Apuntes sobre las ideologías

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La tradicional diferencia entre izquierda y derecha -que ha hecho de la política el centro de la discusión permanente y enfrentamiento sin tregua-, cada vez pierde importancia en la actualidad, y más aún en el nuevo escenario: no genera mayor entusiasmo y tampoco sus defensores se esfuerzan mucho en defender la mejor o única opción para solucionar los problemas económicos y sociales. Ya no es una cuestión existencial y más bien la pregunta cada vez se torna obvia: ¿Cuál sería la nueva vía a seguir?

Recordemos que la Revolución Francesa (1789-1799) -que pretendió liberarse de la monarquía absoluta-, generó una suerte de división en la forma cómo mirar y enfrentar los gravísimos problemas de la época, deviniendo en fuertes enfrentamientos y posiciones políticas: se los reconocía solamente por el lugar donde estaban ubicados los radicales (Jacobinos), y los moderados (Girondinos): los primeros a la izquierda y los otros a la derecha. Todos querían cambiar la Francia absolutista pero difieren en los métodos. La toma de la Bastilla fue el punto de quiebre.

En nuestro país, se decía que la única diferencia entre los conservadores y los liberales, era que los primeros oían misa a las doce del día y los segundos a las seis de la mañana: solo existían tenues diferencias de enfoque, conocidos respectivamente como derecha e izquierda, aunque defendían básicamente los mismos derechos y principios. En sus disputas, si bien eran “agrias” y a veces turbulentas, había una suerte de respeto intelectual entre sus protagonistas. Don Rafael Cajiao Enríquez, varias veces alcalde de Latacunga, con gran sutileza, opinaba: “En esta provincia todos son liberales, hasta los que viven en los conventos” (Gaceta Municipal No 9, 1974).

Como siempre, el doctor José María Velasco Ibarra se llevaba muy bien con los conservadores, llamados “curuchupas”. En 1969 se produjo el denominado “Pacto Mordore” –la alianza parlamentaria formada con el liberalismo-, que puso como Ministro de Gobierno al doctor Blasco Peñaherrera Padilla, al ejercer la vicepresidencia de la república y presidente del congreso, el doctor Jorge, “el ronco”, Zavala Baquerizo. Este fue el momento de quiebre y escisión del liberalismo, al formarse partidos como la Izquierda Democrática, el Demócrata y el Frente Radical Alfarista.

Naturalmente estaban también presentes partidos políticos basados en la ideología marxista-leninista, en sus versiones soviética y china, con Lenin y Mao a la cabeza, en su orden: ninguno de estos tuvo mayor respaldo: defendían sus consignas y estaban siempre listos para lograr el calentamiento de calles. Con el colapso del comunismo, y a fin de seguir con su afán de destruir al “imperio” capitalista, aparecen los denominados “progres” que se manifestaban primero con el torpe y olvidado lenguaje inclusivo, luego con la ideología woke y con el resto de desviados comportamientos, convirtiéndose en el fenómeno cultural contrario a los principios y valores occidentales.

Esta ideología extremista no es, ni puede ser, alternativa para una sociedad que anhela vivir en paz, libertad y seguridad. Tampoco pueden ser útiles para el desarrollo de un país, los modelos populistas que también formaron parte del folklore político del Ecuador, entre los que destacaron, en los últimos tiempos, el velasquismo, cefepismo, bucaramismo, correismo, pues carecían de ideología y más bien fueron grupos interesados que sabían cómo “engatusar” y vender ilusiones a la gente, con discursos “emotivos” unos y otros con vacíos de contenido ideológico. En latino américa, el peronismo por ejemplo dura hasta la fecha con variadas formas que no ha permitido que Argentina vuelva a ser lo que fue, un país grande.

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