Un viejo chiste cuenta que un negrito, acostado en su hamaca y muriéndose de hambre, ve cómo Dios le envía un racimo de plátanos. Al mirar hacia arriba, exclama con resignación: “¡No los podías mandar pelados!”. Aunque humorístico, este relato refleja una profunda verdad: la abundancia por sí sola no basta si no se acompaña de esfuerzo, organización y justicia para aprovecharla.
Cotopaxi y Ecuador son tierras bendecidas con una riqueza natural que asombra a propios y extraños. Recuerdo cuando amigos chilenos visitaban nuestro país, y al transitar por la carretera Calacalí – La Independencia hacia Esmeraldas, decían con asombro que les dolían los ojos de ver tanto verdor en tan poco tiempo. Esa expresión, cargada de admiración, me hizo reflexionar sobre cómo a menudo damos por sentado lo que otros ven como un milagro de la naturaleza.
Es innegable que Cotopaxi cuenta con recursos naturales que son la envidia de muchas regiones del mundo: suelos fértiles, paisajes majestuosos, ríos caudalosos y un clima diverso. Sin embargo, la verdadera riqueza no reside solo en lo que la naturaleza ofrece, sino en cómo gestionamos y distribuimos esos recursos para el beneficio de todos.
Lamentablemente, la distribución equitativa de esta abundancia sigue siendo una tarea pendiente. Mientras algunas comunidades logran prosperar, muchas otras enfrentan carencias y desigualdades que perpetúan un ciclo de pobreza y marginación.
El desarrollo de Cotopaxi debe ser inclusivo, sustentable y sostenible. Esto implica ir más allá de simplemente explotar nuestros recursos; debemos transformarlos en oportunidades para todos. Aquí algunas claves para lograrlo:
- Infraestructura y acceso equitativo: Invertir en infraestructura que conecte a las comunidades más alejadas con los mercados y servicios es esencial. Sin caminos adecuados, escuelas de calidad y acceso a salud, el desarrollo no llegará a todos por igual.
- Educación como motor del cambio: La formación de nuestras generaciones jóvenes es la base para un futuro próspero. La educación técnica y profesional debe adaptarse a las necesidades locales, fomentando el desarrollo de competencias para la agroindustria, el turismo sostenible y la innovación tecnológica.
- Proyectos inclusivos y sostenibles: Los recursos naturales deben ser aprovechados de manera responsable, asegurando que las generaciones futuras también puedan beneficiarse de ellos. Esto implica promover proyectos que respeten el medio ambiente y generen empleo digno.
- Participación comunitaria: Las soluciones deben surgir desde las mismas comunidades. Escuchar a la gente, sus ideas y necesidades, garantiza que los proyectos sean relevantes y sostenibles.
- Liderazgo comprometido: Hace falta un liderazgo que inspire confianza y trabaje por el bien común, dejando de lado los intereses particulares.
Nuestra tierra nos da todo lo que necesitamos para prosperar, pero depende de nosotros transformar esa abundancia en bienestar para todos. No basta con tener recursos; debemos trabajar juntos para que esos recursos lleguen a cada hogar, a cada comunidad, y que nadie quede atrás.
Cotopaxi tiene el potencial de ser un modelo de desarrollo equitativo y sostenible. Para lograrlo, necesitamos combinar la riqueza de nuestra tierra con la riqueza de nuestra gente: su esfuerzo, creatividad y solidaridad. Porque al final, no importa cuán generosa sea la naturaleza si no estamos dispuestos a organizarnos y compartir lo que ella nos da.
Que este sea el momento en que dejemos de mirar el racimo de plátanos esperando que llegue pelado. Es hora de tomarlo con nuestras manos, pelarlo juntos y disfrutar de sus frutos como una comunidad unida y fuerte. ¡El futuro de Cotopaxi está en nuestras manos!