Con la aprobación de varias reformas al denominado Código de la Democracia, los grupos mayoritarios que integran la Asamblea, han establecido ciertos requisitos que harán desaparecer a las agrupaciones políticas que no obtengan el favor de la ciudadanía, al no reunir el 5% de los votos en las próximas elecciones seccionales del 2027. ¿Y cuál sería el efecto?: quedarían eliminados de pleno derecho de los registros del Consejo Nacional Electoral (CNE). Esto querría decir que se terminarán los pataleos legales, amparos incluídos etc. para mantenerse vigentes.
Lo más significativo es que las dos grandes tiendas políticas -que ganaron las elecciones presidenciales pasadas, esto es, ADN y RC5,- serían las únicas beneficiadas por cuanto constituirán el bipartidismo, dado que, el reistalar el método de D’Hondt, asegurarán una mayor representación, debilitando a las minorías, en el reparto de escaños. Este sistema fue, en su momento, declarado inconstitucional pero el gobierno de Correa lo volvió a establecer.
La idea del bipartidismo no es desestimable; de hecho, funciona muy bien en Estados Unidos de América, con los partidos demócrata y republicano, aclarándose que existen otros partidos que no tienen influencia decisoria en los destinos de ese país. Para que funcione este mecanismo democrático en el Ecuador, debe reunirse una serie de requisitos básicos y vitales, a saber: ser verdaderos partidos políticos, de representación nacional, estatuto con declaración de principios y objetivos, participación activa de su militancia, directiva elegida democráticamente, alternabilidad en la dirigencia, formación de líderes, en fin.
Es previsible que, de no cumplirse estos requisitos, difícilmente permanecerá en el tiempo esta modalidad afectando la gobernabilidad y generando inestabilidad política. No solo que las dos tiendas políticas son como el agua y el aceite, sino que la RC5 tiene un pasado nada ético en el manejo de la cosa pública que haría casi imposible que coincidan en temas de interés general o público, que constituye el deber ser de este tipo de organizaciones en los sistemas democráticos republicanos.
Otra de las características del bipartidismo – donde los dos principales partidos son los mayoritarios-, es la alternancia en el poder; precisamente ahí es donde aparecerán las dificultades y los desacuerdos. Lo más seguro es que cada período será un borrón y cuenta nueva, al no tener claros los objetivos nacionales en materias como crecimiento, defensa de derechos, seguridad jurídica, defensa de la propiedad privada, garantía las inversiones, entre otros aspectos de interés.
Convengamos entonces que, en los actuales momentos, mientras no se den los recaudos necesarios, el bipartidismo no aparece como solución a los problemas de índole político del Ecuador, y más bien se torna en una simple ilusión que se reduce a una “percepción errónea de la realidad, causada por los sentidos o la imaginación”, ó mejor dicho, una errónea forma de mirar al país como un laboratorio de alquimistas creativos para seguir usufructuando del poder.