“Las opiniones publicadas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan la opinión de la Asociación de Cotopaxenses Residentes en Quito. Todas las opiniones han sido publicadas con la expresa autorización de sus autores.

El proceso electoral, como la máxima manifestación de la voluntad ciudadana expresada en las urnas, es una de las características principales que informan al sistema democrático y republicano; representa los anhelos y aspiraciones de la gente por conseguir que sus mandatarios y representantes pongan en práctica las ofertas de campaña puestas a su consideración, con la finalidad de contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad en su conjunto y procurar que el Ecuador logre alcanzar los niveles de desarrollo que se merece. Cada proceso constituye una esperanza o nueva frustración.

Los tiempos actuales son cada vez mas complicados y diffciles; por tanto, se requiere líderes preparados, comprometidos y dispuestos a enfrentar, con total determinación, los retos que ha impuesto la globalización que amplió los procesos de integración, el comercio, generó mayores flujos financieros; amplió la tendencia de los mercados y sobrepasó las fronteras nacionales. Esta realidad hace que los gobiernos estén más pendientes para sacar los mayores provechos posibles y no verse afectados por los excesos, propios de la dinámica económica.

El resultado de las elecciones del pasado 9 de febrero nos ha traído más de una preocupación con señales de alerta a los ecuatorianos. En efecto, la poquísima diferencia entre el presidente Noboa y González significa que el país se encuentra polarizado y peligrosamente dividido entre dos corrientes que miran al país con distinta óptica e interés. Lo preocupante es que muchos electores de algunas circunscripciones de la costa, donde existe marcada presencia de grupos delincuenciales, se han inclinado por una candidatura, escenario que deben procesarlo adecuadamente de cara a la segunda vuelta que se realizará el próximo 13 de abril.

El presidente ha ganado a los 15 candidatos restantes, a pesar del desgaste que ha tenido en el duro ejercicio del poder, hecho inédito pues el correísmo ha sido el triunfador en las primeras vueltas anteriores. Su discurso se inscribe en la necesidad de impulsar las actividades productivas y empresariales, en libertad, para dotar de trabajo y facilitar la inversión extranjera. La mayoría de asambleístas escogidos pertenecientes a las filas de ADN es otra evidencia de que esta corriente de cambio ha ganado y que podrá ayudar a llevar a cabo los proyectos que se requiere para solucionar los problemas nacionales.

Lo más importante, para enfrentar y consiguientemente resolver los serios problemas que aquejan al país, es que el presidente -que aspiramos asuma el gobierno-, debe estar integrado por ciudadanos con virtudes cívicas y probada honestidad; que demuestran profesionalismo y manifiesta capacidad; que conozcan las cuestiones sometidas a su atención y dirección. Tiene que conformar el gabinete con personas -incluso fuera de su partido o círculo personal-, dentro de un amplio proyecto de integración nacional, indispensable para sacar adelante al país. Como muy bien dice Andrés Páez, Ecuador tiene una enorme “cantera de reserva moral” que puede ser tomada en cuenta.

Tienen por delante suficiente tiempo para tratar de atraer a los indecisos, a los de otras tiendas políticas que no quieren el retorno del populismo y a aquellos que no han entendido el peligro que significa aliarse a regímenes autoritarios y antidemocráticos, inspirados en el socialismo del siglo XXI, como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela, que solamente han traído desolación y pobreza extrema, aparte de haber provocado masivas migraciones de sus nacionales. No se puede vivir en una sociedad como nuestro querido Ecuador careciendo de libertad y derechos básicos.

Compartir publicación