticamente correcta. El Derecho Internacional siempre ha tratado de prevenir los conflictos, descansando en los principios de solución pacífica de las controversias, de cooperación entre las naciones, etc. En su momento, incluso, se habló utópicamente del “fin de todas las guerras”, terminada la primera conflagración mundial, con la firma del Tratado de Versalles, que, por extremar las condiciones y castigos a Alemania, prendió las ansias de revancha de un sector político que devino luego en la segunda gran guerra.

En tiempos remotos, las guerras se libraron de forma rústica, elemental, cuerpo a cuerpo. Evolucionaron las armas, desde herramientas de piedra, aros, luego espadas, hasta cañones, fusiles y ametralladoras. En las actuales, se utilizan misiles y armas tecnológicas, de alta precisión, igualmente destructivas. Debemos esperar que terminen lo más pronto estos enfrentamientos que causan pérdida de valiosas vidas y afectan la economía en muchos países.

La Paz debe ser el objetivo permanente y final, a pesar de que hay obstáculos muchos de ellos insalvables, que conspiran en su contra, pero no hay que amilanarse, dado que no hay peor lucha que la que no se hace. Esperemos que jamás, se cumpla lo dicho por Albert Eistein: “No sé con qué armas se combatirá la Tercera Guerra Mundial, pero la cuarta se peleará con palos y piedras”. No obstante, para quienes todavía creen en los milagros, también añadió: “Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: La paz”.

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