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El pasado martes 20 de mayo, la señora Fiscal General del Estado, Lady Diana Salazar Méndez, presentó su renuncia irrevocable a tan alta función, luego de seis largos y complicados años; durante los mismos le permitió ejercer ésta tarea dura y delicada, no libre de presiones de todo tipo. A pesar de todos los inconvenientes que son de dominio público, su desempeño en el cargo ha sido brillante, ejemplar, representando la “vindicta pública”, sin temor ni favor.

A raíz de su designación, la señora Fiscal se estrenó manifestando que “la ley es para todos”, declaración que llevaba implícito un mensaje de garantía para que brille la justicia, como valor superior. En esa ocasión, abrigamos la esperanza de que sus ejecutorias y principios servirán de ejemplo para todos quienes conforman la fiscalía general del Estado, que haga renacer la confianza en las instituciones. Su tarea ciertamente fue determinante en la búsqueda de la verdad y la consiguiente sanción a los culpables.

Transparencia, valentía, tenacidad e integridad, en el ejercicio de tan alta función, fueron las características más relevantes de la señora Fiscal. Le tocó actuar en una época difícil, tormentosa y altamente peligrosa, como nunca en la historia republicana. Para suerte del país, supo actuar con determinación, apegándose a la ley, indagando con sabiduría y sapiencia, siempre apegada al derecho para llegar a la verdad y acusar con pruebas para que ayuden al juez de las causas a imponer la pena respectiva.

Su actuación más destacada ha sido en el marco del denominado “sobornos 2012-2016”, donde la justicia se impuso y brilló, al sancionar a los culpables, dando así ejemplo histórico para que todos los actos reñidos con la ley no vuelvan a repetirse. Se demostró que en el Ecuador sí se puede evitar la impunidad, cuando existe determinación de respetar la ley, y que está en capacidad de ofrecer a la ciudadanía un ambiente de seguridad, cuyo fin es lograr que se trabaje en un ambiente de concordia y paz. Como es obvio, quedan aún temas pendientes que deben ser atendidos por el fiscal subrogante, conocedor de los mismos.

Tenemos que estar vigilantes del proceso de designación del nuevo fiscal; requerimos del venidero los mismos atributos de honradez, profesionalismo, valentía y determinación de la doctora Salazar, puesto que los retos son enormes, las causas complejas, las presiones y las amenazas múltiples. De todas maneras, esta institución se ha profesionalizado y su personal ha adquirido experiencia, lo que permitirá continuar la tarea trazada y cumplir la misión constitucional.

No nos equivocamos al tener a la doctora Salazar en la Fiscalía General. No podemos admitir equivocaciones en la designación de su sucesor. Ojalá los postulantes tengan la “talla”, y el designado (a) sea igual o mejor. Le agradecemos por su trabajo y le deseamos toda clase de éxitos.

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