Pasó lo que muchos temían: Maduro se juramentó ante la asamblea nacional para otro período dictatorial de seis años. Todos los esfuerzos realizados por la comunidad internacional y gente comprometida con la democracia, en procura de posibilitar que el presidente electo Gonzales Urrutia asuma formalmente el cargo, se han visto frustrados, por el cínico afán de perpetuarse en el poder con la interesada complicidad de las fuerzas militares venezolanas, comprometidas con un gobierno corrompido que tanto daño causó a sus ciudadanos.
El pasado 10 de enero constituía una fecha que pudo pasar a la historia para la región y el mundo libre; se trataba de una de las mayores expectativas de la gente por recuperar la libertad y enterrar a esos supuestos izquierdistas, defensores a ultranza del socialismo del siglo XXI, que ha demostrado ser solamente un aparato de enriquecimiento ilícito, grosero y brutal de sus cúpulas, a costa de sacrificar, perseguir y castigar a su pueblo. Si bien la esperanza nunca muere, esperemos que este desenlace se revierta para bien de todos los ciudadanos, particularmente los que se encuentran fuera del país.
La enfermiza ambición por mantener a Maduro en el poder, Diosdado Cabello, Padrino López, los Rodríguez y otros, no escatimaron nada para lograr sus propósitos cargados de ilegitimidad ruindad. A estos les valió madre y un solemne rábano los anuncios de muchos países de la comunidad internacional de no asistir a la ceremonia de posesión para no convalidar semejante acto írrito, puesto que en las elecciones el tándem María Corina Machado y Edmundo Gonzales Urrutia derrotaron ampliamente y por goleada olímpica a Maduro y su combo.
A la ilegítima posesión de Maduro sólo asistieron dos presidentes de la región, Díaz Canel de Cuba y Ortega de Nicaragua, pertenecientes a su círculo. La mayoría de los países democráticos hizo sentir su absoluto rechazo al golpe de estado por la toma del gobierno a través de un acto ilegal refrendado y apoyado por las fuerzas armadas. Maduro no puede ser llamado presidente de la república, habida cuenta que no tiene el soporte de la mayoría de la voluntad de los venezolanos expresada en las urnas, que en cambio si la tiene González Urrutia que lo derrotó sin atenuantes.
Constituyó una violación a las normas internacionales cerrar sin causa legal las fronteras terrestres y el espacio aéreo para evitar que ingresara a su país el presidente electo, lo cual se ha presentado de cuerpo entero como el pendenciero que es. Además, el malvado ministro del interior amenazó con tomar medidas de fuerza en contra de la aeronave y sus posibles ocupantes que iban a ser transportados para acompañar a González Urrutia. Solo a gente dañada se le puede ocurrir este tipo de declaraciones que indudablemente infunden terror. Otra manifestación imperdonable fue el secuestro del yerno del presidente electo, actitud que solo buscaba frenar su decisión de llegar a su país.
La pregunta que nos hacemos ahora es: ¿hasta cuándo soportará Venezuela y la región al dictador? La única salida que queda es que se revelen los estamentos de las fuerzas armadas no comprometidos con las cúpulas corruptas y lo desplacen del poder. Al parecer, es la alternativa que se aspira debe ejecutarse para, de una vez por todas, inaugurar un gobierno democrático. Con ello, la región podrá retomar la tranquilidad y la convivencia civilizada de cooperación mutua y crecer en libertad.
A pesar de las evidencias del fracaso total de los regímenes cubano, nicaragüense y venezolano, todavía repiten esa muletilla comunista cansina de “hasta la victoria, siempre”. El escritor mexicano Octavio Paz, premio Nobel de literatura, sentenciaba: “La ceguera biológica impide ver, la ceguera ideológica impide pensar”. No debemos dar cabida a los extremismos para luego arrepentirnos.