El quinto poder el Estado, creado por obra y gracia del SS XXI en la Constitución de Montecristi en la construcción de su “proyecto político”, es una franquicia otorgada por el Foro de Sao Paulo, que hace las cosas a gusto de un grupillo de partidos políticos que lo domina. Para empezar, adoptaron el mandato de por vida y no existe, la intención siquiera, de renovarse. Mientras sean del agrado del poder, seguirán disfrutando de las canonjías y adulos de los aspirantes al poder. Más aún, considerando que hemos regresado a las urnas cada año, dilapidando presupuestos millonarios en cosas banales como urnas desechables, personal, vehículos, papeletas, sistemas informáticos, viajes, comunicación y muchos más.
La experiencia de Venezuela demuestra la razón de concentrar en un poder aislado de los otros cuatro la capacidad de “contar” los votos y proclamar los triunfadores. Es así como, ante el asombro de todos, el CNE se ha convertido en el Nostra Damus de la modernidad para vaticinar que “va a llover copiosamente” el 14 de febrero de 2027 previsto para las “votaciones” y adelantar la fecha en tres meses. Solo ellos saben la verdad de esta maniobra que pone en jaque a todos los que pretenden ingresar al club de autoridades que cambian sus vidas de la noche a la mañana. La incógnita se resuelve analizando quienes son beneficiados y perjudicados por el cambio. La explicación más absurda, que insulta la inteligencia de los votantes, la ha inventado la señora Atamaint. No hay duda de que nos ven de fuera como “banana Republic”.
Entonces, les toca correr a más de 200 organizaciones políticas registradas, de las cuales la mayoría no tienen suficientes adherentes o afiliados para mantener vigente su licencia para existir como tales. Son fachadas que ocultan la verdadera actividad de motel de la política, que atiende desde que se llama a elecciones y se ofrecen al mejor postor. Mientras que por la vereda opuesta pululan unos sonrientes ciudadanos que han llegado a la conclusión de que son los “predestinados” para administrar los fondos públicos y guiarnos hacia la Tierra prometida. Son tantos los auto candidatos que por lo visto van a faltar movimientos políticos que les auspicien. Total, solo se necesita la cédula y una chequera que resista la compra de votos con dádivas.
Las normas electorales no pasan de ser una declaración lírica que nadie está dispuesto a cumplir. En la guerra y en la campaña, todo está permitido. Los votantes deambulan e las calles en plena campaña como si fuera una feria, con circo incluido, que visita de cuando en cuando la comarca para diversión de todos. Se reparten chucherías a cambio de una falsa sonrisa y promesa del voto. El derroche insulta la pobreza de la mayoría. No existe sombra de ideología, planes serios de trabajo, organización partidista, declaración de valores, transparencia del uso de fondos, capacidad demostrada, credibilidad en la organización ni sus personajes. Es un mundo de fantasía que desparece el día de votaciones, mas no de elecciones como advierte la genio del sufragio.
Pero esta es la “democracia” que nos venden y de la cual no podemos escapar. Solamente podemos protestar desde nuestro minúsculo espacio que nos queda, con el voto, un arma democrática letal personalísima para castigar a los malos elementos. Por eso, debemos hacer el mejor uso de ella para descartar a quienes no merecen acercarse a los fondos públicos y hacer mal uso en su propio beneficio. No caigamos en el engaño de discursos falsos de barricada que vienen acompañados de ofrecimientos que nunca se van a cumplir.
¡BASTA DE DEMAGOGIA!