Si nos atenemos a las encuestas publicadas hasta el 30 de enero, parecería que tendremos una asamblea con dos bloques parlamentarios fuertes que podrán contribuir a una mejor gobernabilidad del país. Lo ideal sería que el presidente tenga una mayoria que le permita seguir con su trabajo, llevar adelante sus planes y programas y no estar sujeto a los permanentes bloqueos de sectores que ven la política como forma de obtener privilegios. Esta conducta irresponsable ha causado mucho daño al Ecuador y no ha logrado consolidar los objetivos nacionales que permitan el desarrollo en libertad.
Los políticos -que solo piensan en sus intereses presos de su caduca ideología-, no terminan por entender el verdadero rol de la oposición que se traduce en apoyar la legislación que ayude a mejorar las condiciones económicas y sociales de la población, abandonando esa creencia perversa de que se les podría catalogar como “gobiernistas”. Para que cambie esta triste manera de hacer política, se debe retornar al régimen de partidos políticos, entre cuyas responsabilidades es la formación de líderes comprometidos con sus postulados y principios democráticos.
Es importante destacar que nunca como ahora, la población no quiere que se realice una segunda vuelta; esto puede interpretarse así: primero, consideran que habría un ahorro importante para el erario nacional; segundo, la gran mayoría ya habrá decidido su voto; tercero, las catorce candidaturas restantes no han podido lograr posicionarse y lograr aceptación del público, lo cual hace posible que no se realice el balotaje; cuarto, los jóvenes aspiran cambios y quieren dejar atrás la perniciosa forma de actuar de los caducos y fracasados líderes. Disponer de una mayoría sólida en la legislatura es muy importante pues posibilitará llevar a cabo cambios a la malhadada constitución del 2008 -o incluso prescindir de ella, si hay consenso-, que resultó ser la peor que ha tenido el Ecuador en su vida republicana. Llena de absurdos candados que imposibilita sus enmiendas y reformas, con instituciones como el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), con poderes de designación que le corresponde a la función legislativa, como corresponde a un estado de Derecho, convertido en cenáculo del amarre para controlar a claves entidades de control. Es increíble que la sociedad haya permitido semejante debacle por tantos años.
Un parlamento de mayoria pensante y patriota debe priorizar las reformas estructurales que requiere el país que pasan por eliminar el CPCCS, dotar a la Fiscalía de autonomía, rebajar el número de asambleístas, allanar el camino para de una vez por todas dejar de sostener económicamente a todos los pillos gerentes propietarios de movimientos políticos que solo contribuyen a dividir y confundir a la gente. Lo que se requiere son partidos políticos con alcance nacional, eliminando los cacicazgos y aventureros, que no son más que vendedores de “aire embotellado de ilusiones”.
Este domingo 9 de febrero, fecha que puede ser festejada por muchos demócratas y liberales, el Ecuador tiene la magnífica oportunidad -y quizás la última-, de votar a conciencia y desterrar a los causantes del deterioro moral y económico al que lo sumieron con aquella ideología que predicaba la famosa ciudadanía universal, auspiciada y vendida por los socialistas del siglo XXI, que entre otras torpezas hizo que ingresen al país a toda clase de gente, y, si pertenecen a la franquicia revolucionaria fracasada, mejor. Solo se pide que, al depositar su voto, los electores piensen en sus hijos, nietos, familia y por supuesto en el país.